84 vehículos Dragón entregados desde diciembre de 2022, ninguno operativo. La comparación con otros programas europeos, las incógnitas sobre el desarrollo de la evaluación y una comunicación institucional poco esclarecedora obligan, de nuevo, a reclamar respuestas

Jorge Estévez-Bujez
El próximo 20 de diciembre se cumplirán cuatro años desde la entrega de los primeros siete vehículos de serie del VCR 8×8 Dragón al Ejército de Tierra. Aquel día de 2022, en las instalaciones de Santa Bárbara Sistemas, en Alcalá de Guadaíra, el jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra, general Amador Enseñat, señalaba la necesidad de comenzar a emplear el vehículo, conocerlo en profundidad y someterlo a las exigencias de su futura actividad militar. Era el comienzo de una etapa decisiva para un programa que debía transformar buena parte de las capacidades de nuestras unidades mecanizadas y contribuir a la substitución de material cuya veteranía hacía tiempo que reclamaba una solución.

Dragón. Imagen: TESS
Desde entonces han transcurrido tres años y nueve meses. Las entregas se han sucedido, cierto, aunque con los consabidos retrasos respecto a los compromisos inicialmente establecidos; y el número de vehículos recibidos por Defensa alcanzó las 84 unidades el pasado 2 de julio, después de una nueva entrega de 14 blindados. El contrato de la primera fase contempla los ya conocidos 348 vehículos, cuya incorporación al Ejército, aún hoy, debería representar uno de los principales avances de la modernización de nuestras fuerzas terrestres.
Sin embargo, después de casi cuatro años, parece razonable que comencemos a desplazar el centro de nuestra atención desde las sucesivas entregas, toda vez que ya muestran un número razonable, hacia una cuestión bastante más grave: ¿cuántos de esos 84 Dragón están realmente preparados para entrar en servicio operativo? Porque, a fecha de hoy, 25 de septiembre de 2026, seguimos sin declaración alguna de Castellana 109 que confirme la plena entrada en servicio operativo de alguno de los vehículos entregados, ni conocemos una fecha oficial para la culminación de ese proceso. Esto último, obvio es, resulta más difícil aún.
Así las cosas, la respuesta es evidente: no hay ningún Dragón operativo. A pesar de lo cual, sería injusto ignorar el trabajo realizado por la industria y por las unidades militares encargadas de su evaluación, pero, del mismo modo, tampoco parece normal ni administrativamente admisible que continuemos celebrando la llegada de nuevos lotes sin disponer de información suficiente sobre la situación de los que llevan meses, y en algunos casos años, en manos del Ejército.
Llegados a este punto, la falta de información sigue resultando tan preocupante como los propios retrasos.
Evaluación sin explicaciones
El 17 de octubre de 2025, el Ejército de Tierra anunciaba el comienzo de la evaluación operativa de los primeros once vehículos de combate de zapadores, bajo la dirección del Mando de Apoyo Logístico del Ejército (MALE). La Oficina de Programa de la Dirección General de Armamento y Material había realizado previamente las pruebas de calificación y aceptación, y correspondía entonces al Ejército verificar los requisitos necesarios para su plena entrada en servicio. La evaluación debía comprobar los hitos habituales en este tipo de situaciones, como por ejemplo el comportamiento del blindado en condiciones reales de empleo, una tarea que exige tiempo, medios y personal especializado, y que nadie sensato pretende acelerar a costa de comprometer la fiabilidad del vehículo y la seguridad de sus ocupantes.
El pasado 26 de julio, el Ejército publicó una nueva comunicación sobre el Dragón que, francamente, dejó una sensación difícil de explicar. Ya lo informamos en su momento. El artículo daba cuenta de la incorporación de los 14 vehículos recibidos el 26 de mayo, con los que se había alcanzado entonces la cifra de 70 unidades, distribuidas entre la Brigada de la Legión, la Academia Logística y el Regimiento de Ingenieros n.º 1. También describía las cuatro fases de evaluación previstas, desde la preparación inicial hasta las pruebas de empleo por unidades tácticas, e incluía declaraciones de militares que destacaban las cualidades de movilidad del vehículo, la adaptación de las tripulaciones a la nueva plataforma y la motivación del personal encargado de incorporarla.
Bien está que los militares se encuentren motivados, que las tripulaciones reciban formación y que el Ejército comience a familiarizarse con un sistema que deberá acompañarlo durante décadas. No se discute aquí la importancia de ese trabajo ni el mérito de quienes lo realizan. Pero, en honor a la verdad, y después de casi cuatro años desde la primera entrega, una comunicación sobre la evaluación del Dragón debería ofrecer algo más que una sucesión de declaraciones favorables acerca de sus prestaciones y del entusiasmo de sus futuros usuarios. Porque lo razonable en estos casos es preguntarse por el resultado de las pruebas, por los requisitos que ya se han superado, por las deficiencias que, en su caso, hayan podido identificarse y por el calendario previsto para la incorporación de los primeros vehículos a las unidades de combate. En definitiva, por aquello que determina cuándo un blindado deja de ser un sistema en evaluación para convertirse en una capacidad militar disponible para nuestras Fuerzas Armadas.
La sensación que deja esta forma de comunicar es que las instituciones se encuentran más cómodas explicando lo que ya conocemos del vehículo que informando de aquello que verdaderamente les preocupa, y que los contribuyentes necesitamos saber. Y, aunque resulte comprensible que nadie desee comparecer para reconocer dificultades, retrasos o previsiones incumplidas, la credibilidad de un programa de armamento no se recupera mediante declaraciones tranquilizadoras, sino explicando con claridad su situación y las medidas adoptadas para corregir los problemas. Si el Dragón está avanzando satisfactoriamente en su evaluación, estupendo; sería una magnífica noticia poder conocer los resultados concretos de ese avance. Si todavía existen dificultades que aconsejan prolongar las pruebas, habrá que asumirlas, resolverlas y explicar, dentro de los límites razonables, en qué consisten. No es mucho pedir. ¿O acaso sí?
Lo que resulta difícilmente aceptable es que las entregas continúen sucediéndose mientras la información pública sobre la operatividad de los vehículos parece avanzar a un ritmo muy diferente, por otros derroteros acaso más oscuros.
La experiencia europea: otros blindados, otros plazos
Como quiera que no queremos tenernos por un caso extraño en el concierto europeo de programas similares, no está de más acudir a la comparación con otros programas europeos de blindados 8×8, por aquello de ayudar a poner en perspectiva y situar el calendario español en un contexto más amplio. En honor a la verdad, es razonable advertir que los procedimientos de aceptación, certificación y declaración de operatividad difieren entre ejércitos; y que las configuraciones técnicas, el armamento o las exigencias operativas de cada plataforma son igualmente distintas. De modo que los plazos deben examinarse de manera sólo orientativa, y atendiendo a las características de cada programa, así como a los hitos que realmente se encuentran documentados.

VBCI. Imagen: KNDS
El VBCI francés, un vehículo de combate de infantería equipado con una torre de 25 mm, que comenzó a entregarse al Ejército francés en 2008 y que ya participaba en operaciones militares en Afganistán durante el verano de 2010.
El Boxer alemán, cuya primera entrega de serie tuvo lugar en septiembre de 2009, fue transferido oficialmente para su empleo operativo el 31 de mayo de 2011, sólo dos años después; y comenzó a desplegarse en Afganistán ese mismo año.
Ambos programas, francés y alemán, habían experimentado sus propias dificultades durante el desarrollo, pero sus primeros vehículos alcanzaron una situación de empleo operativo en un plazo inferior a dos años desde las entregas iniciales.
El Boxer británico, por su parte, ofrece una referencia más próxima en el tiempo. Sus primeros dos vehículos fueron entregados en diciembre de 2023 para comenzar las pruebas conjuntas entre el Ejército y la industria. El Reino Unido continúa hoy desarrollando su proceso de incorporación y, hasta la fecha de este artículo, no hemos localizado una declaración pública de capacidad operativa inicial equivalente a la que buscamos para el Dragón.
| Vehículo | Primera entrega | Entrada en servicio u operatividad |
| VBCI (Francia) | 2008 | En servicio desde 2008. Desplegado en Afganistán en 2010. |
| Boxer (Alemania) | Septiembre de 2009 | Entrada oficial en servicio en mayo de 2011. |
| Dragón (España) | Diciembre de 2022 | Sin declaración pública de operatividad localizada a 23 de septiembre de 2026. |
| Boxer (Reino Unido) | Diciembre de 2023 | Sin declaración pública de capacidad operativa inicial localizada a 23 de septiembre de 2026. |
La entrada en servicio, la declaración formal de capacidad operativa inicial y el primer despliegue en operaciones son hitos distintos. La tabla recoge las fechas documentadas para cada programa, sin concederles una equivalencia administrativa o militar exacta.

Boxer
En el caso del VBCI, Francia comenzó a recibir sus vehículos en 2008 y, dos años después, como hemos visto, ya los empleaba en Afganistán. Alemania completó un proceso semejante entre septiembre de 2009 y el verano de 2011. En ambos casos, la producción continuó mientras las primeras unidades incorporaban el nuevo material a su actividad militar.
La comparación europea debería servir, sobre todo, para reclamar información sobre la situación del programa español y sobre los plazos razonables para su entrada en servicio.
Un programa que todavía estamos a tiempo de reconducir
El Dragón constituye (sigue haciéndolo) una de las principales apuestas industriales y militares de España. Su desarrollo ha movilizado capacidades tecnológicas, recursos económicos y una importante red de proveedores nacionales, bajo la responsabilidad del consorcio Tess Defence, integrado por Indra, Santa Bárbara Sistemas, Escribano Mechanical & Engineering y SAPA. El éxito del programa importa, y mucho, tanto por las necesidades militares que debe satisfacer como por las capacidades industriales que España aspira a consolidar.
Una crítica sobre el mismo no está reñida con el deseo de que el proyecto triunfe. Quienes reclamamos explicaciones sobre el Dragón somos los primeros interesados en que el vehículo termine respondiendo satisfactoriamente a las exigencias del Ejército y en que la industria española demuestre su capacidad para afrontar programas de esta envergadura. El esfuerzo realizado, los recursos comprometidos y las necesidades de nuestras Fuerzas Armadas merecen que el proyecto culmine con éxito. Muchos todavía confían en que así suceda, aunque esa confianza, después de tantos años, necesita algo más que buenas palabras y anuncios de nuevas entregas.
Reconocer que se han cometido errores debería formar parte de cualquier proceso serio de corrección y mejora. Nadie puede exigir a la industria que desarrolle un sistema de combate de esta complejidad sin encontrar problemas durante su integración y evaluación; pero lo que sí podemos exigir es que esos problemas se afronten con rigor, que se adopten las medidas necesarias para resolverlos y que las instituciones expliquen de qué manera afectan al calendario y a las capacidades previstas.
Del mismo modo que la crítica no resta un ápice a la esperanza de éxito, la defensa de la industria nacional no puede hipotecarnos con una obligación de guardar silencio sobre sus dificultades. España necesita empresas capaces de desarrollar y producir sistemas militares avanzados, pero también necesita que esas empresas cumplan sus compromisos y que la Administración ejerza las responsabilidades que le corresponden como cliente, financiador y destinatario del material. Hablamos de una exigencia elemental de responsabilidad.
Hay, además, una cuestión que afecta directamente al crédito de las instituciones y a la confianza de los ciudadanos, y que alguna vez ya mencionamos en DYS. La prensa especializada debe poder preguntar, contrastar y publicar informaciones incómodas sin que ello se interprete como una actitud contraria a la modernización militar o a los intereses de nuestra industria. La transparencia, más allá de la parte bonita del anuncio de avances, de botar buques y celebrar hitos industriales, conlleva reconocer las dificultades, explicar los incumplimientos y aceptar que los proyectos financiados con dinero público se encuentren sometidos al escrutinio de quienes contribuyen a sostenerlos..
Después de casi cuatro años, la verdad sobre la situación del Dragón debería ser una prioridad de la comunicación institucional, aunque esa verdad resulte esquiva a los intereses y la deseable buena marcha del proyecto. Una explicación rigurosa sobre las dificultades del programa y las medidas adoptadas para superarlas tendría mucho más valor que cualquier nueva declaración de satisfacción acompañando la entrega de otro lote de vehículos.
Dentro de esos blindados combatirán nuestros soldados
La modernización del Ejército de Tierra necesita al Dragón y requiere de sus superiores capacidades de movilidad, protección, comunicaciones y potencia de fuego; y también necesita que las unidades puedan incorporarlo a su preparación y a sus misiones con todas las garantías que exige un vehículo de combate. Esa necesidad explica nuestra preocupación por los retrasos, pero también nuestra confianza en que el programa pueda recuperar el rumbo y concluir satisfactoriamente su desarrollo. El Ejército no puede permanecer indefinidamente a la espera de un sistema que debe substituir material veterano, obsoleto en grado sumo.
Llegados a este punto, esperamos que Defensa explique qué sucede realmente con los vehículos entregados, cuáles son los resultados de su evaluación y cuándo podremos hablar, por fin, de los primeros Dragón operativos. Las sucesivas entregas seguirán siendo noticia, desde luego, pero la disponibilidad efectiva de los blindados debe ocupar ya el centro del seguimiento del programa. Porque detrás de las cifras, de los contratos, de las discrepancias industriales y de las declaraciones institucionales existe una responsabilidad que debería presidir todas las decisiones relacionadas con este vehículo.
Dentro de esos blindados combatirán nuestros soldados. Serán ellos quienes deban confiar en su protección, en sus sistemas de armas, en su movilidad y en la capacidad del vehículo para responder cuando las circunstancias sean verdaderamente exigentes. Ninguna fotografía de una entrega, ningún comunicado de satisfacción y ninguna cifra de producción podrá substituir las garantías que necesitan quienes arriesgarán su vida a bordo del Dragón.
Por ellos, y por la responsabilidad que tenemos con nuestras Fuerzas Armadas, queremos que el programa salga adelante y que la industria española sea capaz de cumplir sus compromisos.
Todavía estamos a tiempo de reconducir el Dragón. Ojalá sea así. Pero después de casi cuatro años, los españoles merecemos algo más que nuevas entregas y declaraciones de satisfacción. Merecemos respuestas.

Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es

