Destructores Abukuma para Filipinas

Japón ofrece a Filipinas los Abukuma: algo más que unos “destructores” de segunda mano

Redacción

Tokio y Manila continúan reforzando su cooperación de defensa al abrir conversaciones para una eventual transferencia de material naval japonés a Filipinas, incluidos aviones TC-90 y buques de la clase Abukuma. El acuerdo llega tras la revisión japonesa de los Tres Principios sobre Transferencia de Equipos y Tecnología de Defensa, de la que informamos aquí hace unas semanas, y encaja en una línea ya reconocible: Japón ha dejado de ser un actor reticente en materia de exportación de defensa para convertirse, con cautela, pero de forma cada vez más visible, en proveedor de capacidades para socios del Indo-Pacífico, principalmente.

 

 

La declaración conjunta firmada por el ministro japonés de Defensa, Koizumi Shinjiro, y el secretario filipino de Defensa Nacional, Gilberto C. Teodoro Jr., no anuncia una entrega cerrada, sino la creación de un grupo de trabajo bilateral encargado de estudiar la transferencia de equipos, su mantenimiento, la formación asociada, la coordinación operativa y los acuerdos para la gestión del material transferido. El comunicado japonés menciona expresamente los TC-90 y los Abukuma-class destroyers como parte del paquete a discutir.

La formulación es importante. Japón no habla sólo de donar o vender buques y equipos usados, sino de cooperación integral en equipo de defensa. Es decir, de transferencia, instrucción, sostenimiento, interoperabilidad, seguridad de la información y encaje político con Estados Unidos y otros socios. Filipinas ya conoce este tipo de apoyo japonés. La Agencia de Adquisición, Tecnología y Logística de Japón recuerda que Manila recibió cinco TC-90 procedentes de la Fuerza Marítima de Autodefensa, junto con apoyo en formación de pilotos, mantenimiento y sostenimiento; 2 aparatos fueron entregados en marzo de 2017 y los 3 restantes al año siguiente, en marzo de 2018.

Qué son realmente los Abukuma

La clase Abukuma pertenece a la categoría japonesa DE, habitualmente traducida como destroyer escort, aunque en términos comparativos encaja mejor en el espacio de un escolta ligero, una corbeta grande o una fragata ligera antisubmarina que en el de un destructor moderno al uso.

La ficha oficial de la Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón identifica 6 unidades de la clase: DE-229 Abukuma, DE-230 Jintsu, DE-231 Oyodo, DE-232 Sendai, DE-233 Chikuma y DE-234 Tone. Sus características principales son unas 2.000 toneladas de desplazamiento estándar, 109 metros de eslora, 13,4 metros de manga, 3,8 metros de calado, propulsión con 2 turbinas de gas y 2 motores diésel, 27.000 PS, velocidad de 27 nudos y una dotación aproximada de 120 personas.

Su armamento, siempre según la ficha japonesa, y con independencia de su posible actualización, está formado por un sistema artillero de 76 mm, un sistema CIWS de 20 mm, misiles superficie-superficie, ASROC para guerra antisubmarina y 2 lanzadores triples de torpedos ligeros. Es un conjunto coherente para patrulla oceánica, escolta, presencia naval y guerra antisubmarina básica, pero no para defensa aérea de área ni para combate de alta intensidad frente a fuerzas navales modernas.

Clase Abukuma Datos principales
Tipo japonés DE, destroyer escort / buque de escolta
Unidades 6: Abukuma, Jintsu, Oyodo, Sendai, Chikuma y Tone
Desplazamiento estándar 2.000 toneladas
Eslora 109 metros
Manga 13,4 metros
Calado 3,8 metros
Propulsión 2 turbinas de gas y 2 motores diésel
Potencia 27.000 PS
Velocidad 27 nudos
Dotación Aproximadamente 120 personas
Armamento principal 76 mm, CIWS de 20 mm, SSM, ASROC y torpedos ligeros
Aviación embarcada Sin helicóptero orgánico ni hangar

La lista oficial de numerales de la Fuerza Marítima de Autodefensa confirma que las 6 unidades figuran como DE, esto es, buques de escolta de la serie DE, no como destructores DD, destructores antiaéreos DDG o portahelicópteros DDH.

 

 

¿Destructores? En sentido estricto, no

La palabra “destructor” puede inducir a error. Japón utiliza desde hace décadas la denominación genérica que suele traducirse como “escort ship” o “destroyer” según el contexto, pero la clasificación interna diferencia claramente entre DD, DDG, DDH, FFM y DE. En el caso de los Abukuma, la clave está precisamente en esas 2 letras: DE.

Por desplazamiento, armamento y misión, no son destructores en el sentido habitual actual. Un destructor moderno suele superar ampliamente las 6.000 toneladas, incorpora sistemas verticales de lanzamiento, defensa aérea de zona, sensores de mayor alcance, mando y control más avanzado y, normalmente, capacidad de operar helicópteros. El Abukuma, con 2.000 toneladas estándar, sin hangar y con un paquete de armas limitado, pertenece a otra categoría.

Ello no lo convierte en un buque inútil. Al contrario. Para Filipinas, que necesita aumentar masa naval, presencia, vigilancia y capacidad de escolta en un entorno marítimo muy exigente y presionado por China, un Abukuma puede ofrecer un salto práctico si llega acompañado de repuestos, formación, mantenimiento y adaptación doctrinal. Por tanto, no es un destructor de primera línea; es una plataforma de escolta ligera con capacidad antisubmarina y antibuque básica.

Un material veterano, pero todavía útil

La propia planificación japonesa apunta a la retirada progresiva de los Abukuma. El esquema oficial del Ministerio de Defensa sobre el programa de refuerzo de capacidades contempla la baja de los 6 buques de esta clase dentro del proceso de substitución de escoltas antiguas por nuevas fragatas FFM, más modernas y con tripulaciones reducidas.

En cuanto al acuerdo del que hablamos, ya en una rueda de prensa de octubre de 2025, el ministro japonés de Defensa reconoció que Filipinas estudiaba la adquisición de 3 buques usados de la clase Abukuma, aunque subrayó entonces que no había una decisión cerrada sobre la transferencia. También señaló que estos buques acumulaban ya cerca de 40 años de servicio, y que su baja dependería de inspecciones periódicas y de la situación de cada unidad.

En todo caso, si Manila recibe estos buques, no comprará, obviamente, modernidad, sino disponibilidad relativa. El valor estará menos en la edad de los buques que en el paquete completo: estado material, sensores que se mantengan operativos, inventario de repuestos, munición compatible, formación de tripulaciones, apoyo japonés y posibilidad de integrarlos en una red de vigilancia marítima más amplia.

El interés filipino

Filipinas se encuentra, en efecto, en una situación naval complicada. Debe cubrir un espacio marítimo inmenso, cientos de islas, sostener presencia en el mar de China Meridional, proteger líneas de comunicación, responder a coerción en aumento en la zona gris y desarrollar una fuerza de superficie más creíble. En ese contexto, los Abukuma podrían cumplir funciones razonables: patrulla de largo alcance, escolta, entrenamiento avanzado, presencia en aguas disputadas y complemento de unidades más modernas.

No resolverían, sin embargo, los déficits principales de la Armada filipina, que son muchos, como la defensa aérea, guerra antisubmarina avanzada, cobertura aérea persistente, guerra electrónica y mando y control distribuido. Serían un refuerzo, no una solución completa.

Para Japón, la operación tendría otro significado por completo distinto. En primer lugar, permitiría retirar unidades veteranas mientras ayuda a un socio directamente expuesto a la presión china. Además, consolidaría un patrón: que Tokio no sólo aumenta su propio presupuesto de defensa, sino que empieza a transferir capacidades reales a países con los que comparte preocupaciones de seguridad marítima.

El trasfondo de la amenaza china

El comunicado evita señalar a Pekín, como es habitual en este tipo de textos, pero el contexto es evidente. Japón y Filipinas hablan de seguridad regional, estabilidad en el Indo-Pacífico, cooperación con Estados Unidos y fortalecimiento de capacidades de disuasión y respuesta. Es el vocabulario prudente de una realidad que no lo es tanto: el equilibrio naval en Asia oriental se está cerrando alrededor de alianzas, acuerdos de acceso, radares, patrullas conjuntas y transferencia de material.

La transferencia de unos Abukuma no cambiará por sí sola la correlación de fuerzas en el mar de China Meridional. Pero sí tendría un valor político y operativo: más barcos para Manila, más cooperación con Tokio y más densidad aliada en el primer arco insular.

La prudencia, en cualquier caso, es obligada, como siempre en estos acuerdos y en la lectura que hagamos de ellos. Los Abukuma no son destructores modernos ni deben presentarse como tales. Son escoltas ligeros y veteranos, con armamento limitado, concebidas para tareas de presencia y guerra antisubmarina en un marco muy distinto al actual. Su utilidad dependerá de mantenimiento, entrenamiento, repuestos, integración y dinero con que Filipinas sea capaz de sostenerlos operativamente.  Veremos cuál es la capacidad realmente aprovechable de esos ilustres buques es capaz de extraer Manila.

Créditos: Marina de Guerra japonesa

Redacción

defensayseguridad.es

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