Washington revisa su huella militar en Europa

El Pentágono abre un examen de seis meses sobre bases, despliegues y accesos estadounidenses en Europa, con la presión puesta sobre el papel de los aliados en la defensa convencional de la OTAN

Redacción

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, anunció en Bruselas una revisión de 6 meses sobre el despliegue de fuerzas estadounidenses y la red de bases, accesos y derechos de sobrevuelo en Europa. La medida, adelantada por Aaron Mehta en Breaking Defense, se comunicó durante la reunión de ministros de Defensa de la OTAN y apunta directamente al futuro de la presencia militar estadounidense en el continente.

 

 

Según Hegseth, la revisión se realizará con aportaciones de las fuerzas armadas estadounidenses, del Mando Europeo de Estados Unidos y con consultas tanto al Congreso como a los aliados. Washington quiere que la OTAN avance de forma rápida hacia un modelo en el que Europa asuma la responsabilidad principal de su defensa convencional, mientras Estados Unidos ajusta su postura militar a sus necesidades globales.

El punto más sensible es que la revisión no se limita al número de tropas. También examinará el acceso estadounidense a bases, instalaciones y espacio aéreo europeo, una cuestión que ha cobrado relevancia tras las tensiones surgidas por la guerra con Irán y las restricciones impuestas por algunos aliados al uso de su territorio o espacio aéreo. Breaking Defense vincula expresamente ese apartado con las quejas de la Casa Blanca después de que España no autorizara el uso de su espacio aéreo a aviones estadounidenses con destino a Irán.

La decisión llega en un momento de creciente presión de Washington sobre los aliados europeos. Hegseth calificó de “vergonzosa” la respuesta de la OTAN ante Irán y extendió sus críticas a debates internos europeos como la migración o el cambio climático. Pero, más allá del tono político, el elemento de fondo es la posible redefinición del papel de las fuerzas estadounidenses en Europa: menos presencia asumida como garantía automática y más condicionamiento a la contribución europea, al gasto en defensa y a la disponibilidad de infraestructuras para operaciones estadounidenses.

Para la OTAN, la revisión introduce una nueva incertidumbre. Estados Unidos sigue siendo el pilar militar principal de la alianza, no sólo por el volumen de fuerzas desplegadas, sino por capacidades críticas como mando y control, inteligencia, defensa aérea, reabastecimiento, transporte estratégico y disuasión nuclear. Una reducción o redistribución significativa de medios estadounidenses obligaría a los aliados europeos a acelerar planes de sustitución que no pueden improvisarse en meses.

La medida se suma a ajustes recientes en las contribuciones estadounidenses a los planes de crisis de la OTAN. Según Associated Press, la Administración estadounidense ya había reducido parte del apoyo disponible para escenarios de crisis de la alianza, aunque sin implicar por ahora una retirada general de tropas estadounidenses de Europa. La cuestión, por tanto, no es sólo cuántos militares permanecerán desplegados, sino qué capacidades estarán realmente asignadas a la defensa aliada en caso de contingencia.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en línea con sus últimas intervenciones, ha tratado de rebajar la preocupación sobre una retirada estadounidense del continente, pero el calendario no ayuda. El anuncio se produce pocas semanas antes de la cumbre anual de la OTAN en Ankara, donde los aliados esperan una discusión difícil sobre gasto, reparto de cargas y liderazgo europeo en la defensa del continente.

El mensaje de Washington puede resumirse en la idea de que la presencia estadounidense en Europa deje de presentarse como una constante inamovible. El Pentágono quiere revisar qué fuerzas mantiene, dónde las mantiene, bajo qué condiciones operan y qué garantías ofrecen los aliados sobre acceso, bases y sobrevuelos. Para las capitales europeas, el margen de respuesta pasa por aumentar capacidades propias, cerrar brechas críticas y demostrar que la defensa de Europa no depende de forma estructural de una única potencia.

En términos operativos, la revisión puede afectar al equilibrio interno de la OTAN más que a la arquitectura formal de la alianza. El artículo 5 seguirá siendo el marco político de defensa colectiva, pero su credibilidad práctica depende de fuerzas disponibles, planes viables y capacidades listas para actuar. Si Estados Unidos reduce su exposición o condiciona más su apoyo, Europa tendrá que asumir una parte mayor de la defensa convencional que durante décadas descansó sobre el músculo militar estadounidense.

La revisión anunciada por Hegseth no equivale todavía a una retirada, pero sí marca un aviso. La OTAN entra en una fase en la que la presencia militar estadounidense en Europa será examinada con criterios de utilidad global para Washington, reparto de cargas y acceso operativo. Para los aliados europeos, el debate ya no es sólo presupuestario. Es una cuestión de capacidad real para sostener la defensa del continente si Estados Unidos decide mover parte de su atención, sus fuerzas o sus recursos hacia otros teatros.

 

Redacción
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