Trump acusa al Reino Unido de “regalar” Diego García y señala el caso como argumento para reactivar su ambición sobre Groenlandia

Isla de Diego García, en el Índico
El presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, ha atacado públicamente al gobierno británico por el acuerdo que transfiere la soberanía del archipiélago de Chagos —incluida la estratégica Diego García— a la República de Mauricio (Océano Índico). En una publicación en su plataforma Truth Social, Trump califica la decisión como un “acto de gran estupidez” y la presenta como muestra de “debilidad total”, a ojos —según él— de actores como China y Rusia.
El mensaje llega meses después del pacto firmado en mayo de 2025 entre Londres y Port Louis, que buscaba cerrar décadas de litigio internacional tras la sentencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de 2019, que consideró incompleta la descolonización británica en el Índico.
Pero más allá de los términos legales, Trump lanza, como ya es costumbre en él, una dura crítica, directa, que apunta tanto a la OTAN como a sus aliados europeos. Esta es la transcripción completa de su declaración, traducida al español de forma literal. Por supuesto, no podía faltar la mención especial a Dinamarca, a la que Trump introduce al final, por aquello de remachar aún más su, hasta el momento, inalterable postura respecto de sus apetencias sobre Groenlandia:
«Sorprendentemente, nuestro “brillante” aliado de la OTAN, el Reino Unido, está planeando actualmente regalar la isla de Diego García, sede de una vital base militar estadounidense, a Mauricio, y hacerlo SIN NINGUNA RAZÓN EN ABSOLUTO.
No hay duda de que China y Rusia han notado este acto de debilidad total. Son potencias internacionales que solo reconocen la FUERZA, razón por la cual Estados Unidos de América, bajo mi liderazgo, es ahora, tras solo un año, respetado como nunca antes.
Que el Reino Unido regale un territorio extremadamente importante es un acto de GRAN ESTUPIDEZ, y es otro en una muy larga lista de razones de Seguridad Nacional por las que Groenlandia tiene que ser adquirida.
Dinamarca y sus aliados europeos tienen que HACER LO CORRECTO.»
El acuerdo con Mauricio: cesión formal, control operativo intacto
Pese al lenguaje empleado por Trump, el acuerdo entre el gobierno británico —ahora bajo el liderazgo laborista de Keir Starmer— y Mauricio mantiene la operatividad total de la base militar conjunta EE.UU.-Reino Unido en Diego García. Entre sus principales condiciones se encuentran:
- Un arrendamiento renovable de al menos 99 años.
- Pago anual de 101 millones de libras esterlinas del Reino Unido a Mauricio.
- Veto completo a cualquier interferencia en las operaciones militares.
- Cláusulas de protección mutua para preservar la misión actual de la base.
La lectura en Washington, sin embargo, es más ambigua. A pesar de que la anterior** Administración Trump había avalado en principio el texto en sus etapas preliminares, el, de nuevo, presidente ha optado por desentenderse de aquel respaldo para presentarse como garante de una postura más intransigente en materia de soberanía estratégica.
Temor a la “puerta trasera china” y la carta de Groenlandia
Más allá de lo simbólico, el mensaje de Trump sugiere preocupaciones estructurales que usa como advertencia y fuente de futuras preocupaciones. Mauricio mantiene una relación económica cada vez más estrecha con la República Popular China, incluyendo proyectos de infraestructura, acuerdos de telecomunicaciones y acceso portuario. Aunque el tratado prohíbe explícitamente la presencia de terceros actores en Diego García, en Washington —y especialmente en ciertos círculos republicanos— se teme que el tiempo acabe generando formas indirectas de influencia estratégica.
En ese marco, Trump vuelve a vincular el caso de Diego García con Groenlandia, una obsesión persistente desde su mandato anterior. En su lógica, la cesión de soberanía por parte del Reino Unido refuerza su argumento: si las islas pueden transferirse bajo criterios de descolonización, entonces EE.UU. debería poder adquirir territorios como Groenlandia bajo criterios de seguridad.
La sugerencia no es nueva, pero reaparece ahora con una mayor carga política y dentro de una narrativa de competencia con potencias revisionistas. Y aunque Dinamarca ya ha rechazado oficialmente cualquier discusión sobre la venta, la Casa Blanca no ha cerrado del todo la puerta a presionar con medidas diplomáticas o incentivos económicos en un eventual segundo mandato de Trump.
Un episodio más en la fractura atlántica
Lo ocurrido con Diego García es, en el fondo, un nuevo síntoma del desgaste en las relaciones trasatlánticas, y lo cierto es que ya ni se sabe cuántos van ya, donde los intereses estratégicos de EE.UU. no siempre coinciden con los cálculos político-legales de sus aliados europeos. A ello se suma la erosión del consenso OTAN frente al ascenso de China, la guerra prolongada en Ucrania y la incertidumbre sobre el papel futuro de EE.UU. en Europa.
Mientras tanto, Diego García —a pesar de su lejanía— comienza a operar como un termómetro de las tensiones que se acumulan en el tablero global.
Redacción
edfensyaseguridad.es

