Con lo puesto. Sin el F-35 (por ahora), hablemos de números

El F-35 no vendrá (al menos por ahora). Hablemos entonces de números. Inventario en descenso: España, menos cazas, más incertidumbre

                                                                     F-18 del EA armado con misiles Amraam. Foto: EA

El parque de aviación de combate del Ejército del Aire y del Espacio y de la Armada está en plena transición. A fecha de hoy, España cuenta oficialmente con unos 79 EF-18 Hornet en servicio y 70 Eurofighter Typhoon en distintas versiones, si bien no todos los Hornet están en condiciones operativas plenas. Los 12 Harrier AV-8B+ de la Armada, por su parte, tienen ya fecha de caducidad en 2030 y no serán sustituidos, tras la decisión del Gobierno de suspender la compra de los <F-35 estadounidenses, incluyendo la versión B, única posible sustituta del Harrier Matador. La situación, a medio plazo, anticipa una merma evidente de capacidades y una preocupante reducción del número de cazas disponibles en la Fuerza Aérea española.

El programa de sustitución de los EF-18 contempla, por el momento, la adquisición de 45 nuevos Eurofighter, dentro de los programas Halcón I y II. Estos aparatos servirán para reemplazar parte de los cazas Hornet, los basados en Canarias y Zaragoza, pero no cubrirán la totalidad de la flota. De hecho, como poco, quedarán sin sustituto inmediato los EF-18 de Torrejón y será difícil seguir mandándolos a misiones OTAN toda vez que la flota encoja y la disponibilidad se resienta en los años que aún le reste de servicio. A falta de un anuncio adicional que aclare la perspectiva, España se encamina hacia un futuro con alrededor de 115 cazas de primera línea, contando ya con los Eurofighter actuales y los 45 nuevos. Con respecto a la situación actual: unos 150 cazas del Ejército del Aire más los 12 Harriers de la Armada, hablaríamos de casi 50 aparatos menos. Una merma más que considerable y a todas luces inasumible. En un contexto expansivo de gasto, cuando las rotativas se llenan de titulares grandilocuentes y generosos con la postura gubernamental de presupuestos al alza para la seguridad y la defensa española y europea, es del todo inaceptable prescindir de casi un tercio de la aviación de caza española.

La renuncia al F-35A (para el Aire) y al F-35B o C (para la Armada) elimina, de facto, una de las opciones tecnológicamente más avanzadas de la actualidad y deja a España sin opción furtiva de quinta generación. Con todo, y pese a la confirmación del no interés del Gobierno en un programa que no se había lanzado y un caza que provocaba parálisis bucal antes de pronunciarlo, hay quienes sostienen -bien informados- que la opción del F-35 no ha muerto. Pero tiempo habrá de estudiar las opciones de volver a contemplar la vuelta a las quinielas del F-35.

F-35 australiano. Foto: Real Fuerza Aérea Australiana

El Eurofighter, por su parte, es un aparato sobresaliente, especialmente en versiones modernizadas con radar AESA, pero sigue siendo un caza de cuarta generación mejorado. La consecuencia inmediata es que España deberá confiar en un único modelo (el Typhoon) durante al menos los próximos 15 años, hasta la eventual llegada del sistema FCAS previsto para 2040; siempre y cuando nada cambie en el corto plazo y no se produzcan anuncios en otro sentido.

La situación es particularmente crítica para la Armada, como avanzamos ayer. La retirada de los AV-8B+ sin una plataforma STOVL de reemplazo supone la desaparición de la aviación de ala fija embarcada. A partir de 2030, el buque Juan Carlos I operará solo con helicópteros y, eventualmente, drones. Aunque el Ministerio de Defensa ha solicitado un estudio de viabilidad a Navantia para el diseño de un futuro portaviones convencional, no hay garantías ni plazos claros, ni presupuesto asignado. Así, España será, durante al menos una década, una marina sin aviación de combate embarcada, algo inédito entre las principales armadas de la OTAN.

La disminución de capacidades se hace evidente también desde el punto de vista más mundano, el numérico. Incluso en el escenario más favorable, con 115 Eurofighter en servicio a finales de esta década o inicios de la siguiente, el total de cazas sería inferior a los más de 160 actuales, como antes apuntábamos. Esta disminución afecta directamente a la cobertura de los espacios aéreos nacionales, la participación en despliegues internacionales y la capacidad de respuesta ante crisis o conflictos.

En paralelo, el mantenimiento operativo de los EF-18 se vuelve cada vez más costoso. Aunque han demostrado ser fiables y versátiles, su obsolescencia progresiva y la dificultad para modernizarlos con tecnología compatible con los sistemas OTAN aconsejan una retirada escalonada. Sin embargo, el calendario se está apretando y no hay sustitutos disponibles en número suficiente ni con suficiente anticipación.

Cabe recordar que una flota vertebrada en exclusiva por Eurofighter, pese a las enormes virtudes que atesora, supone la renuncia española a incorporar un caza furtivo, limitando gravemente las posibilidades operacionales de la aviación de caza y su interoperabilidad futura en escenarios de alta intensidad o coaliciones internacionales donde la firma reducida y la conectividad avanzada son elementos clave.

El Gobierno argumenta que la decisión de concentrar la inversión en industria europea responde a la necesidad de reforzar la autonomía estratégica. No obstante, sin un acompañamiento claro de medidas industriales concretas, existe el riesgo de que esa apuesta se traduzca en menos capacidades reales a corto plazo. Además, el FCAS, enfrenta retrasos, sobrecostes y diferencias entre socios, lo que aleja su entrada en servicio al menos hasta 2040, sino es mucho avanzar el dar por sentado que el Programa seguirá adelante, cosa cada vez más incierta.

En resumen, España se enfrenta a una década -quizá más- crítica en términos de defensa aérea. El Ejército del Aire deberá adaptarse y aceptar el sacrificio de contar con una flota menos numerosa y más homogénea, mientras la Armada, de manera más dramática aún, perderá una capacidad histórica sin alternativa a la vista. La apuesta por el Eurofighter es coherente desde el punto de vista industrial y europeo, pero insuficiente para mantener el nivel operativo actual. Sin una decisión urgente y valiente sobre nuevas adquisiciones o soluciones interinas, el panorama aéreo español quedará marcado por la transición, pero también por la incertidumbre y la escasez.

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

2 respuestas

  1. El quedarnos sólo con un tipo de caza es peligroso, ya lo dijo el JEMAD, siempre tiene que haber dos plataformas, por si a una se le encuentra un fallo y hay que dejarla tierra, puedes operar con la otra.

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