El asalto de los narcos a la bahía de Gibraltar

En la costa andaluza, las capacidades cada vez mayores y el sentimiento de invulnerabilidad de los cárteles se han convertido en una amenaza de primer orden para el orden y la seguridad, aunque sigue siendo bastante desconocida para el público español

La acción de los grupos de intervención de la Guardia Civil española contra los narcos en el Estrecho de Gibraltar es considerada una auténtica “guerra en las aguas”.

 

David Cardero Ozarín

 

Muchas veces, y más en los convulsos tiempos de agitación geopolítica y tambores de guerra en medio mundo, el público general se centra en las grandes amenazas (clima de conflicto con la Federación Rusa en Europa, reorganización de la amenaza del djihadismo…) sin prestar la debida atención a otras amenazas, alejadas del foco mediático, que suponen una amenaza de primer nivel para la Seguridad Nacional de un Estado. Como demostró el asalto de las milicias vinculadas al Cartel de Jalisco de Nueva Generación (CJNG) el pasado mes de Febrero, la criminalidad organizada tiene vastos espacios de poder e influencia, que se traducen en un aumento de sus capacidades armadas y un salto cualitativo y cuantitativo a la amenaza que suponen para los Estados.

En España, tristemente la situación cada vez más compleja de la problemática del narcotráfico y la criminalidad organizada rara vez ocupan un espacio relevante en el espectro de los Medios, salvo cuando ocurren catástrofes. Uno de los principales frentes en esa batalla invisible que las fuerzas y cuerpos de seguridad de los estados europeos se encuentra en nuestro territorio: las azules aguas de la bahía Gibraltar, que se convierten en un cruento campo de guerra acuática.

Solo 14 kilómetros y 400 metros de mar separan el punto más meridional de la localidad española de Tarifa, en Cádiz, de Punta Cires, en Tánger, Marruecos. En este punto, la mitología griega sostenía que Hércules había separado con sus manos Europa de África mientras realizaba sus épicos doce trabajos. El estrecho ha sido siempre considerado la llave del Mediterráneo occidental y un tradicional punto de fricción entre los gobiernos de Londres y Madrid por la soberanía del Peñón de Gibraltar.

Pero en los últimos años, a los habituales enfrentamientos entre las embarcaciones de la guardia costera de Gibraltar y las de la Guardia Civil española, y al drama de la inmigración ilegal procedente del norte de África, se han sumado los cárteles de la droga, cada vez más presentes, cuyas capacidades logísticas y de armamento ponen en peligro la actuación de las fuerzas de seguridad españolas… una actuación que a veces requiere un triste tributo en sangre.

LA AMENAZA (YA NO) FANTASMA

Uno de los momentos que hizo que la población española y los responsables políticos en Andalucía y en Madrid tomaran conciencia de la amenaza representada por los cárteles fue el asesinato, el 9 de febrero de 2024, de dos agentes del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil.

La lancha neumática con la que un grupo de seis agentes perseguía una embarcación de los narcos en aguas cercanas a la localidad costera de Barbate fue embestida. La embarcación de los narcotraficantes, mucho más potente y de mayores dimensiones, golpeó de forma premeditada la lancha de las autoridades para escapar de la persecución. En uno de los impactos, la embarcación de los narcotraficantes asestó el golpe fatal que provocó la muerte de dos de los seis miembros de la tripulación pertenecientes a la Guardia Civil.

Las dos muertes de los agentes fueron sin duda las más mediáticas, pero la guerra silenciosa en el Estrecho, desde 2016, se ha cobrado al menos veinte víctimas. La situación en Gibraltar, aunque lejos de los focos, se vuelve cada vez más difícil para las fuerzas de seguridad, que observan cómo las capacidades de los grupos criminales logran cerrar rápidamente la brecha tecnológica con las del Estado. Esto se traduce en operaciones más arriesgadas, criminales mejor organizados, nuevos medios a su disposición y una audacia creciente en sus actividades: si antes el narcotráfico intentaba mantener un perfil más discreto, en los últimos años se han visto desembarcos de droga a plena luz del día en las cercanías de la ribera del Guadalquivir, en Sevilla.

Ilustración 1Ruta de la droga en el Estrecho — Mapa de las principales rutas de los narcotraficantes desde Marruecos a lo largo de toda la costa occidental de Andalucía, principales localidades costeras de entrada de la droga y penetraciones de los narcos en la ribera del Guadalquivir y el Puerto Fluvial de Sevilla.

La situación en el Estrecho se vuelve especialmente compleja por tres factores:

  • La porosidad de la criminalidad en la región

Los territorios fronterizos con el Peñón de Gibraltar, en las provincias de Cádiz y Málaga, conforman el Campo de Gibraltar, una de las regiones más empobrecidas y deprimidas de España, con un desempleo juvenil que alcanzó el 60% en 2024. Las oportunidades limitadas y la exclusión social lo convierten en un terreno propicio para el asentamiento de los narcotraficantes y la formación de redes clientelares, un auténtico Estado paralelo que proporciona apoyo logístico a los clanes en el interior. La situación es tan dramática que algunos analistas llaman a esta zona La pequeña Medellín.

  • Capacidades reforzadas de los narcos

La operación Sombra Negra, llevada a cabo por la Guardia Civil en colaboración con Europol, redefinió el nuevo y peligroso panorama operativo de los narcos, especialmente de aquellos directamente implicados en el lucrativo tráfico de cocaína. Estas nuevas capacidades incluyen rutas y métodos diversificados, recurriendo a descargas y transferencias en el mar, mini submarinos y embarcaciones no comerciales; técnicas más sofisticadas para ocultar los cargamentos de droga (la cocaína se esconde cada vez más en maquinaria y equipos industriales, así como en materiales portadores como alimentos, plásticos y tejidos) y, sobre todo, una gama más amplia de capacidades tecnológicas que incluye sistemas de comunicación encriptados, embarcaciones autónomas, drones y armas de calidad militar.

A ello se suma que la delincuencia organizada ha evolucionado del contrabando tradicional al narcotráfico, al blanqueo de capitales y a delitos conexos, interactuando con sectores de la economía legal y dificultando su erradicación. Las penas leves por el tráfico de hachís y el colapso del sistema judicial, especialmente en La Línea de la Concepción, favorecen la actividad ilícita, con un constante reemplazo de miembros y una extendida sensación de impunidad.

  • Capacidades de las fuerzas de seguridad puestas en duda

La estrategia de España para combatir la delincuencia organizada y el tráfico de drogas se basa en un enfoque coordinado que involucra agencias especializadas a nivel nacional, apoyadas por los servicios de inteligencia, las autoridades fiscales y los mecanismos de recuperación de activos. Sin embargo, los sindicatos policiales denuncian la negligencia política, que sigue siendo el principal obstáculo para la seguridad de quienes luchan contra el narcotráfico.

Los agentes señalan la situación extremadamente delicada en la región del Campo de Gibraltar, que debería ser considerada zona de intervención singular para dotar a los operativos de más medios especializados, incluidos chalecos antibalas individuales con placas de kevlar o cerámica y medios de vigilancia e intervención marítima más capaces. Frente a ello, en palabras de los propios agentes, los narcos “actúan con una impunidad alarmante en el Estrecho y en el Guadalquivir, dotados de medios en muchos casos superiores a los de las fuerzas del orden”.

ESCENARIOS FUTUROS

La lucha contra el narcotráfico en el Estrecho es solo uno de los frentes en la batalla de las fuerzas de seguridad estatales contra la delincuencia organizada. La situación dramática en el Benelux frente a la Mocro Maffia y el ataque combinado del pasado abril contra el sistema penitenciario francés demuestran que la audacia de las organizaciones narcotraficantes frente al Estado constituye una amenaza de primer nivel para Europa, comparable al terrorismo yihadista.

El asentamiento de las redes del narcotráfico y de las mafias en el tejido social y económico de las zonas más deprimidas o estratégicamente logísticas complica la acción de las fuerzas del orden y aumenta las posibilidades de que los grupos criminales blanqueen capitales y refuercen sus capacidades.

Las principales vías de entrada de la droga en España — Como puede verse, el Estrecho de Gibraltar es el principal escenario logístico para el envío de droga hacia los mercados europeos, especialmente para el hachís y, sobre todo, la cocaína, transportada por los poderosos cárteles sudamericanos hacia Marruecos y a través de la ruta del Sahel. Los opioides proceden de Oriente Medio a través de los Países Bajos y Francia. Fuente de la imagen: El Estrecho de Gibraltar, los puertos gallegos, Valencia… estas son las rutas de los narcos para introducir la droga en España

 

La muerte de los agentes de la Guardia Civil demuestra que, si el problema permanece sin respuesta, la brecha tecnológica y de armamento a favor de los grupos criminales se reducirá aún más o incluso se invertirá, con el consiguiente aumento de víctimas y el debilitamiento de las estructuras y pilares de la seguridad estatal (instituciones, tribunales, magistratura).

Dado que el consumo de drogas —especialmente de cocaína— en Europa no parece destinado a disminuir y sigue siendo uno de los mercados más rentables del mundo, los escenarios previsibles son principalmente dos:

BEST-CASE SCENARIO (MEJOR ESCENARIO)

En el mejor de los casos, la acción de los Estados llevaría a identificar el narcotráfico como una amenaza continental de primer nivel. Se reforzarían estructuras e iniciativas ya existentes dentro de Europol, como:

  • Intelligence-Led Policing & Analysis (modelo policial transeuropeo basado en inteligencia)
  • Encrypted Communication Takedowns (desmantelamiento redes de comunicación encriptada utilizadas por organizaciones criminales)
  • European Ports Alliance (iniciativa de reciente creación de Europol para proteger los puertos europeos del narcotráfico)
  • Maritime Surveillance / Maritime Analysis and Operations Centre – Narcotics (centro operativo con sede en Lisboa, creado por varios países europeos para combatir el narcotráfico marítimo, conformado por España, Portugal, Francia, Italia, Irlanda, Países Bajos y Reino Unido)

Con una atención creciente al decomiso de bienes criminales y al desmantelamiento de las estructuras financieras (las “narco bancos”) que sostienen el tráfico.

La escucha activa de las fuerzas operativas que luchan en primera línea contra los narcos permitiría dotarlas de los medios tecnológicos y humanos necesarios para desempeñar su labor de forma más eficaz. Asimismo, se reforzarían con nuevos recursos humanos las estructuras judiciales que corren riesgo de colapso en las zonas más expuestas.

También se fortalecería el marco legal para castigar con mayor severidad los delitos de tráfico de drogas y contrabando, buscando sobre todo disuadir la reincidencia.

WORST-CASE SCENARIO (PEOR ESCENARIO)

El peor escenario implicaría continuar con la tendencia actual: operaciones policiales esporádicas contra las organizaciones criminales que, aunque causan daños a los cárteles, no abordan la raíz del problema.

Siguiendo las dinámicas actuales de los mercados de la droga, la continuidad del narcotráfico sin cambios significativos en el marco de actuación de los Estados y sin un refuerzo de las capacidades operativas de las Fuerzas del Orden podría acabar con la transformar de regiones enteras e infraestructuras críticas —como los puertos— en áreas parasitadas por las redes del narcotráfico, mejorando su capacidad logística a través del continente europeo y aumentando sus beneficios económicos.

Estos beneficios podrían emplearse para obtener acceso a nuevas tecnologías y armas de guerra, permitiendo a los cárteles contrarrestar de forma aún más letal la acción de las fuerzas policiales.

En un escenario así, las acciones punitivas de los cárteles podrían evolucionar hacia ataques terroristas contra autoridades del Estado consideradas objetivos, incluyendo asesinatos selectivos y atentados, como en los peores años de plomo del terrorismo de ETA, con el riesgo añadido de provocar graves víctimas civiles colaterales.

David Cardero Ozarín
defensayseguridad.es

 

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