Comentario a «Ocho días, y se acabó», de Tom Tugendhat
Acaba de ver la luz un medio de comunicación personal, nacido en Gran Bretaña, de manos de Tom Tugendhat, diputado conservador y exministro de Seguridad del Reino Unido: The Reset (El Reinicio), donde el ilustre parlamentario firmó «un artículo cuya lectura debería ser obligatoria para todo aquel que tenga responsabilidades en defensa.» El texto, titulado “Ocho días, y se acabó”, plantea una realidad trágica, sobre todo en este tiempo de acelerado rearme mundial en el que parecemos estar: en un escenario de guerra de alta intensidad, el Reino Unido consumiría toda su reserva de munición en apenas 8 días.
No es una hipótesis exagerada. Es un texto de denuncia. La cifra fue validada por el general Ben Hodges, excomandante del Ejército estadounidense en Europa, y nadie en el Ministerio de Defensa británico se ha atrevido a desmentirla. Al contrario: la explicación oficial fue de corte burocrático, aduciendo que las reservas están calculadas según «supuestos» de cadencia de fuego y duración de conflictos que simplemente ya no aplican, según Tugendhat, quien, a partir de esta aseveración, se muestra brutalmente claro: “La disuasión no se basa en la aspiración. Se basa en reservas, fábricas, personal y planes.» Y ese es el quid de la cuestión. No es sólo que las reservas estén vacías: es que no hay capacidad industrial ni logística para reconstituirlas con rapidez.

Las fuerzas ucranianas han utilizado munición de todo tipo. Foto: RNZ
De la disuasión al autoengaño
El Reino Unido, al igual que buena parte de Europa Occidental, ha vivido décadas acomodado en la idea de que las guerras futuras serían limitadas, tecnológicas y lejanas. Acomodado por propia convicción, no por la realidad de los hechos. Y ahí, en esa ecuación, hemos estado todos. El resultado ha sido una doctrina de defensa basada en la minimización de costes, la externalización de capacidades (a menudo hacia Estados Unidos) y una industria preparada para fabricar sistemas sofisticados en pequeñas cantidades, pero incapaz de producir proyectiles a ritmo sostenido.
Como señala Tugendhat, “la base industrial británica es excelente para la producción de pequeñas cantidades de sistemas altamente sofisticados, pero deficiente en volumen«, justo lo que requiere una guerra tradicional de altísima demanda municionaria, como la de Ucrania. Esto no es un fallo puntual. Es un modelo intencionado, derivado de la paz.
El parlamentario denuncia el mito del rearme
Desde 2022, muchos gobiernos europeos, Reino Unido incluido, han prometido un “rearme” histórico. Pero, como advierte el autor, el presupuesto real ha sido absorbido por la inflación, el coste de la vivienda y el programa nuclear. Las fuerzas convencionales apenas han visto mejoras tangibles. La propia Oficina de Responsabilidad Fiscal británica ha indicado que alcanzar un 3% del PIB en defensa requeriría recortes o reformas drásticas en otras partidas clave, la mayoría de las cuales cuestan elecciones.
Mientras tanto, la “revisión estratégica financiada” que proclama Downing Street ha sido contradicha en sede parlamentaria por altos mandos militares. El Jefe del Estado Mayor del Aire fue claro: no hay dinero suficiente para cumplir los objetivos. La diferencia entre discurso y realidad es el espacio donde anidan los errores de cálculo y donde Tugendhat encuentra la veta sobre la que hiende los dientes de su denuncia.
El ejemplo de la munición: “metal en los estantes”
El político conservador acierta al afirmar que el debate sobre reservas no puede limitarse a hojas de cálculo. «La diferencia entre una reserva creíble y una reserva de papel es el metal en los estantes y los turnos en las fábricas«. Ucrania ha demostrado que la guerra moderna es un esfuerzo de desgaste, donde quien produce más, gana. Ya no es sólo la tecnología, que también, es la capacidad sostenida de poner en el frente acero y munición.
Rusia, sancionada y aislada, ha logrado aumentar la producción de proyectiles hasta superar, en algunos renglones, la suma de Estados Unidos y Europa. Las líneas de producción europeas, desmanteladas hace años, no se reinician con comunicados de prensa. Requieren años de inversión, formación de personal, contratos a largo plazo y voluntad política constante.
Ocho días
“Ocho días no es una medida teórica, es la consecuencia de decisiones tomadas durante décadas y decisiones que aún se posponen«, concluye Tugendhat. Y tiene razón. En defensa, lo que no se planifica se improvisa. Y lo que se improvisa en tiempo de guerra suele pagarse en sangre.
Entiendo que este artículo no es un ejercicio de catastrofismo, por más que el titular pueda inducir a ello. Es una llamada de atención basada en hechos, datos y fuentes oficiales. Que sea un político del partido gobernante quien lo firme debería bastar para abandonar la negación. Porque la disuasión requiere realismo. Requiere industria. Requiere personal. Y requiere decir la verdad. Aunque duela.
Les animo a seguir este nuevo medio de comunicación personal. Lo complaciente, con surtirnos de una dosis de apaciguamiento, tiene demasiadas voces. Aquí tienen el enlace: The Reset
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es


Un comentario
Están como para construir el Tempest