Éric Trappier vuelve a cargar contra la gobernanza del FCAS y rechaza la entrada de Bélgica: “Se están burlando de nosotros”

Fiel a su cita con la polémica y el verbo brusco, el presidente ejecutivo de Dassault Aviation, Éric Trappier, no suavizó ni una sola palabra durante la rueda de prensa celebrada este lunes con motivo de la presentación de resultados de Dassault del primer semestre de 2025. El suyo fue un discurso que combinó balance económico y advertencia estratégica, con ácido diplomático y arrogancia de serie. Trappier arremetió -otra vez- contra la estructura actual del programa SCAF/FCAS -el futuro sistema aéreo de combate europeo- y criticó con dureza la hipotética incorporación de Bélgica, país que recientemente ha reiterado su interés en sumarse al desarrollo tras anunciar su compromiso con el F-35.
Trappier disparó de nuevo a la línea de flotación del FCAS: “No se trata de abandonar el FCAS, sino de decidir si continúa o no” (como si Francia tuviera la facultad de cancelarlo), afirmó el directivo francés, que volvió a denunciar la falta de liderazgo claro y el bloqueo estructural que, en su opinión, impide que el proyecto avance. “La cuestión no es salirse, sino saber si el proyecto sigue adelante o no… Si me asignan objetivos, quiero tener los medios para cumplirlos”, insistió.

Trappier, cuyo grupo lidera el desarrollo del NGF (Next Generation Fighter), núcleo aéreo del sistema FCAS, ha reiterado que Dassault no está pidiendo el 80 % del control del programa -como se ha afirmado desde ciertos sectores alemanes y españoles-, pero sí reclama una autoridad efectiva ¿? para poder tomar decisiones técnicas y definir subcontratistas. “¿Cómo puedo tener el liderazgo cuando enfrento a alguien que pesa el doble que yo?”, dijo en alusión directa al peso que Airbus -especialmente desde Alemania y España- ejerce sobre el conjunto del proyecto.
Tras sembrar de dudas y minas el camino del FCAS, otra vez, disertó a continuación sobre la posible entrada de Bélgica en el programa. El tono de Trappier fue aquí incluso más directo, si es que ello es posible. “Si (Bélgica) renunciara a la compra de F 35, serían bienvenidos”, aseguró. Pero, rehén de la incontinencia que le es propia, continuó: “Si no fuera diplomático, diría que se están burlando de nosotros”. Las declaraciones responden al hecho de que el Gobierno belga, tras firmar la adquisición de 34 F 35A estadounidenses, haya expresado su deseo de integrarse en el FCAS, a pesar de que su flota de 5ª generación (F-35) no quedará obsoleta antes de 2070. “Salen diciendo ‘queremos un caza europeo’, pero acaban de comprar el F 35. Que vuelvan cuando esos aviones estén al final de su vida útil”, zanjó.
El directivo ha reiterado que sin una revisión profunda de la gobernanza, siempre bajo su prisma, el FCAS está en riesgo de colapsar. Y aunque dice reafirmar su compromiso con el programa, también deja claro que sin autoridad técnica real, el liderazgo de Dassault es, por ahora, nominal.

Las palabras de Trappier vuelven a levantar el polvo que aún seguía en suspensión. Semana tras semana, el fuego amigo se ceba con el programa FCAS, y sus advertencias, que hace tiempo mutaron en amenazas, suponen un serio aviso Berlín y Madrid: o hay dirección clara, o el caza europeo se queda en tierra. La cuestión es que esa dirección, para Trappier, para Dassault y para Francia, sólo puede ser una: la suya. Grandeur o muerte.
Jorge Ebujez
defensayseguridad.es

