Navantia propone cooperación industrial y una atrevida propuesta de fragatas en Suecia

F-102 Juan de Borbón en Suecia. La vista de este navío es, como siempre, esbelta e imponente. Foto: Navantia
La reciente visita de la fragata F-102 Almirante Juan de Borbón a Estocolmo ha servido de marco para que Navantia refuerce su ofensiva diplomático-industrial en Suecia, con el objetivo de posicionarse, nuevamente, como socio preferente en el futuro programa de fragatas ligeras del país nórdico. A bordo del buque español, el presidente de Navantia, Ricardo Domínguez, presentó en persona las credenciales de la compañía ante una audiencia que incluyó a altos cargos del Ministerio de Defensa sueco, la Armada local y representantes de la industria.
El contexto ya es conocido: Suecia, recién integrada en la OTAN, busca renovar y ampliar su capacidad naval de escolta. Las futuras fragatas de la clase Luleå, aún en fase conceptual, representarían un salto cualitativo en interoperabilidad aliada y en cobertura de sus extensas aguas del Báltico. Ahí es donde Navantia ha hecho su jugada.
“Navantia está en posición de ser un socio fiable para Suecia, proporcionando una capacidad naval rápidamente operativa, totalmente en línea con los requisitos suecos”, afirmó Domínguez, subrayando además el compromiso con “un apoyo al ciclo de vida mejorado con tecnologías digitales de última generación y una estrecha participación de la industria sueca”.
La carta sobre la mesa: la ALFA 4000
La propuesta concreta de Navantia es la fragata ligera multimisión ALFA 4000, una plataforma ya presentada en terceros mercados, y que ahora se postula para cubrir las necesidades suecas.
“La propuesta de Navantia es la más adecuada para la Marina sueca, ya que proporciona —a tiempo y dentro del presupuesto— una nave adaptada a los requisitos y capacidades operativas suecas durante todo el ciclo de vida”, apuntó el director comercial de Navantia, Juan de la Cueva, en un reciente Industry Day organizado en la embajada de España en Estocolmo.
La ALFA 4000 representa una solución de escolta asequible, interoperable y con alto grado de automatización, especialmente atractiva para marinas que deben equilibrar capacidad y sostenibilidad presupuestaria. Sus aproximadamente 4.000 toneladas de desplazamiento y autonomía superior a las 4.000 millas náuticas la sitúan en el rango de fragatas ligeras, pero su equipamiento la aproxima a una corbeta pesada o incluso a escoltas de mayor entidad.
Entre sus capacidades, que ya anotamos aquí en diciembre pasado, destacan:
- Sistema de combate SCOMBA (o export-equivalente) y radar multifunción 3D
- Lanzadores verticales (VLS) para misiles antiaéreos y sistemas antibuque
- Defensa cercana (CIWS), sensores electrónicos y sonar remolcado (VDS)
- Cubierta de vuelo y hangar para helicóptero NH90
- Posibilidad de operar RHIBs, USVs y dotación reducida gracias a la automatización
Una oferta un poco más allá del buque
Sin embargo, lo que Navantia ha puesto realmente en valor ante las autoridades suecas no es sólo un buque, sino un modelo de colaboración completo; algo que, en estas lides, comienza a ser absolutamente fundamental si se quiere optar a contrato en casi cualquier lugar del mundo. Esto incluye transferencia tecnológica, participación de astilleros locales, mantenimiento nacional y formación de personal. Una estrategia que recuerda a la adoptada por la compañía española en otros programas internacionales y que apunta a un apoyo de ciclo de vida integral, uno de los requisitos esenciales que demanda el Ministerio de Defensa sueco.
Este aspecto se materializa en la firma de una Carta de Intención con los astilleros Stockholm Repairyard y Oresund Drydocks AB, en lo que se perfila como la base industrial del programa en territorio sueco. Navantia, consciente de las exigencias de autonomía y retorno industrial del país escandinavo, ha optado por abrir el juego desde el principio, evitando la clásica perspectiva de «plataforma llave en mano».

Sinergia OTAN, momento político
La elección del momento no es fortuita ni accidental. Suecia, pendiente aún de formalizar algunos aspectos de su incorporación plena en la estructura militar de la OTAN, ha incrementado su presencia naval en entornos aliados y participa de forma creciente en ejercicios y misiones comunes. La visita de la F-102, actualmente buque insignia del Grupo Marítimo Permanente de la OTAN 1 (SNMG-1), refuerza precisamente esa dimensión de interoperabilidad y familiarización operativa.
“Más de un centenar de visitantes —entre ellos el ministro de Defensa sueco, Pål Jonson, y el Jefe de la Marina Sueca, almirante Johan Norlen— subieron a bordo de la Juan de Borbón en Estocolmo”, detalla el comunicado de Navantia, dejando claro que la presentación de capacidades fue tanto institucional como tecnológica.
La F-100 española puede ser un perfecto escaparate: diseñada en torno al sistema AEGIS y con amplio historial OTAN, es hoy una de las plataformas de escolta más valoradas entre las marinas europeas. Su presencia como «embajadora flotante» de Navantia refuerza la imagen de una compañía que no sólo vende barcos, sino que construye relaciones militares duraderas.
¿Y los plazos? Una pregunta incómoda
La propuesta de Navantia contempla la entrega de 2 fragatas en 2030, tal y como requiere Suecia, y otras 2 en 2031. ¿Pero de veras es posible cumplir esos plazos? Si las fragatas de la clase Luleå aún se encuentran en fase de definición conceptual y la propuesta de Navantia parte de una plataforma como la ALFA 4000, ¿qué grado de madurez real tiene el diseño? ¿Está Suecia dispuesta a aceptar un modelo parcialmente definido para ajustar calendarios? ¿Puede Navantia acometer en plazos tan reducidos tal número de escoltas?
La experiencia demuestra que entre la firma de contratos, la definición de requisitos y la construcción real, los márgenes temporales tienden a dilatarse. Navantia asegura que puede cumplir con los plazos, pero la duda permanece: ¿cómo van a ser exactamente esas Alfa 4000 suecas? ¿Y hasta qué punto la industria local podrá absorber responsabilidades de producción, pruebas y sostenimiento en tan corto plazo?
Conclusión: una apuesta con visión de largo plazo
Con su propuesta para Suecia, Navantia no se limita a exportar tecnología naval, sino que pretende promover un modelo cooperativo, adaptable y centrado en la sostenibilidad operativa. La clave, por tanto, no está sólo en la entrega de 4 fragatas ligeras entre 2030 y 2031, sino en ofrecer una arquitectura naval abierta, capaz de mantenerse y conectada a la industria sueca.
Por parte escandinava, la entrada en la OTAN y la presión por modernizar sus medios navales convierten al país nórdico en un cliente estratégico para cualquier astillero europeo. Navantia ha buscado un buen hueco con una oferta correcta, una plataforma ya definida y un enfoque industrial de colaboración probado. Resta por ver si Estocolmo opta por el camino de la soberanía compartida o por un desarrollo más cerrado y, quizás, cercano, como sus vecinos noruegos. Por lo pronto, la partida sigue en marcha.
Redacción y comunicados de prensa
defensayseguridad.es

