Noruega sigue sin firmar sus Type 26

Casi catorce meses después de elegir la oferta británica, Oslo continúa negociando la adquisición de sus nuevas fragatas. La industria reclama compromisos concretos y el Gobierno mantiene ante el Parlamento su promesa de cooperación industrial equivalente al valor del contrato

Redacción

Elegir una fragata y cerrar posteriormente su compra son decisiones distintas. Noruega resolvió la primera el 31 de agosto de 2025, cuando anunció que Reino Unido sería su socio estratégico para renovar su fuerza de escoltas. Casi catorce meses después, la segunda seguía pendiente. Aftenposten informó el 18 de octubre de que el contrato aún no se había firmado, mientras crecía la inquietud entre representantes de la industria noruega. Mer et Marine, medio especializado francés, ha vuelto a poner el asunto sobre la mesa con una información publicada el día 23.

 

La Type 26 ideada para Noruega

 

La atención radica en la importancia del programa y la considerable distancia entre el anuncio político y su ejecución. Pero nos pide ser igualmente precisos porque, si bien es cierto que se informa de negociaciones pendientes, preocupación industrial y presión parlamentaria, no se puede hablar de una cancelación de la compra ni una decisión noruega de sustituir las Type 26 por otro modelo.

El ministro de Defensa del país escandinavo, Tore O. Sandvik, confirmó ante el Storting, el Parlamento noruego, el 21 de octubre que las conversaciones con Londres continuaban. Al parecer, aún se están negociando las entregas y el desarrollo de la adquisición, y el Gobierno debía regresar al Parlamento con la correspondiente propuesta de inversión.

Lo que se firmó en 2025

En su día, el anuncio de la elección británica tuvo una considerable dimensión política, estratégica e industrial. El Gobierno noruego presentó la operación como la mayor adquisición de sus Fuerzas Armadas en la época contemporánea. Londres, por su parte, la celebró como un éxito histórico de exportación naval.

El 4 de septiembre de 2025, Sandvik y su entonces homólogo británico, John Healey, firmaron en Madla un acuerdo entre gobiernos que establecía el marco de la cooperación sobre fragatas. Anuncios aparte, junto al desarrollo del vínculo estratégico, debían negociarse los contratos y los acuerdos de colaboración industrial. La firma solemne no agotaba, por tanto, el procedimiento de adquisición.

El 30 de diciembre de 2025, los medios noruegos recogieron la confirmación del Ministerio de Defensa de que las negociaciones seguían abiertas y quedaban varios pasos antes de poder firmar y ejecutar el contrato. Forsvarsmateriell explicaba entonces que trabajaba con su contraparte británica, Defence Equipment and Support, para encajar las nuevas adquisiciones en el programa Type 26 existente y avanzar hacia buques idénticos bajo contratos comunes.

Los retornos industriales, bajo presión

La preocupación que ahora aflora tiene un componente industrial muy concreto e indisimulable por mucho tiempo más. Aftenposten informó de dificultades en las conversaciones y de inquietud entre organizaciones como Norsk Industri, la asociación empresarial de la industria noruega, y Fellesforbundet, un sindicato noruego que representa, entre otros, a trabajadores industriales. Su información del pasado 18 de octubre advertía de que había transcurrido más de un año desde el anuncio sin que se hubiera firmado el contrato.

Sólo tres días antes se conocía una exigencia especialmente significativa de la asociación de industrias de defensa y seguridad, FSi: el Parlamento no debería autorizar la firma antes de que Reino Unido se comprometiera con proyectos concretos equivalentes, como mínimo, a la mitad de la obligación industrial total. La asociación describía como muy difícil la consecución de acuerdos industriales.

Previamente, la FSi ya había expuesto públicamente su preocupación; fue en septiembre. Su argumento era que las autoridades debían asegurar el cumplimiento de los compromisos británicos antes de suscribir la adquisición. Para la asociación, el acceso a mercados, el desarrollo tecnológico y la cooperación empresarial forman parte de los beneficios que Noruega debe obtener de sus grandes compras militares en el exterior.

La cuestión trasciende el simple reparto de encargos. Forsvarsmateriell define la cooperación industrial como un instrumento para preservar capacidades y conocimientos nacionales relevantes para la seguridad. Sus directrices generales establecen, con las excepciones previstas, que la autoridad compradora no debe firmar el contrato de suministro antes de que el acuerdo industrial correspondiente esté negociado y firmado. La dimensión industrial es irrenunciable, y forma parte del proceso de adquisición noruego y de sus objetivos de seguridad.

El compromiso del Gobierno ante el Parlamento

El debate del 21 de octubre aporta la respuesta política más reciente y firme hasta el momento. El diputado liberal Abid Raja preguntó a Sandvik si el Gobierno aseguraría acuerdos vinculantes de cooperación industrial equivalentes al 100 % del valor de la operación. El ministro respondió afirmativamente y confirmó que se estaba negociando con Reino Unido. Añadió que los acuerdos industriales debían acompañar la propuesta de inversión que el Ejecutivo presentara al Parlamento.

El anuncio oficial noruego de agosto de 2025 ya señalaba que, en el borrador del acuerdo bilateral, las autoridades británicas garantizaban cooperación con la industria noruega equivalente al valor completo del contrato. Ese compromiso no significa que el 100 % de las fragatas vaya a construirse en Noruega. Se refiere al valor de la cooperación industrial asociada, cuya materialización concreta constituye precisamente uno de los asuntos sensibles

 

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La diferencia entre una obligación global y los proyectos que permiten cumplirla explica el fondo de la discusión. Para las empresas, una expectativa de negocio necesita convertirse en oportunidades identificables, claras, y los compromisos en ejecutables. Para el Gobierno, el programa debe conservar su coherencia militar, económica y estratégica. La negociación tiene que reconciliar ambas necesidades antes de que la promesa política que acompañó al contrato pueda darse por cumplida.

2030 sigue siendo la referencia oficial

El calendario es la otra gran cuestión. La ficha de Forsvarsmateriell, actualizada el 15 de octubre de 2026, mantiene el comienzo estimado de las entregas hacia 2030, fecha que, de continuar el impasse en que se hayan las negociaciones, comienza a parecer realmente corta.

El proyecto presenta, además, una arquitectura contractual que impide reducirlo a un pedido convencional. Según la agencia noruega, la adquisición de las primeras unidades se formalizará entre las autoridades de ambos países. Posteriormente, Noruega y Reino Unido deberán negociar con BAE Systems un nuevo contrato para buques adicionales destinados a las dos marinas.

Los documentos presupuestarios para 2027 mantienen el objetivo de un mínimo de cinco Type 26, con opción a una sexta, dotadas de helicópteros antisubmarinos.

Una elección estratégica que debe convertirse en resultados

La decisión de 2025 contó con el respaldo de la cúpula militar noruega. El jefe de la Defensa, general Eirik Kristoffersen, defendió la elección británica y la necesidad de evitar soluciones nacionales específicas que redujeran la homogeneidad entre ambas flotas. El objetivo era adquirir una capacidad antisubmarina dentro de una asociación duradera entre ambas naciones.

Oslo y Londres necesitan convertir la asociación estratégica en obligaciones precisas, en entregas, compromisos industriales y condiciones de ejecución, porque la credibilidad de un acuerdo termina midiéndose en hitos cumplidos y capacidades disponibles. Noruega ha elegido socio y fragata; el cierre de la adquisición sigue siendo el paso decisivo.

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DYS

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