Australia acelera la construcción de la primera fragata Hunter entre avances industriales y dudas todavía abiertas
BAE Systems Australia afirma que más del 60 % del NUSHIP Hunter está ya en fabricación o construcción y que el NUSHIP Flinders se acerca al inicio de producción, pero el programa sigue marcado por una trayectoria de retrasos, rediseños, sobrecostes y reducción de 9 a 6 unidades

Redacción
El programa australiano Hunter vuelve a ofrecer una señal de avance industrial. BAE Systems Australia informó la semana pasada de que más del 60 % de la primera fragata, el NUSHIP Hunter (acrónimo de New Ship), se encuentra ya en fases de fabricación o construcción en el astillero naval de Osborne, en Australia Meridional. La compañía añadió, además, que el segundo buque de la clase, el NUSHIP Flinders, está próximo a iniciar su fabricación.

La parte de los argumentos australianos de firma española
La clase Hunter es uno de los programas navales más importantes de Australia y una pieza central de la futura capacidad de guerra antisubmarina de la Royal Australian Navy —RAN—. Los buques se basan en el diseño británico Type 26 Global Combat Ship, pero han sido modificados de forma sustancial para cumplir requisitos australianos, incluida la integración del sistema de combate Aegis, una interfaz nacional desarrollada por Saab Australia, el radar australiano CEAFAR2, comunicaciones nacionales, armamento adaptado y operación del helicóptero MH-60R Seahawk Romeo.
La actualización más reciente incluye un hito concreto de fabricación: la entrega por Hofmann Engineering, en Australia Occidental, de la placa base de la cúpula del sonar para el NUSHIP Hunter. BAE Systems Australia la describe como un componente crítico de la estructura del casco, necesario para integrar el equipo sonar en la proa de la fragata. David Shepherd, director general de BAE Systems Maritime Australia, subrayó la dificultad del componente por su tamaño, peso y tolerancias de fabricación, y vinculó su entrega al objetivo de dotar a la RAN de una capacidad antisubmarina superior.
Tras un historial acumulado de retrasos y dudas crecientes sobre el programa, Australia quiere presentar el Hunter no solo como un buque, sino como un instrumento para consolidar construcción naval soberana. Oliver Viehweider, director ejecutivo de Hofmann Engineering, destacó que la fabricación local de una pieza técnicamente compleja demuestra la importancia de la producción nacional y refuerza la profundidad de la cadena de suministro australiana.
BAE Systems Australia también ha informado de trabajos de prototipado en los bloques 10 y 16 en Osborne, utilizados para validar procesos de equipamiento, habitabilidad, instalación de sistemas auxiliares, conducción de tuberías, electricidad, climatización y espacios de dotación. La compañía sostiene que este trabajo permite refinar métodos antes de aplicarlos a futuros buques de la serie, incluido el Flinders.
Desde el punto de vista técnico, la Hunter será una fragata de grandes dimensiones. La RAN la define como una fragata de misiles guiados optimizada para guerra antisubmarina, pero con capacidad también para defensa aérea, guerra de superficie, vigilancia, inteligencia, interdicción y apoyo a misiones no bélicas. Sus datos oficiales actuales hablan de unas 8.200 toneladas de desplazamiento ligero, 151,4 metros de eslora, 20,8 metros de manga y propulsión CODLOG.

Infografía de la Hunter
El calendario oficial mantiene una secuencia exigente en grado superlativo, habida cuenta de las dificultades que atesora el programa. Así, el Departamento de Defensa australiano situó el corte de acero del primer buque en junio de 2024, el inicio de fabricación del segundo en 2026, las pruebas de mar del primer Hunter en 2031 y su entrega a la RAN en 2032. El segundo buque debería entregarse en 2034 y el tercero en 2036, según la planificación publicada por Defence.
La Hunter nació como un proyecto para 9 fragatas, llamado a sustituir a las Anzac y a sostener una construcción naval continua en Australia. En 2018, el Gobierno presentó el programa como una inversión de 35.000 millones de dólares australianos, con entrada en servicio prevista a finales de la década de 2020. La Oficina Nacional de Auditoría australiana —ANAO— recoge esa formulación inicial y recuerda que el coste público comunicado en el Force Structure Plan de 2020 llegó a 45.600 millones de dólares australianos en términos out-turned.
El programa ya no es ese. Tras la revisión de la flota de superficie de 2024, Australia redujo la clase Hunter de 9 a 6 buques y decidió complementarla con 11 fragatas de propósito general de menor coste y entrega más rápida. El propio Departamento de Defensa habla ahora de 6 fragatas optimizadas para guerra antisubmarina, integradas en una fuerza de superficie más amplia y reordenada.
Como ya hemos venido señalando en DYS, el problema de la Hunter nunca ha sido solo que el buque avance o no avance. El problema ha sido la relación entre calendario, coste, modificación del diseño original y necesidad militar. Australian Defence Magazine resumía este año la situación de forma muy clara: el calendario original de 2019 acumuló un retraso de 18 meses por la combinación de COVID, una madurez menor de la esperada del diseño Type 26 y retrasos derivados de los cambios australianos; según esa misma lectura, el calendario reestructurado se estaría cumpliendo (ahora sí) y el primer buque se espera para comienzos de la década de 2030.
En todo caso, la crítica australiana ha sido persistente en todo momento. En 2022, el Parlamento australiano recogió el contenido de un informe filtrado que advertía de problemas de peso, alcance, velocidad, seguridad y madurez de diseño derivados de la adaptación del Type 26 a los requisitos australianos. El informe señalaba también limitaciones contractuales para influir sobre el rendimiento del contratista.
La ANAO fue igualmente severa al analizar la adquisición. Su auditoría señaló que el programa Hunter debía evaluarse a la luz de la eficacia de la contratación y del valor por dinero obtenido hasta entonces. La cuestión de fondo era entonces sobradamente conocida: Australia había seleccionado una plataforma británica avanzada, pero todavía inmadura en algunos aspectos, y la sometió a una integración nacional ambiciosa, precisamente en los elementos que más condicionan peso, energía, arquitectura, combate y calendario.
Las críticas más recientes en medios australianos mantienen esa línea. The Australian ha situado el programa bajo escrutinio por su coste frente a otros Type 26 adquiridos por países aliados, señalando que la versión australiana incorpora rediseños importantes, integración de radar nacional y sistema Aegis, con el resultado de mayor complejidad, problemas de peso y retrasos. Ese mismo medio ha recordado que los retrasos de la Hunter obligaron a Australia a buscar una vía complementaria con fragatas japonesas Mogami, más rápidas de incorporar y orientadas a aumentar número de cascos.
También hay una lectura favorable, o al menos más equilibrada. La Hunter puede ser cara, lenta y discutida, pero no es un patrullero hipertrofiado. Es una plataforma antisubmarina de alta gama, con diseño acústico, sensores nacionales avanzados, Aegis, radar CEAFAR y una integración pensada para operar en un entorno Indo-Pacífico donde la amenaza submarina china se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de Canberra. The Australian ha destacado precisamente esa dimensión, la de una fragata concebida para cazar submarinos en un teatro cada vez más exigente.
La cuestión, por tanto, no es si la Hunter tiene sentido militar. Lo tiene. Australia necesita buques de guerra antisubmarina de primer nivel, capaces de operar a gran distancia, proteger rutas, acompañar a fuerzas navales aliadas y sostener presencia en un entorno marítimo de creciente presión. La cuestión es si el programa llegará a tiempo, en número suficiente y con un coste asumible para cubrir el hueco que dejarán las Anzac.
Desde una perspectiva industrial, la Hunter puede terminar siendo un éxito si consolida Osborne, fija procesos, genera una cadena de suministro nacional y deja una base real para sostener grandes buques de guerra durante décadas. Desde una perspectiva operativa, el juicio será más duro, y dependerá de si la RAN recibe los buques cuando aún los necesita, con margen de crecimiento, suficiente armamento, disponibilidad real y sin que el coste de oportunidad haya vaciado otras capacidades.
El avance de la semana pasada es, por tanto, una buena noticia, pero no una absolución. La construcción del NUSHIP Hunter progresa y la fabricación del Flinders se acerca. Australia está demostrando que puede producir componentes complejos y levantar una fragata de primera línea en suelo nacional. Pero la historia del programa obliga a mantener la prudencia, porque la Hunter debe medirse también por variables menos halagüeñas, como son la fecha en que entre en servicio, el coste final de la serie y la capacidad real que entregue a una marina que no puede permitirse otra década de promesas tardías.
Redacción
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