España, Indra y Hanwha ante una ocasión para impulsar la artillería autopropulsada, reforzar la industria de defensa nacional y abrir nuevas opciones de cooperación militar con Corea del Sur

Sebastián Hidalgo Martínez
En un momento de cambio constante en la estrategia de Defensa, España podría estar ante una ocasión histórica para redefinir su papel en la industria bélica europea. Se abre una ventana, pero no desde Bruselas o Washington, sino desde mucho más lejos, Corea del Sur.

El reciente acuerdo entre Indra y la surcoreana Hanwha para desarrollar en nuestro país una nueva familia de piezas artillería autopropulsada, basada en el K9 Thunder, marca un punto importante en la industria militar española. No en vano, esta decisión era esperada como agua de mayo en el seno de las Fuerzas Armadas.
El Ejército de tierra lleva medio siglo operando el M109, una cifra que evidencia el retraso en el reemplazo de capacidades clave. Este problema no es exclusivo de la artillería autopropulsada, sino representativo de carencias estructurales que afectan a todas las ramas de nuestro Ejército.
Por eso la noticia ha sido bien recibida en la comunidad de Defensa. Por qué no se trata simplemente de la posible adquisición de una nueva pieza de artillería, sino de algo más relevante, pues encima de la mesa los coreanos nos han dejado transferencia tecnológica, capacidad de diseño nacional y la creación de tejido industrial en fábricas españolas en desuso.
La noticia no puede llegar en un mejor momento, llega cuando se nos exige que fabriquemos nuestras propias armas y que seamos capaces de defendernos sin contar con terceros países.
¿Esta colaboración hispano-coreana puede abrir una ventana de oportunidades para ambos países?
Sobre el papel, y con los datos que hoy tenemos encima de la mesa, todo nos hace pensar que sí. Para España supone la consolidación de un socio industrial de primer orden, lo que permite diversificar proveedores y empezar a reducir una dependencia estructural de Estados Unidos.
Hablamos de desarrollar capacidades industriales propias con la última tecnología y, sobre todo, de abrir la puerta a programas que hasta ahora han estado fuera de nuestro alcance o condicionados por políticas. Desde el K9 a avanzadas plataformas mucho más sensibles como un avión de quinta generación.
Corea del Sur ya está dando pasos significativos en el desarrollo de su propio caza de quinta generación, el KAI KF-21, un programa que busca ser la alternativa al F-35. España, por su parte, sigue comprometida con el FCAS europeo y mirando de manera discreta pero atenta al TAI KAAN de Turquía. Con esta nueva alianza vemos otra posible alternativa que aparece al caza estadounidense que todo el mundo compra.
Para Corea del Sur la jugada también es beneficiosa. La alianza con una empresa como Indra abre la puerta al mercado español y permite consolidar a Corea del Sur como un socio industrial fiable dentro del ecosistema OTAN, algo que hasta hace no tanto estaba reservado en exclusiva a Estados Unidos.
En definitiva, la colaboración entre España y Corea del Sur no debería entenderse como un acuerdo puntual, sino como un posible cambio de paradigma. Si se gestiona con visión estratégica puede convertirse en algo más profundo: una relación industrial que permita a España ganar autonomía y a Corea del Sur reforzar su papel como actor global en defensa.

Sebastián hidalgo Martínez
defensayseguridad.es
Este es un artículo original de nuestro colaborador, Sebastián Hidalgo, aparecido en murciaeconomia.com

