F-47: ¿la tentación americana?

Un año de la oferta de Trump a Japón: Tokio sigue comprometido con el GCAP junto a Reino Unido e Italia, pese a que los retrasos y la presión china pueden jugar a favor del F-47

Jorge Estévez-Bujez

 

Donald Trump nunca llama para dejarnos una frase inocente o insustancial. Cuando en el mes de mayo de hace ahora un año habló con el primer ministro japonés, Shigeru Ishiba, el presidente estadounidense sacó a colación el F-47, el futuro caza de sexta generación de Boeing para la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Según The Asahi Shimbun, Trump preguntó si Japón estaría interesado en cazas estadounidenses, mencionó expresamente el F-47 y aseguró que conseguiría “lo mejor” para Tokio, aunque, hay que decir también, las fuentes japonesas subrayaron que no llegó a exigir una compra ni la vinculó formalmente a las negociaciones arancelarias.

 

El GCAP adjunta tensiones, como cualquier programa de su envergadura

 

Será mejor, por tanto, ajustar un poco el volumen, y contener la corriente mediática reciente. Nos valen las advertencias que trajo en su día Reuters sobre las dudas japonesas ante el calendario del GCAP, y también la lectura publicada por The Japan Times acerca de la necesidad de contemplar soluciones provisionales si el programa no llega a tiempo. Lo que no nos vale tanto es la estridencia mediática de presentar a Japón con la “paciencia agotándose”, como ha hecho Simple Flying, haciendo ver que Tokio está ya casi a las puertas de abandonar el programa. Una cosa es reconocer inquietud, y otra convertirla en ruptura inminente.

En efecto, Japón no sería un cliente cualquiera. De hecho no lo es, en presente de indicativo. Es el aliado más importante de Washington en el Pacífico occidental, opera F-35, F-15 y F-2 (versión japonesa del F-16), y vive bajo la presión simultánea de China, Corea del Norte y Rusia. El Ministerio de Defensa japonés sostiene que la superioridad aérea alrededor de 2035 exigirá un nuevo caza capaz de substituir al siempre eficaz, pero veteranísimo F-2, mantener una alta disponibilidad operacional y permitir implantar mejoras rápidas. Esa es precisamente la razón por la que Tokio apostó por el GCAP, junto a Reino Unido e Italia.

Sobre el papel, el GCAP es la respuesta ideal para Japón: un programa  de riesgos y costos compartidos, pero con una ambición clara de liderazgo industrial japonés en las áreas de responsabilidad niponas, libertad de modificación y una base nacional de mantenimiento y evolución consolidada durante décadas. El propio Ministerio de Defensa japonés lo presenta como una vía para conservar y reforzar la industria nacional, con Mitsubishi Heavy Industries, IHI y Mitsubishi Electric como piezas centrales. En efecto, y al igual que quería ser el FCAS, no es sólo un avión. Es mucho más. Es política industrial, autonomía tecnológica y un seguro de vida para la ingeniería aeronáutica japonesa durante el próximo medio siglo.

Ahí está el problema para el F-47 en tierras del Sol Naciente. Aceptar una versión de exportación del caza estadounidense podría dar a Japón acceso a una plataforma muy avanzada, sí, pero también lo devolvería al terreno conocido de la dependencia: reglas de exportación de Washington, límites sobre software, sensores, armamento, arquitectura de misión y futuras modernizaciones. Boeing, por supuesto, admite que los detalles técnicos y programáticos del F-47 permanecen clasificados por razones de seguridad nacional y leyes de exportación estadounidenses.

 

Primeras imágenes renderizadas de las presentación del F-47

 

Pero la tentación existe, y sería ingenuo negarla. El F-47 no es una maqueta cualquiera. Va a ser nada menos que un caza de sexta generación. Como se recordará, la Fuerza Aérea estadounidense adjudicó a Boeing en marzo del pasado año el contrato de desarrollo de ingeniería y fabricación del NGAD, designado F-47, con el objetivo de convertirlo en el nuevo núcleo de la superioridad aérea estadounidense. La USAF lo define como una plataforma con furtividad, fusión de sensores, alcance y capacidad de integración con tecnologías emergentes, incluida su familia de sistemas y aeronaves colaborativas. En otras palabras, lo que se espera de un sexta.

Japón tiene, además, un calendario que, como pasa con los calendarios serios, no perdona. El F-2 debe empezar a retirarse alrededor de 2035, y el GCAP nace precisamente para evitar un vacío en la defensa aérea japonesa. El plan oficial apunta a completar el desarrollo antes del final del año fiscal 2035. Si esa fecha se mueve demasiado hacia adelante, Tokio quizás deba cubrir el hueco con algo para no ver disminuir su masa de combate. Y ello podría significar más F-35, modernizaciones adicionales del F-15, prolongación del F-2 o una solución externa de mayor calado.

Los avisos ya han aparecido. Como más arriba decíamos, The Japan Times informó en mayo del año pasado acerca de la preocupación japonesa por la posibilidad de que el GCAP no llegara a tiempo a 2035, por la dificultad de alinear los conceptos de los 3 socios y por la necesidad de contemplar soluciones provisionales (plan B). En abril pasado, el mismo medio recogió que el programa había dado un paso importante con su primer contrato conjunto, una señal de avance, pero también de que el calendario sigue bajo vigilancia.

Hito del programa GCAP Fecha prevista
Fin de fase de concepto y evaluación Finales de 2025
Inicio de desarrollo formal 2025
Primer vuelo del demostrador 2027
Primer vuelo de prototipo 2030
Entrada en servicio (IOC) 2035
Retiro inicial del F-2 en Japón Alrededor de 2035

La pregunta, por tanto, no es si Japón abandonará mañana el GCAP por el F-47. Eso sería exagerar. La pregunta (en caso de que realmente alguien se la está cuestionando con un mínimo de verosimilitud) es otra: ¿puede Tokio usar el F-47 como palanca? Sí. Puede hacerlo ante Londres y Roma, recordando que Japón no puede permitirse un programa que llegue tarde. Puede hacerlo ante Washington, reclamando acceso real, y no una versión domesticada. Y puede hacerlo internamente, para justificar más gasto, más urgencia.

El F-47 ofrece una expectativa muy estadounidense: entrar en la familia aérea dominante de Washington, compartir doctrina, enlaces, entrenamiento y disuasión frente a China. Para Japón, todo eso tiene valor. No en vano llevan más de medio siglo en ese papel. Por tanto, una Fuerza Aérea de Autodefensa con cazas plenamente interoperables con la USAF sería una señal directa a Pekín de que la defensa aérea japonesa no se separa del poder estadounidense; antes bien, se integra más en él; con todo lo que ello conlleva, tanto de positivo, (de respaldo), como de negativo (dependencia).

Pero el GCAP ofrece otra cosa mucho más razonable: no pedir permiso para cada cosa importante que requiera un caza. Japón aprendió hace décadas que comprar lo mejor a Estados Unidos no siempre significa tener acceso a lo que necesita, aunque garantice plataformas aéreas solventes de primer nivel, que no es poco.

El GCAP nació en parte para no repetir esa historia. Comprar el F-47 podría ser militarmente atractivo, es indudable, pero políticamente menos aceptable si implica renunciar a la libertad de integración, al control industrial y a la promesa de un caza adaptado a las necesidades japonesas.

La opción más plausible no es una substitución limpia, sino, quizás, una convivencia tensa. Japón puede seguir en el GCAP, presionar para que no se duerma, comprar más capacidades estadounidenses como puente y estudiar el F-47 sin decir que lo estudia. Una compra limitada, si Washington la permitiera, tendría sentido sólo si el GCAP acumula retrasos graves o si el F-47 demuestra una ventaja en calendario y prestaciones imposible de ignorar. Lo que hablaría no muy bien de los plazos del GCAP.

La equilibrada Fuerza Aérea japonesa no corre riesgo real a corto plazo de dejar de serlo

 

Por ahora, el ofrecimiento de Trump parece más una maniobra de venta política que una propuesta madura de adquisición. Sea como fuere, no basta con que el presidente estadounidense diga “lo mejor”. Japón necesita saber cuándo, cuánto, con qué acceso tecnológico y bajo qué restricciones.

El F-47 puede tentar a Japón precisamente porque el GCAP es demasiado importante para fracasar. Cuanto más dude Tokio del calendario europeo, más útil será la carta estadounidense. Pero cuanto más serio sea Japón con su propia industria, menos margen tendrá para cambiar de caballo a mitad de carrera.

En realidad, el mensaje más claro no va dirigido sólo a Japón. Va también a Reino Unido e Italia: 2035 no es una fecha más y, para que no lo sea, los 3 socios deben evitar la indisciplina de calendario del FCAS y las inexistentes consecuencias de la falta de respeto por él (calendario). Para Tokio, quizás, a lo peor, sería el borde de un precipicio operativo. Si el GCAP llega tarde, el F-47 dejará de ser una ocurrencia de Trump en una llamada y pasará a ser una pregunta a considerar en la mesa del Ministerio de Defensa japonés. Pero aún no.

Jorge Estévez-Bujez

defensyaseguridad.es

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