LUSV frente a EPC: dos modelos de futuro naval, dos prioridades estratégicas

Hacia los grandes buques no tripulados. La Us Navy inicia el camino y establece doctrina. Europa (España) deberá ahondar en sus propios estudios

Los grandes vehículos de superficie no tripulados (LUSV) de la Us Navy: hacia una flota distribuida y autónoma

El LUSV de Austal, con los VLS bien visibles a proa

En un escenario donde la evolución hacia una arquitectura naval capaz de operar bajo fuego enemigo y adaptarse a entornos de alta intensidad coge velocidad de crucero, la Armada de los Estados Unidos (US Navy) impulsa el programa de Grandes Vehículos de Superficie No Tripulados (LUSV), que podemos asemejar, salvando las distancias, a buques configurados como plataformas equivalentes a corbetas, con dimensiones de entre 60 y 90 metros de eslora y desplazamientos aproximados de 1.500 toneladas a plena carga. Estos navíos, pensados para funcionar con intervención humana limitada o nula en sus etapas de maduración, pretenden ampliar la capacidad de fuego y aprovechar al máximo sus módulos de carga útil, apoyando operaciones navales dispersas y reforzando la eficacia de las unidades tripuladas.

El Programa, bajo la responsabilidad de la Oficina Ejecutiva de Programas para Vehículos No Tripulados y Pequeños Combatientes (PEO USC) y el Programa de Sistemas Marítimos No Tripulados (PMS 406) de la US Navy, se nutre de experiencias acumuladas en iniciativas como Ghost Fleet Overlord para refinar diseños y requisitos operativos y goza de una financiación más que notable, que le está permitiendo cubrir hitos y superar fases.

En septiembre de 2020, la Us Navy adjudicó contratos por un total de 42 millones de dólares a 6 entidades para estudios conceptuales, a razón de 7 millones a cada una:

  • Huntington Ingalls Inc. (Pascagoula, Mississippi)
  • Lockheed Martin Corp. (Baltimore, Maryland)
  • Bollinger Shipyards Lockport LLC (Lockport, Louisiana)
  • Marinette Marine Corp. (Marinette, Wisconsin)
  • Gibbs & Cox Inc. (Arlington, Virginia)
  • Austal USA LLC (Mobile, Alabama)

Estos acuerdos incluían opciones para ingeniería adicional, elevando el valor potencial a 60 millones de dólares (resulta reconfortante observar cómo algunas administraciones aseguran la competencia distribuyendo oportunidades de investigación entre multitud de empresas, espoleando el talento y la rivalidad intelectual e industrial).

En julio de 2022, se emitieron modificaciones para extender los análisis y prolongar plazos, con finalización prevista en septiembre de 2024.

EL Ranger, un LUSV de grandes dimensiones. Foto: Us Navy

Los resultados terminaron llegando

Bollinger, por ejemplo, en asociación con Carter Machinery para Caterpillar, validó en diciembre de 2023 un generador diésel de 1.550 kW (modelo 3512C) en una prueba de 720 horas sin supervisión humana, cumpliendo exigencias de fiabilidad para misiones de hasta 30 días según el Acta de Autorización de Defensa Nacional de 2021. Otros cinco grupos prosiguen evaluaciones similares en sistemas de propulsión.

En un país donde los programas navales suelen estrellarse contra la burocracia antes que contra el enemigo, el simple hecho de acumular validaciones técnicas sin titulares rimbombantes ya es, en sí mismo, un pequeño triunfo operativo.

Capacidades proyectadas y evolución del programa

En términos de equipamiento, los LUSV se orientarán a servir como extensiones de capacidad misilística, destinados, por lo general, a una guerra antisuperficie (ASuW) y a dar apoyo a combatientes tripulados. Cada plataforma podría integrar un sistema de lanzamiento vertical (VLS) con 16 a 32 celdas, priorizando misiles antisuperficie y de ataque a tierra, operados remotamente desde unidades controladoras o buques asociados. Los módulos de carga útil instalados en los navíos permitirán adaptaciones para misiones variadas, aunque las descripciones oficiales destacan el énfasis en costos reducidos, elevada autonomía y flexibilidad, sin especificar sensores particulares más allá de la compatibilidad con una gama de cargas de pago. En cualquier caso, lo natural será exprimir al máximo las capacidades ofensivas de estas plataformas, más allá de que presenten una menor complejidad técnica y logística en relación a sus correligionarios tripulados, y se busque, efectivamente, la reducción de costos.

Cronograma y financiación

Sobre el calendario, la solicitud presupuestaria para el Año Fiscal 2026 (FY2026 en la jerga fiscal norteamericana) asignaba 46 millones de dólares en investigación y desarrollo, con transición a una adquisición mayor que en 2025. La compra de unidades de producción, vía la cuenta de construcción naval, arrancará en 2027 con cifras que irán desde los 500 millones de ese año, hasta los casi 1.000 millones en 2029.

Este esquema implica un retraso de 2 años respecto al Plan de 2024, pero se trata, a toda costa, de reducir riesgos en requisitos, diseños y validaciones de maquinaria. La construcción del primer LUSV se iniciaría, por tanto, en 2027, con entrega operativa inicial estimada en 2032, coincidiendo con mayor consolidación en capacidad autónoma.

Puede afirmarse que estamos ante un nuevo paradigma de la navegación, y que la prioridad del Departamento de Guerra (ex-Defensa) es el desarrollo de plataformas no tripuladas, orientadas a mitigar vulnerabilidades y ser integradas de forma gradual en la flota para escenarios altamente disputados.  Los años que restan hasta la entrada en servicio deben asegurar las tecnologías críticas antes de iniciar producción en serie.

Toda vez que los segmentos aéreo y terrestre ya se están viendo copados por sistemas no tripulados, era cuestión de tiempo que la automatización y el control remoto alcanzaran las plataformas navales. 

Europa: caminos divergentes, retos comunes

Imagen de una futura corbeta EPC. Foto: Fincantieri

Si estableciéramos que el programa LUSV será articulado en torno a buques que podemos considerar como corbetas (por establecer un estándar reconocible), no nos resistimos a detenernos en el contraste con el proyecto de Corbetas de Patrulla Europeas (EPC, ahora Modular and Multirole Patrol Corvette o MMPC) en el que participa España bajo el marco de la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO) de la Unión Europea. Liderado por Italia, con Francia, España y Grecia, el EPC busca desarrollar un prototipo de buque de nueva clase, destinado a misiones polivalentes como vigilancia marítima, guerra antisuperficie y antisubmarina, con un diseño modular de alrededor de 110 metros de eslora y 3.000 toneladas. El contraste, dejémoslo claro, se modula en cuanto al tamaño de los buques de una y otra orilla del Atlántico, a sus funciones dentro de las marinas de guerra y, por tanto, a la característica esencial de unos y otros de ser tripulados o no, en una comparación de tamaños y roles similares.

A diferencia de los LUSV, que apuestan por autonomía completa y carácter prescindible, concebidos para repartir la capacidad ofensiva en entornos de riesgo sin exponer la vida de la dotación, las EPC son plataformas tripuladas, diseñadas para garantizar interoperabilidad entre armadas europeas y toma de decisiones complejas a bordo.

Desde el punto de vista doctrinal, lo acabamos de ver, la estrategia estadounidense ya comienza a promover flotas mixtas con componentes prescindibles capaces de asumir pérdidas materiales frente a enemigos superiores en número. Las marinas europeas, por contra, se encuentran comprometidas en enfatizar la comunalidad industrial continental en el proyecto EPC, pero aún no promueven decididamente buques no tripulados del tamaño de los LUSV, que cumplan funciones principales de apoyo y ataque. Las 2 visiones claramente diferenciadas en el uso de nuevas tecnologías navales son evidentes a ambos lados de la Mar Océana.

Quizá no sea cuestión de quién tiene razón, sino de quién tiene margen para equivocarse. Y en eso, como en tantas otras cosas, Europa puede jugar en desventaja.

España, aún sin una iniciativa nacional comparable en el ámbito de grandes buques de superficie no tripulados, debería observar con atención estos desarrollos. No sólo por su impacto operacional, sino porque están redibujando el equilibrio naval para las próximas décadas.

La pregunta, como siempre, no es si se puede. Es si se quiere. Y, en nuestro caso, si alguien va a atreverse a decirlo en voz alta y a plantearlo seriamente.

Conclusión: salvaguardar la vida de los marinos y lograr más letalidad

En cualquier caso, hay que apuntarlo, las necesidades, roles, capacidades y previsibles escenarios de enfrentamiento de la Us Navy difieren de las de las marinas de guerra europeas, en general. Mientras que los EE.UU. piensan en el Indo-Pacífico, donde la superioridad numérica de la poderosa PLAN china supondrá un riesgo incalculable para las dotaciones norteamericanas, Europa pone sus ojos en aguas cercanas y amenazas más próximas. Pero, pese a ello, el desempeño de buques de tamaño ligero/medio, debidamente armados y sensorizados, sin tripulación a bordo, no es ningún error, no es un lujo despreciable en absoluto. Minimizar el riesgo de daños humanos y aumentar la letalidad es una ecuación solvente de cabo a rabo para cualquier armada. No es necesario desplegarse a miles de millas náuticas para justificar el sostener capacidad de combate real con el menor daño humano; en este caso, lo que vale para el Pacífico, vale para el Mediterráneo y el Mar del Norte.

 

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

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