Las Constellation de la Us Navy en su tormenta de costos y retrasos

La fragata Constellation: el fantasma de los retrasos que acecha a la Marina de EE.UU.

 

La US Navy, la poderosa Marina de Guerra de los Estados Unidos, se encuentra ante un dilema que trasciende lo técnico: el programa de fragatas clase Constellation representa no sólo un retraso en la modernización de su flota, sino un síntoma profundo de las disfunciones crónicas en la industria de construcción naval. Algo que no es exclusivo de los EE.UU., pero que resulta especialmente llamativo cuando lo protagoniza la US Navy por cuanto su trascendencia y la importancia de sus programas excede cualquier otro tamaño mediático, a excepción de China.

Lanzado en 2020 como parte de los esfuerzos para alcanzar los 355 buques de combate, este proyecto —inspirado en el probado diseño FREMM italo-francés— prometía fragatas multimisión versátiles, capaces de cazar submarinos, defender contra misiles y lanzar ataques de precisión; un «completo» en forma de tamaño europeo -fragata-, tras muchos años desde la desaparición de las Oliver H. Perry.

Sin embargo, a fecha de hoy, el buque líder, el USS Constellation (FFG-62), aún se le resiste a los astilleros de Fincantieri Marinette Marine con un avance ínfimo, mientras los sobrecostos escalan y las dudas sobre su viabilidad se multiplican. En este breve análisis queremos ayudar a desentrañar los entresijos de un programa que, con 36 meses de demora acumulada, amenaza con erosionar la superioridad naval estadounidense en un contexto internacional que no espera, y en el que aprestar navíos de guerra para un futuro inmediato cuando menos complejo, debe ser una prioridad, al menos para los EE.UU.

El origen de la clase Constellation, como es conocido, se remonta a la necesidad de reemplazar las obsoletas fragatas O. H. Perry, retiradas hace una década, y complementar a los destructores Arleigh Burke en misiones de menor intensidad. Con una eslora de 152 metros y un desplazamiento proyectado de 7.400 toneladas, estas naves incorporan 32 celdas de lanzamiento vertical (VLS) para misiles SM-2, SM-6 y Tomahawk, el radar AN/SPY-6 de última generación, helicópteros MH-60R y capacidad para operar drones. La Marina planea adquirir al menos 20 unidades, con un costo unitario estimado inicialmente en 1.000 millones de dólares, y con posibilidades de crecer en número en los próximos años -algo que ahora está más en entredicho que nunca-.

La adjudicación a Fincantieri en 2020 parecía, a priori, un acierto -no para todos, obviamente-: el diseño FREMM, operativo desde 2012 en Italia y Francia, ofrecía madurez probada. No obstante, las adaptaciones estadounidenses —como la integración de sistemas de combate Aegis y un cañón de 57 mm en lugar del de 127 mm en el diseño francés, o del de 76 mm en la variante italiana, según el estándar de referencia— han transformado un 85% del proyecto de referencia, reduciendo la similitud con el modelo europeo a solo un 15%, a juicio de algunas fuentes especializadas. Esta «americanización» descontrolada ha sido el detonante de una cascada de complicaciones que nos ha llevado a esta embarazosa situación.

Los retrasos, el talón de Aquiles del programa, se materializaron tempranamente. La colocación de la quilla del FFG-62 ocurrió en abril de 2024, pero a abril de 2025, el casco apenas alcanzaba el 10% de terminación. El informe GAO-24-106546, publicado en mayo de 2024 y actualizado en revisiones de 2025, detalla un retraso global de 36 meses: la entrega original prevista para 2026 se ha pospuesto a diciembre de 2027, con proyecciones independientes apuntando a 2029 o más allá. Esta demora no es ya un mero asunto burocrático; surge de un crecimiento de peso no planificado del 13%, equivalente a unas 800 toneladas métricas adicionales, aproximadamente -hay fuentes que lo cifran en más de 900- desde junio de 2020 hasta octubre de 2023. Este sobrepeso comprometería la estabilidad hidrodinámica y podría reducir la velocidad máxima de 27 nudos. Problemas en la cadena de suministro, exacerbados por la pandemia COVID ya estaban presentes; sumado a la escasez de mano de obra cualificada en Marinette, Wisconsin, han agravado el panorama: el astillero.

El impacto presupuestario es igualmente alarmante, reflejando las críticas recurrentes del GAO sobre las prácticas de adquisición naval. En los primeros 5 años, el programa ha consumido cerca de 8.000 millones de dólares, con un incremento anual de costos del 13-15%. El presupuesto fiscal 2025 (FY2025) solicitó aproximadamente 1.200 millones para el 7º buque, manteniendo los contratos para las primeras 6 unidades. Sin embargo, el FY2026, presentado en julio de 2025, pinta un cuadro sombrío: no incluye fondos para un 8º buque, dejando la solicitud en «cero» para nuevas adquisiciones y limitando el avance a los 6 iniciales. Este estancamiento no sólo eleva el costo unitario a 1.400 millones por nave —un 40% por encima de lo previsto—, sino que cuestiona la viabilidad operativa: ¿vale la pena invertir en un diseño que, según el CRS de enero de 2025, genera incertidumbre operativa para la planificación de la flota?

Recreación de una Constellation. Foto: Fincantieri

 

Las reacciones institucionales han sido contundentes y alcanzando cotas casi de escándalo, informativamente hablando. En audiencias del Congreso de abril de 2025, funcionarios navales fueron sometidos a un escrutinio feroz por el retraso trienal, con el nominado a Secretario de la Marina, John Phelan, criticando abiertamente el programa en febrero. El GAO, en su reporte GAO-25-108225 de marzo, urge reformas sistémicas: eliminar la construcción paralela a la maduración del diseño y fortalecer la supervisión de NAVSEAComando de Sistemas Navales de la Armada de los Estados Unidos—. Internacionalmente, como era de esperar, el fiasco resuena entre los aliados y adversarios, que observan cómo EE.UU. se enfanga en un Programa realmente importante que consume recursos y retrasa la entrega de capacidades. En España, apeada de la competencia del Programa, no pocos expertos apuntan la bondad del diseño con el que concurrió Navantia, y la demostración de que el producto, maduro, fruto de la experiencia de las F-100 y la evolución F-110, podría haber cuajado. Pero ya no es tiempo de lamentarse.

La clase Constellation no es un simple tropiezo técnico, sino una llamada de atención a la obsolescencia de un modelo de adquisición que prioriza la innovación sobre la estabilidad; añadir y rediseñar sin control. El programa podría redimirse o colapsar, aunque, por el momento, sigue adelante. Para la US Navy, que aspira a contrarrestar la flota del PLA Navy, el reloj apremia: cada mes de demora erosiona su disuasión global, y cada millón de más, enfría los ánimos de continuarlo.

 

Redacción

defensayseguridad.es

2 respuestas

  1. Pues nada nuevo bajo el sol. Como todos los programas militares de EEUU que han salido adelante y los que no de este siglo.

  2. Uno de los grandes éxitos en política exterior del sanchismo, perder un contrato que ya estaba hecho. Miles de millones de dólares en ingresos y decenas de miles de puestos de trabajo perdidos.

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