El Altuğ, el Dragón y la operatividad manifiesta

El IFV turco Altuğ y la lección para España: cómo se logra un 8×8 operativo

 

El periodista especializado Christopher F. Foss publicaba ayer en shephardmedia.com un más que recomandable artículo titulado El último IFV de Turquía toma forma a medida que se revelan los subsistemas clave. En el texto, que puede encontrarse en el medio antes citado, se detalla el desarrollo del nuevo vehículo de combate de infantería (IFV) turco Altuğ 8×8, fabricado por BMC, responsable, entre otros, del carro de combate Altay, lo que da idea de que, al menos, saben moverse en estas aguas. Hay más vehículos y sistemas, como el sistema de artillería de cadenas Firtina o el blindado Vuran. Este programa, en concreto, emerge como un ejemplo notable de cómo un vehículo blindado moderno, tecnológicamente ambicioso y desarrollado en clave nacional, puede alcanzar un estado avanzado de implementación sin dilaciones interminables ni bloqueos estructurales… y no es necesario añadir, por ahora, más de lo que hemos dicho.

El 8×8 de BMC ha sido evaluado en situaciones extremas. Fotomontaje del blindado en ambiente nevado. BMC

 

El IFV Altuğ, destinado al Comando de Fuerzas Terrestres de Turquía (TLFC), ha sido concebido como parte del Proyecto de Vehículos de Nueva Generación bajo la dirección de la Secretaría de Industrias de Defensa de Turquía (SSM). Este programa, iniciado en 2018, ya ha superado las fases de diseño conceptual y pruebas de validación, y las primeras unidades operativas están programadas para entregarse en 2027, 10 años después del inicio del proyecto, lo cual es de todo punto razonable. Entre sus características sobresalientes se incluyen la nueva torreta controlada remotamente SARP 100/35, desarrollada por Aselsan, y el sistema de protección activa (APS) Akkor, que ya equipa al carro de combate principal Altay y a los Leopard 2 modernizados en Turquía.

La torreta SARP 100/35 constituye un salto cualitativo en la potencia de fuego y en la digitalización del campo de batalla. Está armada con un cañón de 35 mm de doble alimentación, con 100 cartuchos listos para uso inmediato y otros 200 en reserva, según Foss. Permite modos de disparo desde ráfaga lenta hasta automático completo, y gira 360 grados con elevación de -10° a +45°. Además, incorpora canales térmicos y diurnos, telémetro láser y capacidad de adquisición de blancos tipo hunter-killer. Este equipamiento, junto al APS Akkor, confiere al Altuğ una capacidad de supervivencia y letalidad propia de vehículos de clases quizá superiores.

La arquitectura del Altuğ dedica también una atención notable al equilibrio entre protección, movilidad y ergonomía. El casco es de acero soldado, e incorpora protección modular pasiva conforme al nivel 4 de la STANAG 4569. Su motorización incluye un motor diésel Caterpillar C13 de 711 hp, asociado a una transmisión automática Allison (…) de seis marchas y una caja de transferencia de dos velocidades. El conjunto permite alcanzar velocidades de hasta 110 km/h y una autonomía de 800 km, cifras competitivas frente a modelos OTAN. La dirección trabaja sobre las 8 ruedas, lo que mejora notablemente la maniobrabilidad en entornos urbanos y restringidos.

La disposición interior contempla 3 tripulantes (conductor, comandante y artillero) y 9 soldados completamente equipados, dispuestos espalda contra espalda, con salida mediante rampa trasera motorizada. Se complementa con sistemas NBQ, detección de disparos, protección contra incendios, y una unidad de potencia auxiliar que permite operar los sistemas sin necesidad de mantener el motor en marcha.

Turquía demuestra así que, pese a las dificultades inherentes al desarrollo de un vehículo blindado moderno -especialmente en el entorno de amenaza actual caracterizado por drones, munición merodeadora y sistemas ATGM avanzados-, un programa nacional puede avanzar de manera coherente, adaptativa y con éxito. Las claves para el éxito son lugares comunes a casi todos los programas, las citábamos hace escasos días (FCAS):  inteligencia política, rigor industrial y coherencia táctica. Pero hay más, la colaboración industrial, la definición clara de requisitos operativos, la centralización en un órgano coordinador como la SSM, y una firme apuesta por sistemas nacionales probados (como Aselsan o BMC), son elementos que explican esta evolución eficaz.

España y el estancamiento del Dragón 8×8

Este contraste con la situación española resulta inevitable. El programa del VCR 8×8 «Dragón», que aspiraba a convertirse en el espinazo mecanizado del Ejército de Tierra en esta década, y va camino de la próxima, se ha convertido en sinónimo de incertidumbre, sobrecostes, y falta de visión estratégica. A pesar de años de planificación, prototipos, ensayos y promesas industriales, el vehículo no ha terminado de consolidarse ni como producto técnicamente maduro ni como solución operativa estable. No estamos interesados en establecer una comparativa entre las capacidades del vehículo turco y las previstas del Dragón español. No es el objeto de este artículo, porque no es posible hacer comparación alguna con un producto que aún no ha sido puesto a disposición de las Fuerzas Armadas Españolas. El tiempo dirá si es posible tal examen.

Como bien señalamos recientemente en el artículo del 5 de agosto de 2024, el problema del Dragón no reside ya en la plataforma en sí, sino en los errores del proceso: la burocratización del ciclo de adquisiciones, la segmentación de responsabilidades, la falta de liderazgo ejecutivo y la dificultad para integrar una cadena industrial eficaz. No se trata de copiar soluciones extranjeras, sino de estudiar cómo países como Turquía han abordado con éxito retos similares. No debe ser tan difícil si existe la voluntad de mejorar, de reconocer los errores y de querer revertirlos.

Es importante subrayar que DYS no sugiere, ni directa ni indirectamente, que el modelo turco deba ser adoptado como sustituto o alternativa directa al Dragón, ni incluso como complemento, ni por supuesto damos aún por muerto al Dragón, por más que esté yacente. Lo que ponemos de relieve es la existencia de soluciones funcionales y avanzadas, a modo de ejemplo -como el Altuğ-, que han superado obstáculos que en España aún paralizan la modernización de nuestras capacidades acorazadas. En otras palabras: no se trata de importar vehículos, sino de importar (o aprender de) procesos eficientes, eficaces.

El IFV como vector estratégico

El caso del Altuğ 8×8 debe ser observado con atención no sólo por lo que representa tecnológicamente, sino por lo que implica estratégicamente para Turquía. Un vehículo de combate de infantería moderno no es simplemente una plataforma armada y blindada. Es un nodo en la red de combate, una expresión móvil de la doctrina táctica elegida, un multiplicador de presencia y disuasión. La integración de sensores, protección activa, potencia de fuego y conectividad digital convierten a los IFV actuales en piezas clave del combate multidominio, siempre y cuando las piezas encajen, los engranajes se ajusten y el resto de sistemas cumplan.

Cualquier programa de IFV que se precie es susceptible de acumular retrasos, pero ha de se capaz, con la debida justificación de los mismos, de terminar entregando un producto capaz

 

Turquía ha entendido esto y ha estructurado su programa Altuğ en función de ese paradigma. España, por el contrario, parece haberse perdido en una lógica de contratos, contrapartidas y validaciones burocráticas, que van camino de cortocircuitar uno de los 3 ó 4 Programas más ambiciosos de los últimos 20 años, si no más. El Dragón 8×8 sigue varado en un pantano administrativo donde la innovación industrial y la necesidad operativa han quedado desdibujadas. El tiempo juega en contra. Cada año que pasa sin un sistema plenamente operativo y validado es una pérdida de disuasión real por no disponer de un medio eficaz y contrastado, un deterioro de la credibilidad estratégica y una oportunidad perdida para la industria nacional… otra más.

Si el Dragón aspira a rugir en su -esperemos- larga vida de operaciones del siglo XXI, será necesario más que rediseñar su chasis o reconfigurar su armamento. Será imprescindible redefinir el proceso entero, inspirándose en ejemplos como el Altuğ, no para imitarlos, sino para comprender que la inteligencia política, el rigor industrial y la coherencia táctica son la auténtica clave del éxito en el ámbito de los vehículos de combate modernos.

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

 

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