La Agencia de Adquisición, Tecnología y Logística (ATLA) del Ministerio de Defensa japonés ha confirmado la instalación de un prototipo de sistema láser de alta potencia de 100 kilovatios.

Foto: Ministerio de Defensa de Japón. ATLA
Estamos, por tanto, ante un paso significativo en el desarrollo de esta clase de armas de energía dirigida destinadas a neutralizar amenazas como drones, cohetes o proyectiles de mortero.
Esta noticia, documentada tanto en medios locales como en informes técnicos de ATLA, consolida a Japón dentro del todavía selecto grupo de países que trabaja activamente en este tipo de armamento. En un momento de intenso debate sobre los recursos destinados a hacer frente a las nuevas amenazas, donde el coste por disparo, la precisión y la velocidad de respuesta importan más que nunca, el desarrollo de este tipo de tecnologías representa una respuesta tangible frente a amenazas asimétricas de bajo coste.
El sistema —denominado oficialmente “Sistema Láser de Alta Potencia Impulsado Eléctricamente”— combina varios emisores de láser de fibra de 10 kW cada uno (basados en tecnología desarrollada dentro del país), lo que permite alcanzar potencias superiores a los 100 kW mediante un sistema de combinación óptica. Recordemos aquí que, en el caso español, el Proyecto SIGILAR —aún en fase de desarrollo— informa de potencias en el entorno de los 35 kW. El conjunto nipón se distribuye en 2 contenedores de 40 pies, donde se alojan los elementos principales: la fuente de luz láser, la óptica de convergencia del haz, los sistemas de apuntamiento y seguimiento de objetivos, así como contramedidas contra interferencias ópticas.
En pruebas terrestres realizadas entre 2023 y 2025, el sistema logró destruir vehículos aéreos no tripulados de distinto tamaño —grandes, medianos y pequeños— y proyectiles de mortero de 81 mm. Las pruebas se centraron en comprobar la letalidad del sistema mediante irradiación continua y recopilación de datos en entornos operativos simulados. La empresa Kawasaki Heavy Industries ha sido el principal contratista del proyecto, consolidando una experiencia industrial que Japón busca capitalizar para futuros despliegues operativos.
La instalación en el JS Asuka, observada a comienzos de este mes de diciembre en las instalaciones de Japan Marine United, allana el camino para los ensayos en mar previstos a partir de 2026. Estos tendrán como objetivo verificar el comportamiento del sistema en condiciones reales: movimiento del buque, disipación atmosférica del haz, seguimiento de blancos móviles y neutralización efectiva de amenazas aéreas como drones o fuego indirecto.
Aunque el documento técnico publicado por ATLA no detallaba esta fase marítima, y estaba centrada principalmente en la validación terrestre, ya hay otras referencias institucionales que confirman los planes para adaptar esta tecnología a plataformas navales de combate. En paralelo, se están estudiando los requisitos eléctricos y estructurales para su eventual incorporación en buques de combate con capacidad para sostener armamento láser de alta potencia.
Dada la creciente preocupación regional ante el aumento de la actividad militar de la República Popular China, así como por la proliferación de ataques con drones y armas improvisadas en zonas como el Mar Rojo, este tipo de programas se antojan decididamente necesarios, sobre todo para dotar a los buques de las marinas de guerra de capacidades reales y asequibles frente a las nuevas amenazas. El láser ofrece una capacidad de respuesta prácticamente ilimitada, sin dependencia de munición física y con un coste marginal por disparo muy inferior al de un misil interceptor.
ATLA mantiene en curso su hoja de ruta hasta 2030, con objetivos orientados a la miniaturización del sistema y su posible integración en fragatas o destructores.
Redacción
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