Polonia advierte sobre 2027: ¿una guerra con Rusia en Europa?
Este fin de semana, el primer ministro polaco, Donald Tusk, ha elevado el tono de alerta sobre la situación de seguridad en el continente. No es una novedad, y ya son varios los mandatarios y servicios de inteligencia europeos que han advertido sobre la posibilidad de un conflicto con Rusia, a corto plazo, en los últimos tiempos, especialmente a raíz de la guerra entre Rusia y Ucrania.

El Comandante Supremo Aliado en Europa (SACEUR), general Alexus Grynkewich. Foto: OTAN
Tras una reunión con el nuevo comandante supremo aliado en Europa (SACEUR), el general estadounidense Alexus Grynkewich, Tusk afirmó que Polonia y Europa deben prepararse para una posible confrontación con Rusia a partir de 2027. Sus declaraciones han sido recogidas por medios europeos y polacos, generando reacciones tanto de respaldo como de cautela, como viene siendo habitual ante este tipo de aseveraciones.
En palabras textuales recogidas por The Kyiv Independent, Tusk señaló que «Rusia podría estar lista para una guerra abierta contra Occidente dentro de dos años» y que las estimaciones de inteligencia compartidas por Estados Unidos así lo indican. Dylan Malyasov, del medio polaco defence-blog.com se hizo eco también de esas advertencias, subrayando que Polonia se está preparando para enfrentar no sólo amenazas híbridas, sino también escenarios convencionales de alta intensidad, y que «las declaraciones se produjeron el mismo día en que el Consejo de Ministros de Polonia adoptó una nueva Estrategia de Seguridad Nacional.»
Estas advertencias, decíamos, se suman a un contexto de tensiones persistentes desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, habiéndose convertido en normal que, cada pocas semanas, el mensaje del peligro que supone Rusia se mantenga latente y obligue a mantener la guardia ante la incertidumbre de los próximos movimientos de Moscú. En los últimos meses, los países de la Alianza (OTAN), especialmente desde la Cumbre de La Haya de hace unas semanas, han prometido acelerar su gasto en defensa y dotarse de capacidades superiores a las disponibles, anticipando así la posibilidad de que Rusia, una vez reconstituida militarmente, pueda intentar presionar más allá del frente ucraniano. El compromiso aliado se ha visto así reforzado, y los planes da adquisición y crecimiento de capacidades parecen comenzar a concretarse incluso en los más rezagados (caso de España).
Sin embargo, conviene enfriar el alarmismo y no entrar en pánico. Lo cierto es que no hay hoy indicios de que Rusia tenga capacidad real para abrir un segundo frente, esta vez contra la OTAN, en el corto plazo. Su estructura militar sigue profundamente comprometida en Ucrania, y la industria de defensa rusa, aunque ha dado muestras de resistir el embate y recuperar el tono, sigue dependiendo de improvisación logística, adoleciendo de restricciones tecnológicas, y sufriendo sanciones internacionales. Del mismo modo, no puede obviarse el apoyo exterior notable de sus aliados. Pese a todo, pensar que Rusia pueda atacar frontalmente a la Alianza Atlántica en 2027 requiere un grado de reconstrucción de los activos de combate y logísticos rusos que ni siquiera los servicios de inteligencia occidentales dan por asegurado, aunque no conviene perderlo de vista.

El presidente polaco, Donald Tusk. Foto: WOJTEK RADWANSKI. Afp
Dicho esto, la posibilidad de una guerra en Europa no puede descartarse si el conflicto adquiriera una dimensión global, como se ha sugerido. Si, como dice el general norteamericano «Xi Jinping decide lanzar una acción militar contra Taiwán, es probable que lo coordine con Vladimir Putin, lo que crea el potencial para un conflicto global«, opinó el militar de Washington durante el citado evento.
La relación entre ambos escenarios puede, efectivamente, verse contemplada y no es baladí. Si China decidiera intervenir militarmente contra Taiwán, y Estados Unidos se viera obligado a desplegar buena parte de sus recursos hacia el Indo-Pacífico, la situación estratégica podría cambiar radicalmente. En ese escenario, no es descabellado contemplar que Rusia, como estrecho aliado de Pekín, pudiera abrir un frente de presión en Europa Oriental para distraer o dividir la respuesta occidental. En cualquier caso, habría que atar muchos cabos, y dar por hecho una respuesta de las democracias occidentales (y orientales -Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda…-) que obligara a Rusia a distraer las fuerzas de dichas democracias del esfuerzo de un hipotético socorro a Taiwán, liberando así de cierta presión a China en el intento de doblegar la que sería una tenaz resistencia taiwanesa.
Moscú podría no necesitar atacar directamente a países de la OTAN para causar desestabilización: bastaría con fomentar crisis híbridas, sabotajes, ataques cibernéticos y desinformación masiva en países vulnerables del Este -y el Oeste- para erosionar la cohesión euroatlántica. Esa forma de «guerra gris» ya está en marcha hace tiempo, pero puede escalar si se abre un conflicto en Asia y así lo pidiera Pekín.
Creemos que lo que propone Tusk no debe interpretarse como una predicción, sino como una advertencia: Europa debe prepararse para un mundo donde las amenazas ya no serán tan hipotéticas y se desarrollarán dentro de los amplios espectros de la guerra moderna, que hace tiempo dejó atrás los 3 escenarios clásicos de tierra, mar y aire. La guerra gris se libra a diario.
Polonia, por su posición geográfica y su historia reciente, asume que el coste de no anticiparse a los próximos movimientos y pretensiones de Rusia podría ser fatal. Sus palabras tienen cada vez más peso, y están en línea con la aceleración de adquisiciones de defensa, aumento del personal militar y protección de infraestructuras críticas en todo el flanco este de la OTAN.

Carros K2 Black Panther polacos. Foto: Ministerio de Defensa de Polonia.
No obstante, es importante mantener la templanza: preparar no es provocar. Advertir no es declarar. La disuasión debe construirse desde la firmeza, pero también desde la serenidad. El momento de la Alianza es clave, más de lo que lo ha sido en los últimos 30 años. Mantener el pulso, la tensión, es vital para afianzar los planes de la OTAN de alcanzar capacidades creíbles y nuevas fortalezas. Tusk, veterano europeísta y atlantista, sabe que debe sostener la atención de los aliados. Al compartir este tipo de escenarios con la opinión pública, probablemente busca reforzar el apoyo interno y europeo a una defensa común creíble y eficaz.
La guerra de Rusia contra la OTAN en 2027 no es hoy una previsión inevitable, pero tampoco una fantasía desechable. Ningún conflicto estalla por sorpresa total, sino tras años de advertencias desoídas y movimientos más o menos velados. Conviene escuchar, pero no perder de vista las claves de todo buen trabajo diplomático: planificación, previsión, disuasión.
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es

