El debate que nadie quería, pero que empieza a ser inevitable: Suecia y la cuestión nuclear salen de sus fronteras

Ni utopías pacifistas ni dependencias ciegas: Suecia empieza a mirar su vacío nuclear con otros ojos

La capacidad nuclear sueca puede responder a sus propias necesidades

 

El 10 de enero pasado, el medio escandinavo Dagens Nyheter lanzaba una pedrada que alcanzó más allá del propio Estocolmo: “Nadie quiere discutir armas nucleares suecas, pero tenemos que hacerlo”. La frase, más que un titular, sonaba a ruptura. La información nos pareció más que interesante, habida cuenta de que detectamos hace tiempo que los muros sobre la cuestión atómica comienzan a agrietarse en todos los rincones de Europa, por lo que decidimos informar debidamente y dar continuidad a la propagación de un debate que consideramos necesario. Y es así, porque lo que hasta hace poco era tabú -como en gran parte del resto de Europa-, empieza a escalar posiciones por toda la geografía continental y, por supuesto, a colarse en la agenda nórdica: la posibilidad de una capacidad disuasiva propia, sin esperar a Washington, sin confiar ciegamente en la OTAN, sin repetir el dogma de que la no proliferación es un dogma intocable.

Una OTAN que ya no basta

El editorial no se anduvo con rodeos, pero los ecos han excedido con mucho los dominios suecos, y la cuestión nuclear nórdica ya se trata con amplitud incluso en Gran Bretaña, uno de cuyos medios, el UnHerd, lo trata esta semana.

Antes de abordar la información del digital británico, pongamos en valor el estado actual de la fortaleza de la cohesión de los socios atlánticos. La Alianza, pese a su expansión y retórica, no ha cumplido con las expectativas, y mucho menos de un tiempo a esta parte. Como el DN mencionaba la semana pasada -sin ambages-, las presiones estadounidenses sobre Groenlandia son el ejemplo de una protección entre socios cada vez más transaccional, más sometida únicamente al escrutinio e interés individual de Washington. El mensaje no tenía dobleces: el paraguas nuclear estadounidense pierde credibilidad. Y cuando la disuasión se tambalea, el silencio en un debate irrenunciable deja de ser una opción.

Hay cifras que pesan. Informes del Pentágono (Reuters, diciembre del pasado año) fijaron 2027 como fecha límite para que Europa asuma responsabilidades concretas en su defensa. Suecia, desde esta perspectiva, se ve obligada a decidir si sigue delegando o empieza a construir algo propio, de entidad.

Capacidad técnica no falta: el dócil potencial nuclear sueco

El editorial de DN no sólo lanzó la pregunta, también apuntaba a las capacidades. Y no, ciertamente, son menores. Suecia tiene una base nuclear civil consolidada, con dominio del ciclo del combustible, física de reactores y una cadena de suministro nacional. A ello se suma un ecosistema industrial militar robusto, sobre todo para una potencia media con una población minúscula en comparación con el resto de potencias europeas: Saab, referente en aviación, mando y misiles; BAE Systems Bofors, especialista en ojivas y explosivos. Piezas suficientes para que nadie se atreva a tachar la idea de imposible.

La política empieza a asumir el reto y a dejar de mirar para otro lado

Así, la discusión va dejando poco a poco el ámbito técnico y ha aterrizado en la política activa. El 13 de enero, Expressen recogía las palabras de Anton Holmlund, de la Juventud Liberal sueca: «Necesitamos una respuesta a que Rusia ha movido armas nucleares más cerca de nosotros, a Bielorrusia. Veo las armas nucleares en territorio sueco como una forma muy importante de marcar posición contra Rusia«.

Pero el salto cualitativo lo daba Jimmie Åkesson, líder de los Demócratas Suecos y figura clave de la coalición de gobierno. En una entrevista con Göteborgs-Posten, declaró que «todo debe estar sobre la mesa«. No menciona la bomba directamente, pero tampoco la descarta. Dagens Nyheter, en ese mismo tono, propone incluso una «unión nuclear nórdica« para garantizar una disuasión propia.

Todo parecido con el pasado reciente de mutismo al respecto del asunto nuclear ha quedado atrás. Todavía en fases embrionarias, lo cierto es que nadie escurre ya el bulto en casi ningún lugar de Europa.

La mirada desde fuera: UnHerd y el factor Groenlandia

Hoy, 19 de enero, el medio británico UnHerd publica un extenso análisis firmado por Krzysztof Tyszka-Drozdowski, titulado: “¿Suecia construirá la bomba? Escandinavia está sola”. El artículo viene a conectar con precisión los elementos que en Suecia se discuten fragmentariamente, como hemos visto más arriba, y les da un marco más amplio: la crisis transatlántica, la fragilidad de la disuasión compartida y la reconfiguración del norte europeo.

Según el texto, Suecia es un «candidato ideal« a la opción nuclear, por 3 razones básicas:

  1. Una industria de defensa avanzada y un sector nuclear civil maduro.
  2. Precedentes históricos: entre 1947 y los años 70, Suecia tuvo un programa nuclear militar activo, detenido por una combinación de presión interna pacifista y resistencia militar (documentado por el historiador Tony Jonter).
  3. Recursos financieros y políticos: Suecia ha aumentado su presupuesto de defensa un 28% desde 2023, y sus bonos siguen siendo considerados activos refugio, lo que permitiría financiar un programa compartido con baja penalización financiera.

El detonante inmediato: Groenlandia. Las declaraciones de Trump (“¡Dos trineos tirados por perros no lo harán!”) en referencia a la defensa danesa de la gran isla atlántica, y sus amenazas arancelarias a aliados, dejan una pregunta flotando en el aire: ¿arriesgara EE.UU. su preeminencia sobre los aliados europeos, su ascendiente defensivo sobre el Viejo Continente, y promocionará el desarrollo de capacidades nucleares amplias en varios países más de Europa? No olvidemos que el debate ya existe en Polonia, Alemania, Italia y, en menor medida -muy por detrás-, en España

El análisis propone una alianza nórdica con componente nuclear, una idea apoyada por el exministro danés Jeppe Kofod. Incluso se contempla una extensión a Alemania, aunque se advierten resistencias por los celos regionales y, sobre todo, por la identidad pacifista sueca y su adhesión al Tratado de No Proliferación (TNP).

Para salvar ese escollo, se barajan dos vías: el modelo israelí (opacidad nuclear) o la capacidad latente japonesa (todo preparado, pero sin despliegue).

Suecia, ante la disyuntiva: realidad defensiva o dogma pacifista

El artículo de UnHerd conecta los puntos: sin disuasión creíble, el norte de Europa es vulnerable. Lo son Noruega, con violaciones constantes de su espacio aéreo; Finlandia, con sabotajes en cables submarinos; Suecia, con interferencias de GPS y movimientos navales cercanos.

El debate no es si…, sino cuándo y cómo

Llevamos meses advirtiendo en ese sentido. No se trata de estar a favor o en contra, al menos en los estadios iniciales del debate; se trata de abordar el debate. Tiempo habrá de defender posiciones y que cada cual se retrate en uno u otro bando. Lo que hasta hace poco se habría considerado una provocación irresponsable, hoy se discute abiertamente en editoriales, partidos de gobierno y medios internacionales. Suecia (y Europa) ha dejado de mirar hacia otro lado. Y con ello, abre otra puerta que Europa deberá observar con atención: la de una autonomía que, antes que ideológica, será forzada por la geografía, por los vacíos de Washington, y por la urgencia de dejar de fingir que la disuasión sigue siendo creíble.

 

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

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