FCAS: el pretexto alemán y el viejo problema francés

El canciller Merz pone el “perfil de requisitos” como excusa; el choque real es el control industrial del NGF

Siempre he defendido que los egos franceses, en concreto el de Éric Trappier (Dassault), minaron el edificio FCAS. Sigo sosteniéndolo. En adición a ello, y por extensión, sólo sería necesario echar la vista atrás -y hasta el presente- para comprobar que ya van unas cuantas ocasiones en que Francia (llámese el Gobierno de París, Dassault, o lo que se quiera) se ha conducido así. Los proyectos multinacionales de los que Francia se ha apeado a medio discurrir están ahí, a la vista de todos.

Quienes sostienen que la debacle se debe a la contraparte alemana tienen, cómo no, su parte de razón; pero la realidad es que, tanto en el Eurofighter, como por ejemplo, y más recientemente, en el Eurodrone, quien siempre salta del barco es Francia. Sus razones tendrán, y, sin duda, serán también legítimas; pero siempre es el mismo actor el que, como poco, secciona la raíz vital de su pertenencia a los proyectos multinacionales citados. Por algo será.

Pero una cosa es éso, sostener la responsabilidad principal en uno de los socios (doctores tiene la Iglesia para opinar como se desee), y otra muy distinta leer al canciller alemán, Friedrich Merz, afirmar como pretexto de un posible final del FCAS que:

“Los franceses necesitan, en la próxima generación de aviones de combate, un avión capaz de portar armas nucleares y operar desde un portaaviones. Eso no es lo que necesitamos actualmente en el ejército alemán”.

Con todo respeto: no hay ni uno solo de esos requisitos —ni el vector nuclear, ni la compatibilidad con operación embarcada, ni el reparto de soberanías industriales— que no supieran los 2 socios iniciales (y, por supuesto, España, llegada después). El FCAS nace en 2017 para substituir a Rafale y Eurofighter hacia 2040; si de verdad alguien no entendió qué pretendía París, entonces el problema no es el requisito: es la ficción de que el requisito “ha aparecido ahora”.

Así las cosas, puestos a explicar una eventual salida alemana, el canciller debería haber escogido mejores razones, acaso menos fariseas. Porque el choque real no es (sólo) doctrinal: es industrial y de mando. Y ahí sí hay nombres y apellidos.

El “perfil de requisitos” como coartada

Merz intenta vestir el atasco como un asunto técnico: “no es una disputa política”, dice; es que Alemania y Francia no necesitan el mismo avión. Y remata con una pregunta trampa: “¿tenemos la fuerza y la voluntad de construir dos aviones… o sólo uno?”

El problema es que esa formulación, tal como se está usando, funciona como coartada retrospectiva. Así, si el requisito nuclear/portaaviones era “incompatible”, lo era en 2017. Si no lo era entonces, lo que ahora ha cambiado no es el requisito: es la tolerancia política e industrial a pagarlo y gestionarlo o, porqué no, la simple tolerancia política inter-partes.

Y éso nos devuelve al punto incómodo: el NGF (el caza tripulado) se atascó en disputas entre Dassault y Airbus, con fricciones sobre liderazgo, reparto de trabajo e integración.

Francia: cuando el consorcio no se adapta, el consorcio sobra

En cualquier caso, el patrón no es nuevo. En los 80, Francia se descolgó del embrión de lo que terminaría siendo el Eurofighter, y se fue a su exitoso camino nacional (Rafale). Aquello también se justificó con “necesidades diferentes” y con el inevitable argumento de la soberanía industrial.

Y ahora aparece el Eurodrone como ejemplo contemporáneo, en torno al que resurgen informaciones sobre las, ya en curso, negociaciones de retirada francesa del programa (por coste, retrasos y dudas de idoneidad). Insisto: podrán ser razones legítimas. Pero el actor que vuelve a poner el proyecto contra la pared… es, de nuevo, el mismo.

No es “Francia mala” por deporte. En absoluto; por más que las pasiones de alguno uno tengan la sensibilidad de una epidermis delgada hasta lo inverosímil. Es todavía más simple y más frío: cuando París percibe que el retorno operativo/industrial no cuadra, recalcula sin demasiada nostalgia por la foto de familia. ¿Pragmatismo? Quizá, pero con un resultado crítico para el resto (cuando menos).

El mando del NGF

En el FCAS, lo decisivo no es que Francia quiera un avión con doble capacidad (nuclear y embarcada). Lo decisivo es que, en el tramo que manda —el avión tripulado y su arquitectura— Francia, a través de Dassault, ha actuado como si el consorcio fuese una subcontrata ampliada. Quienes argumentan que era la estructura originaria, olvidan que al convertir el programa en un triunvirato, el replanteamiento porcentual modificaba todo y obligaba a todos, sin excepción, a sentarse con uno más. ¿Acaso todos fingen no ser conscientes de que el nuevo «2+1» del FCAS -a la entrada de España-, a partes iguales, suponía reconfigurar el programa?

Ésto es lo que en Alemania se ha ido digiriendo peor: no el requisito francés, sino el control del requisito y del diseño; quién decide, quién integra, quién firma, quién se lleva el “trabajo noble” y quién el resto.

Por parte del tercero en discordia, España, lo que de ningún modo puede permitirse es que el debate se reduzca a “Francia vs Alemania” como si Indra y el tejido industrial español fueran atrezzo. Cada mes de bloqueo erosiona el calendario (2040 se vuelve una fecha decorativa), los costes y, lo más serio: la credibilidad.

La moraleja, si hay que escribirla sin eufemismos, es ésta: el problema no es que Francia quiera un caza con requisitos que Alemania no comparte. El problema es pretender que éso explique el atasco ahora, cuando lo que ha tensado el cable es el poder industrial dentro del programa. Lo demás -portaaviones, nuclear, perfiles- es material perfecto para un podcast; pero no para una autopsia seria.

 

Jorge Estévez-Bujez

defensayeguridad.es

 

Un comentario

  1. Cuantas vueltas se le está dando a un proyecto que nació muerto. Desde mi punto de vista, el proyecto era y es una subvención encubierta a la industria para mantener capacidades.
    Alemania necesita un caza multirol con capacidades de interceptor y capacidades de ataque a tierra. Vamos un EF 2.0. Por si sola no puede construirlo
    Francia necesita 2 tipos de aviones, el mismo que Alemania, y uno embarcado. Y eso no se lo puede permitir economicamente
    España está a ver que sale y que puede pescar, y unirse al que mejor le convenga.

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