Alarma en la Royal Navy: Londres desconecta las cámaras de sus nuevos drones navales tras detectar comunicaciones con China

Una exclusiva de The Telegraph revela que cámaras instaladas en los K3 Scout enviaban señales automáticas a una dirección IP situada en China. El Ministerio de Defensa británico asegura que no existen pruebas de que imágenes, información operacional o datos sensibles fueran transmitidos al exterior

Redacción

La Royal Navy ha tenido que intervenir sobre las cámaras instaladas en sus nuevos vehículos de superficie no tripulados K3 Scout después de que una evaluación de ciberseguridad detectase comunicaciones procedentes de estos equipos con una dirección IP localizada en China.

 

El K3 Scout en operación

 

La información fue revelada ayer, 9 de agosto, por Richard Holmes, editor de Investigaciones Forenses de The Telegraph, en una exclusiva que ha provocado una considerable controversia en el Reino Unido por la naturaleza de las unidades que emplean estas embarcaciones y, sobre todo, por las implicaciones que el episodio tiene para la seguridad de las cadenas de suministro militares.

En todo caso, distingamos desde el principio qué está acreditado y qué no.

Según la investigación publicada por el diario británico, determinadas cámaras montadas en los K3 Scout incorporaban componentes fabricados en China y realizaban las denominadas “heartbeat communications”, pequeños intercambios automáticos de información utilizados normalmente para indicar que un dispositivo está conectado y funcionando, con una dirección IP situada en territorio chino.

El Ministerio de Defensa británico confirma que se detectó una vulnerabilidad en un subsistema de los vehículos Kraken y que fue investigada, pero niega que se haya demostrado la transmisión de información militar sensible al extranjero.

En concreto, el MoD sostiene que su investigación no encontró pruebas de que datos o sistemas del departamento hubieran sido «accedidos, comprometidos o transmitidos externamente». Tampoco existe, según la información disponible, evidencia de que las comunicaciones detectadas contuvieran fotografías, vídeo, sonido, posiciones, planes militares o información operacional.

Es, por tanto, una diferencia sustancial. La existencia de una comunicación no prevista con una infraestructura localizada en China constituye por sí misma un problema de seguridad relevante en un sistema militar, pero no permite concluir que se produjera espionaje o exfiltración de imágenes secretas.

Las cámaras quedaron sin conexión a Internet

Tras localizar la anomalía, el Ministerio de Defensa decidió eliminar la conectividad a Internet de las cámaras afectadas, mientras se analizaba el funcionamiento del sistema.

De acuerdo con The Telegraph, las cámaras habían sido suministradas a Kraken Technology Group por un tercero que había ofrecido garantías respecto a su seguridad. La compañía británica ha reconocido posteriormente que algunas cámaras de terceros incorporaban un número reducido de componentes procedentes de fuera del Reino Unido.

Kraken asegura que, después de una auditoría realizada conjuntamente con la Royal Navy, no existe constancia de que información sensible abandonase los canales previstos, y afirma que las potenciales vulnerabilidades detectadas han sido identificadas y corregidas.

Características de los K3 Scout

 

La cuestión adquiere una dimensión adicional porque The Telegraph, citando a una fuente conocedora del asunto, asegura que estas embarcaciones habían participado en preparativos relacionados con posibles operaciones británicas en el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz. El periódico también señala la preocupación existente por su utilización próxima a actividades de las fuerzas especiales británicas. Estas afirmaciones proceden de la investigación periodística y no han sido confirmadas públicamente por el Ministerio de Defensa.

Un programa de 12,3 millones de libras

El incidente resulta particularmente relevante porque los K3 Scout son una incorporación muy reciente a la Royal Navy.

El pasado 11 de marzo de 2026, la Armada británica anunció oficialmente la adquisición de 20 embarcaciones no tripuladas a Kraken Technology Group mediante un contrato valorado en 12,3 millones de libras.

Los vehículos están destinados al Coastal Forces Squadron y al 47 Commando Royal Marines, que deben emplearlos tanto en operaciones como en entrenamiento y desarrollo de nuevas tácticas. La compra forma parte del Project Beehive, concebido para acelerar la integración de plataformas autónomas con los buques convencionales de la Royal Navy y avanzar hacia el concepto británico de una Hybrid Navy.

La Royal Navy destacó precisamente, al anunciar el contrato, la arquitectura abierta de las embarcaciones, concebida para facilitar la incorporación rápida de sensores, cargas útiles y nuevas capacidades. Un hecho que ha demostrado ser puerta de entrada de una vulnerabilidad imprevista. Esa característica, la arquitectura abierta, es la que constituye una de las principales ventajas de plataformas como el K3 Scout, pero también, como ha podido comprobarse, subraya la importancia del control sobre cada uno de los equipos de terceros que posteriormente se integran en ellas.

K3 Scout: hasta 55 nudos y 600 kg de carga útil

El K3 Scout es un USV —Uncrewed Surface Vessel— de altas prestaciones y baja firma, diseñado para realizar misiones de vigilancia marítima, apoyo a fuerzas avanzadas, reconocimiento, guerra electrónica e incluso ataque mediante diferentes módulos de misión.

Según los datos actuales del fabricante, mide 8,4 metros de eslora, alcanza una velocidad máxima de 55 nudos y dispone de una autonomía de aproximadamente 650 millas náuticas navegando a 25 nudos. Puede transportar hasta 600 kg de carga útil y mantener misiones de hasta 30 días, dependiendo de la configuración y del perfil operativo.

 

Los drones, recientemente adquiridos por la Royal Navy, han puesto en jaque la seguridad operacional de la Institución naval británica y obligado a replantear las adquisiciones

 

Su arquitectura permite instalar equipos electroópticos, radar, sonar y diferentes sistemas C4ISR, además de cargas destinadas a guerra electrónica, defensa contra drones o efectos cinéticos y no cinéticos.

Los K3 ya habían participado además en experimentación relacionada con la Task Force X de la OTAN en el Báltico, experiencia que fue destacada por la propia Royal Navy al anunciar la adquisición de las 20 unidades.

El problema va más allá del origen chino de un componente

La importancia del episodio no reside simplemente en descubrir que determinados componentes electrónicos de fabricación china terminaron integrados en un sistema militar occidental. Porque, efectivamente, en una industria electrónica globalizada, numerosos sistemas incorporan piezas producidas en distintos países. El problema aparece cuando un componente instalado en una plataforma destinada a operaciones militares mantiene comunicaciones externas que no habían sido identificadas, autorizadas o neutralizadas previamente.

En este caso, además, se trataba de cámaras instaladas en plataformas operadas por unidades de la Royal Navy y los Royal Marines.

El Reino Unido lleva varios años endureciendo precisamente sus medidas frente a este tipo de riesgos. En 2023 el Gobierno británico confirmó que retiraría equipos de vigilancia producidos por determinadas compañías chinas de emplazamientos gubernamentales sensibles, y posteriormente anunció que ese proceso debía completarse en 2025.

Por ello, la aparición de componentes con conectividad hacia China en un sistema incorporado en 2026 plantea preguntas inevitables acerca de la trazabilidad de los suministradores de segundo y tercer nivel y de los procedimientos empleados para validar los equipos antes de su introducción en servicio.

Una advertencia para la nueva guerra de drones

Las Fuerzas Armadas occidentales están acelerando extraordinariamente la adquisición de sistemas no tripulados, incorporando tecnologías comerciales y componentes disponibles en el mercado para reducir costes y acortar los ciclos de desarrollo.

El propio Project Beehive responde a esta filosofía. La Royal Navy explicaba, al anunciar los K3, que pretendía trasladar rápidamente a operaciones reales las enseñanzas obtenidas durante sus programas experimentales y disponer de plataformas abiertas capaces de incorporar nuevas tecnologías con rapidez. Pero la velocidad de adquisición no elimina la necesidad de controlar hasta el último elemento conectado de un sistema militar.

Una cámara, un módem, un módulo de comunicaciones o una biblioteca de software aparentemente secundarios pueden convertirse en puntos de entrada o canales de salida de información si mantienen funciones de conectividad que el integrador desconoce.

 

Un Type 454 de la Royal Navy

 

El caso de los K3 Scout no demuestra quizá que China haya obtenido imágenes de las fuerzas especiales británicas ni información sobre operaciones previstas en el Golfo. Pero sí que demuestra algo suficientemente serio por sí mismo, porque unas cámaras instaladas en una nueva plataforma militar británica establecieron comunicaciones no deseadas con una dirección IP situada en China y el problema fue descubierto después de que las embarcaciones hubieran entrado en el ecosistema operativo de la Royal Navy.

El MoD asegura que sus mecanismos de evaluación funcionaron y permitieron descubrir y corregir la vulnerabilidad. Esa explicación es compatible, sin embargo, con otra conclusión a la que, si bien se había llegado, los hechos demuestran que no se ha implantado con todo el rigor y el celo que se requiere: en una generación de sistemas militares definida por arquitecturas abiertas, sensores intercambiables y componentes comerciales, la seguridad de la cadena de suministro se ha convertido también en una capacidad militar.

Redacción

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