Un posible paquete energético de 500.000 millones reabre la opción del F-35 para Ankara, con el S-400 y el Congreso aún como líneas rojas

En los últimos días han circulado informaciones sobre un posible paquete de cooperación energética de hasta 500.000 millones de dólares entre Turquía y Estados Unidos que, de materializarse, podría abrir la puerta al regreso de Ankara al programa del F-35. La tesis es simple y, a la vez, explosiva: energía a cambio de defensa. Pero, de momento, el relato, que se sostiene en informes de medios turcos y análisis replicados por portales especializados, no tiene confirmación oficial pública por parte del Gobierno de EE. UU. (ni del Pentágono) a fecha hoy, 28 de febrero.
Qué se dice que hay encima de la mesa
Según lo publicado y comentado en fuentes turcas, el plan—descritos como un “Strategic Energy Plan” o “paquete”—vincularía inversiones estadounidenses en exploración, producción y desarrollo de gasoductos con un desbloqueo político que permitiría a Turquía retomar la senda del F-35. En ese marco se mencionan actividades en aguas territoriales turcas del Mediterráneo y, de forma especialmente sensible, referencias a Siria y Libia como parte del perímetro del acuerdo. La pieza clave del rumor es que Washington “daría luz verde” a la compra de F-35 por Ankara, cerrando el impasse abierto tras la compra turca de los S-400 rusos en 2019, que terminó con la expulsión de Turquía del programa.
En la cadena Sözcü Televizyonu, el presentador Ekrem Açıkel ha presentado el asunto como un “paquete” donde el componente energético “endulza” el desbloqueo del F-35 y sitúa la posible firma en el contexto de una cita aliada (vídeo del 26 de febrero).
En paralelo, un portal europeo de industria de defensa recoge la idea en términos muy directos: “$500 billion co-operation framework linking energy investment to defence procurement”. Su valor informativo aquí no es que lo “demuestre”, sino que refleja cómo la información ya circula fuera del ecosistema mediático turco.
Y PA Turkey formula la misma arquitectura conceptual de forma explícita: “a sweeping $500 billion ‘Strategic Energy Plan’ … pave the way … return to the F-35”. Importante apuntar que el propio texto reconoce que no puede confirmarlo desde fuentes estadounidenses (“is yet to confirm…”).
Como puede comprobarse, las vías de aguas (información) son muchas, y muy probablemente hay algo serio detrás.
S-400, CAATSA y el Congreso
Conviene, en cualquier caso, ser prudentes. El choque de fondo no es técnico, sino político-jurídico: la adquisición de los S-400 en 2019 abrió un deterioro que no se resuelve fácilmente con un powerpoint de inversiones. Cualquier avance real hacia el F-35 se toparía con el marco de sanciones CAATSA y, sobre todo, con la capacidad del Congreso para condicionar o bloquear transferencias sensibles.
En el contexto histórico, Defense One subrayó en su día el coste industrial de expulsar a Turquía del programa: “will cost at least half a billion dollars”. Esa referencia es relevante hoy porque recuerda que el F-35 no era sólo “comprar aviones”: es cadena industrial, calendario, piezas, compensaciones y una discusión que en Washington se vuelve inevitablemente doméstica.
Así las cosas, aunque existiera voluntad política, el retorno al F-35 requeriría condiciones y no se resolvería únicamente con mensajes de buena sintonía.
Por qué esto importa a la OTAN (y por qué es delicado)
Si el paquete termina siendo algo más, implicaría 3 cosas para la Alianza:
- Interoperabilidad y confianza: el F-35 es un vector de interoperabilidad OTAN, pero también un sistema extremadamente sensible. El antecedente S-400 convirtió a Turquía en un caso de manual sobre compatibilidad, seguridad y riesgos de inteligencia.
- Energía como palanca política: convertir a Turquía en nodo energético hacia Europa encaja con intereses europeos de diversificación, pero también crea dependencias y tensiones en el Mediterráneo Oriental.
- Señal a terceros: un eventual “retorno” de Turquía al F-35 enviará, forzosamente, un mensaje a Moscú (por el S-400) que podrá leerlo como ¿normalización sin contrapartidas suficientes?
Se menciona como posible hito julio de 2026 en el marco de una cumbre OTAN en Ankara. En el estado actual de la información, ésto debe tratarse como hipótesis de calendario y no como hecho. La razón es que aún no hay confirmación oficial estadounidense y, todavía con ella, el recorrido político en Washington suele ser lento, condicionado y negociado.
Lo verificable, con el material disponible, es que existe una posibilidad real sobre un paquete energético de gran volumen vinculado al F-35. Pero que, a fecha de hoy, no hay confirmación oficial pública de EE. UU. y, del mismo modo, se puede anticipar fricción congresual por CAATSA.
Por tanto, el precedente de 2019 mantiene vigencia. Turquía fue expulsada del programa tras los S-400 y el coste/impacto industrial fue relevante. A partir de ahí, veremos, porque no es menudo lo que se substancia en ese posible acuerdo.
Redacción
defensayseguridad.es

