Alemania y Estados Unidos preparan una nueva relación industrial de defensa: producir juntos, bajo licencia y a ambos lados del Atlántico
Pistorius y Hegseth firman una declaración de intenciones que va mucho más allá de nuevas compras alemanas de armamento estadounidense. F-35, Patriot y Stinger muestran ya el camino: Berlín aspira a que una parte creciente de esa cooperación implique producción en Alemania, transferencia tecnológica y cadenas de suministro compartidas

Jorge Estévez-Bujez
Los partidarios de la soberanía tecnológica europea y del progresivo desligamiento con respecto de la industria militar norteamericana tendrán munición para las próximas jornadas. Alemania y Estados Unidos han dado un paso que, por ahora, tiene más importancia industrial que contractual, aunque será cuestión de tiempo que desemboque en mayores concreciones. El ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, y el secretario estadounidense de Defensa, Pete Hegseth, firmaron ayer, 15 de septiembre, en Washington una declaración de intenciones destinada a profundizar la cooperación entre las industrias de defensa de ambos países.

Typhon: disparo de un SM6. Sargento Perla Alfaro del Departamento de Defensa/Ejército de EE. UU.
No hay detrás de la firma, al menos todavía, una nueva adquisición identificada, ni cantidades, ni un presupuesto asociado. Tampoco una lista cerrada de programas. Lo que han establecido Washington y Berlín es algo distinto: un marco político para facilitar futuros proyectos de desarrollo conjunto, producción, fabricación bajo licencia y mantenimiento de sistemas de defensa.
Y eso permite leer el acuerdo con una perspectiva bastante más amplia que la de una nueva ronda de compras alemanas en Estados Unidos.
Una de las claves: «desarrollo, producción, fabricación bajo licencia y sostenimiento»
Según el Ministerio alemán de Defensa, citado por Welt, ambos países consideran que las actuales necesidades de seguridad requieren unas bases industriales de defensa estrechamente interconectadas a ambos lados del Atlántico. El elevado consumo de material militar y la necesidad de reponer (y escalar) inventarios exigen, según Berlín, aumentar la producción, reducir los plazos de entrega y asegurar cadenas de suministro fiables.
La declaración incluye expresamente desarrollo, producción, fabricación bajo licencia y sostenimiento, pero también el fortalecimiento de las cadenas de suministro, una revisión de las reglas que afectan a la transferencia de tecnología y una mayor cooperación en investigación y desarrollo.
Son palabras cuidadosamente elegidas, extraordinariamente amplias, en absoluto menores y, por lo tanto, ambiciosas.
De comprar en Estados Unidos a fabricar también en Alemania
Durante décadas, y hasta hoy, buena parte de la relación industrial militar germano-estadounidense podía resumirse, con todas las excepciones necesarias, en Alemania adquiriendo tecnología estadounidense. El nuevo planteamiento pretende ser algo más equilibrado, al menos sobre el papel.
Pistorius lo explicó después de reunirse con Hegseth. Se trataría de acercarse precisamente en aquellos ámbitos donde ambos países se necesitan y de aprovechar mutuamente sus capacidades industriales para incrementar la producción. Reuters también recoge que el ministro rechazó que esta cooperación tenga necesariamente que traducirse en una dependencia mayor de Estados Unidos. La diferencia no es, por tanto, semántica. O, al menos, no parece ser esa la imagen que se quiere trasladar.
Es cierto que una cosa es comprar un sistema terminado en Estados Unidos, y otra muy distinta incorporarse a su fabricación, producir subconjuntos para clientes internacionales, fabricar munición estadounidense bajo licencia o crear instalaciones alemanas que terminen abasteciendo no sólo a la Bundeswehr, sino también a otros aliados e incluso al propio ecosistema industrial norteamericano. Y eso, en realidad, ya está ocurriendo. Y probablemente sea la mejor forma de entender hacia dónde puede conducir el nuevo acuerdo. Para Alemania se trata de estar en los dos lados de la ventanilla; de figurar en ambos extremos de los «abajofirmantes«.
El F-35: de comprador a proveedor
El ejemplo más evidente, no descubrimos nada a nadie, es el F-35A.
Alemania adquirió 35 aparatos, cuya entrega comienza en breve. La Bundeswehr confirmaba que los primeros 8 permanecerán inicialmente en Estados Unidos para la formación de pilotos y personal técnico, antes del establecimiento de la flota en Alemania.
Pero Alemania ya no es simplemente cliente del avión de Lockheed Martin, porque en Weeze, Renania del Norte-Westfalia, Rheinmetall ha construido una planta destinada a fabricar las secciones centrales del fuselaje del F-35 para la cadena mundial del programa. La instalación entró en producción en 2025 y, según Rheinmetall, tiene previsto fabricar al menos 400 secciones centrales de fuselaje por encargo de Northrop Grumman. En junio de 2026 ya se encontraba en línea de producción la octava unidad.
Los 400 conjuntos, obvio es, no corresponden a los 35 aviones adquiridos por Alemania. Weeze forma parte de la cadena internacional de suministro del F-35. Alemania compra el aparato, pero una empresa alemana participa simultáneamente en la producción destinada al programa global.
Lockheed Martin lo presenta precisamente de esa manera, porque la industria alemana tendrá un papel en la satisfacción de la demanda mundial del F-35 y en el crecimiento de la cadena de suministro europea asociada al programa.
Ese modelo —compra acompañada de industrialización— encaja con la filosofía de la declaración firmada ahora en Washington.
Patriot: una relación industrial de casi cuatro décadas que ahora crece
El segundo gran precedente también es evidente: el Patriot.
Aquí la cooperación industrial no empieza con la guerra de Ucrania ni con la actual expansión del gasto militar europeo, porque COMLOG, establecida en Alemania, es una empresa participada al 50 % por MBDA Deutschland y Raytheon, compañía de RTX. Su origen se remonta a 1987 y durante décadas ha estado vinculada al soporte logístico y mantenimiento de los interceptores Patriot utilizados en Europa.
En Schrobenhausen se ha creado una nueva capacidad destinada a integrar y fabricar interceptores PAC-2 GEM-T en Alemania. RTX confirmó en abril de 2026 que la instalación de COMLOG desempeñará un papel importante en el suministro de misiles GEM-T dentro del incremento de producción de Patriot, incluido un contrato estadounidense por valor de 3700 millones de dólares destinado a Ucrania.
De nuevo aparece el mismo principio donde tenemos una tecnología originalmente estadounidense cuya cadena industrial comienza a extenderse físicamente por Alemania.
MBDA dice que COMLOG está ampliando su capacidad para integrar nuevos misiles GEM-T precisamente con el objeto de atender la fuerte demanda europea.
Cuando Pistorius puso Patriot como ejemplo antes de reunirse con Hegseth no estaba escogiendo un caso al azar. Estaba describiendo uno de los modelos industriales que Berlín pretendía reproducir.
Los anteriores no son casos aislados, y podemos enumerar algunos más. A saber: Raytheon y Diehl Defence acordaron en 2025 avanzar hacia la producción europea de componentes del Stinger, un misil que la empresa alemana ya conocía industrialmente; Lockheed Martin y Rheinmetall estudian crear en Alemania un centro europeo para la producción y distribución de cohetes y misiles, y ambas compañías cooperan además en el GMARS, concebido para el mercado europeo. Son fórmulas diferentes, pero todas apuntan en la misma dirección de aumentar la capacidad productiva en Europa con tecnología estadounidense y participación de la industria alemana, precisamente el terreno que la nueva declaración pretende facilitar.
Alemania compra mucho, pero también quiere fabricar
El interés de Berlín es fácil de entender. Alemania se ha convertido en uno de los mayores clientes europeos de la industria estadounidense, con F-35, Patriot, CH-47F, armamento y municiones entre sus principales programas. Pistorius cifró durante su visita a Washington en alrededor de 50 000 millones de dólares las compras e inversiones alemanas vinculadas a Estados Unidos.
Berlín pretende que una parte mayor de ese esfuerzo revierta en su propia industria. Y Washington, por su parte, necesita capacidad adicional para producir misiles, interceptores y municiones en cantidades que las actuales líneas industriales tienen dificultades para absorber con rapidez. Ahí es donde los intereses convergen.
Mención aparte: Tomahawk, por ahora, va por otro camino
La reunión tuvo también otro protagonista: el Tomahawk. Alemania confirmó en julio su interés en adquirir el misil de crucero estadounidense junto al sistema terrestre Typhon. A pesar de ello, la realidad es que no disponemos por ahora de información oficial que permita afirmar que Tomahawk forme parte del contenido industrial de la declaración, y mucho menos que vaya a fabricarse en Alemania.
La clave está en las licencias y la tecnología
Quizá las expresiones más importantes del documento sean “fabricación bajo licencia” y “transferencia de tecnología”. Estamos ante uno de los principales problemas que ambos gobiernos quieren abordar: para hacer más sencilla la producción conjunta cuando exista interés estratégico.
Porque fabricar un sistema estadounidense en Alemania exige mucho más que una fábrica. Requiere autorizaciones para transferir procesos, documentación, componentes, software y conocimientos técnicos. Y es ahí donde el respaldo político puede terminar resultando decisivo.
El acuerdo crea el marco. Los contratos, si llegan, vendrán después. Pero las piezas industriales ya existen: F-35, Patriot, Stinger y la creciente relación entre Rheinmetall y Lockheed Martin muestran que la cooperación ha empezado a cambiar antes incluso de la firma.
Durante años, el debate europeo se ha reducido demasiadas veces a comprar americano o comprar europeo. La realidad que comienza a dibujarse es algo más compleja y se asemeja más a que un sistema estadounidense puede terminar teniendo una parte cada vez mayor de su cadena de producción en Alemania.
Estados Unidos necesita capacidad industrial y Alemania necesita armamento, pero quiere también industria, empleo y tecnología. La declaración de Pistorius y Hegseth no resuelve todavía cómo se repartirá todo eso. Pero deja bastante claro hacia dónde quieren ir.

Redacción-Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es

