Si Ottawa elige a TKMS, el MoU con Navantia dejará de ser una nube institucional para convertirse en una posibilidad para Cartagena

Jorge Estévez-Bujez
Canadá quiere hasta 12 submarinos. Y los quiere pronto, que es como suelen pedirse los submarinos cuando se ha esperado demasiado. Su actual flota de sumergibles Victoria llega al final con más problemas que margen, y Ottawa debe decidir entre la propuesta surcoreana de Hanwha Ocean y la germano-noruega de TKMS, basada en el Type 212CD. La noticia la adelantó CBC News, en una información firmada por Murray Brewster desde Ottawa, a partir de una entrevista al ministro de defensa germano, Boris Pistorius.

El contrato con Canadá, todavía con un competidor muy serio, la coreana Hanwha, se cifra en nada menos que 12 sumergibles
La novedad, según CBC, es que Alemania ha prometido entregar 4 submarinos a Canadá antes de 2036. No es magia, sino una fórmula muy política: Alemania y Noruega estarían dispuestas a ceder temporalmente un submarino cada una, de sus propias series, para que Canadá entre antes en la cola. Luego ya se compensará. O eso dicen, porque entre el “se compensará” y el “ya veremos” a veces sólo media un comité. No es lo mismo, pero ahí están los australianos esperando confirmación de que les dejan un Virginia.
Hasta aquí, Canadá. Pero la lectura española podría empezar justo en ese momento. Porque hace apenas unas semanas TKMS y Navantia firmaban un Memorando de Entendimiento que decía una cosa bastante concreta entre el habitual incienso europeo en que se aneblinan estas cosas, y es que la posible producción de diseños de TKMS, en particular submarinos, en el astillero cartagenero de Navantia.
Entonces, cuando se anunció hace unas semanas, para pasmo de la mayoría, aquello sonaba a comunicado cauteloso. Una suerte de enjugo de Europa, OTAN, demanda creciente, cuellos de botella, capacidades compartidas. Lo normal. El género literario del MoU tiene sus liturgias. Pero si, efectivamente, Canadá termina eligiendo a TKMS, ese papel puede empezar a tener substancia debajo.
La pregunta es si puede TKMS asumir una serie canadiense de hasta 12 submarinos, además de sus compromisos alemanes y noruegos, sin buscar capacidad adicional. Puede intentarlo. Y también puede necesitar ayuda. Y en esa circunstancia es donde aparecería Cartagena.
Nadie ha dicho que Navantia vaya a construir submarinos completos para Canadá, ni anunciado secciones, módulos, integración o sostenimiento. Ni tampoco se ha puesto todavía un contrato encima de la mesa. Lo único real es el MoU de hace un par de semanas. Y el MoU, por definición, promete poco y sugiere mucho, pero, a la vista de esta noticia, es posible que cobre todo el sentido. No es algo que no se comentara en los días posteriores al acuerdo con TKMS; de hecho, fue un asunto ampliamente planteado. Lo que ocurre es que ahora, a la vista de la cercanía del fallo del concurso canadiense y de la entrevista de la CBC, las cosas pudieran precipitarse.
Pero también sería absurdo no ver la oportunidad. Si el Type 212CD gana en Canadá, Navantia podría entrar en la cadena industrial de TKMS. Quizá en fabricación parcial, en bloques, trabajos de apoyo o mantenimiento futuro. Ya se verá. Pero para Cartagena, incluso una parte bien situada de ese programa sería mucho más que una foto: sería carga de trabajo, continuidad técnica y permanencia en el negocio submarino internacional.

Idealización de un Type212
Y eso importa. Porque España ha logrado, pese a todo, sacar adelante el S-80, con retrasos, cicatrices y un coste reputacional evidente, ya lo sabemos, pero lo ha sacado. El submarino existe, navega y se está entregando. Otra cosa distinta es que Navantia haya conseguido convertirlo en una cartera internacional. En éso, por ahora, el balance es mucho más áspero.
Por eso, el acuerdo con TKMS debe leerse sin banderas en los ojos. Puede ser una vía inteligente para que Navantia no se quede mirando cómo otros se reparten el mercado, y puede ser también una forma práctica de fabricar diseño ajeno. La diferencia no está en el comunicado. Está en el reparto de trabajo, en la transferencia, en la propiedad industrial, en los retornos y en la posición real que ocupe Cartagena.

El Narciso Monturiol, S-82, engalanado en Cartagena
Si Navantia entra como socio industrial con peso, bienvenido sea. Si entra como taller premium de un diseño alemán, habrá trabajo, sí, y aunque el aplauso deberá ser más discreto, será igualmente positivo.
Así las cosas, la posible elección canadiense de TKMS no convierte automáticamente a Cartagena en beneficiaria. Pero sí cambia el contexto. El MoU ya no sería sólo una declaración prospectiva entre 2 empresas que compiten y se necesitan. Podría convertirse en la llave para absorber una demanda que Alemania, sola, quizá no pueda atender con normalidad. Canadá puede, por tanto, dar sentido práctico al acuerdo TKMS-Navantia.
No hay que celebrar todavía, pero tampoco bostezar. Si Ottawa escoge el Type 212CD, habrá que mirar menos a la retórica europea y más a los astilleros. A los turnos. A los proveedores… A Cartagena, en definitiva. Porque esta vez, detrás del comunicado, podría venir trabajo. Y, si se negocia bien, algo más que trabajo.

Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es

