Una visión crítica sobre el F-35 desde la Europa que no cree en la furtividad
En respuesta al debate suscitado por la persistencia suiza en la adquisición del F-35A, el analista militar francés Fabrice Wolf, fundador del medio especializado metadefense.fr, ofrecía hace un par de días una valoración contundente sobre el caza estadounidense: “sigo pensando que el F-35 es una mierda”, escribió en el foro de su propia web, aunque matizaba poco después sus palabras, todo hay que decirlo. A decir verdad, su perspectiva del caza furtivo de Lockheed Martin es bastante amplia, compartida por no pocos, aunque, quizá, minoritaria.

Más allá del tono, su crítica es realmente técnica y estructural. Wolf reconoce que el F-35 ofrece un valor táctico real durante los primeros días de un conflicto -los necesarios hasta que el Tío Sam acudiera en auxilio-, gracias a su furtividad y los sensores de última generación que atesora. Sin embargo, considera que, a partir de ese punto, su mantenimiento complejo, su limitada robustez y su diseño comprometido -en parte por la exigente variante STOVL del modelo B- lo convierten en una carga más que en una ventaja.
El Rafale, en contraste, es para Wolf un aparato concebido para operar con resiliencia: fácilmente reparable, reconfigurable en entornos degradados, y con tiempos de mantenimiento notablemente inferiores. Mientras que cambiar un motor M88 requiere 4 personas y 4 horas, según afirma, realizar una tarea equivalente en el F-35 puede necesitar 20 técnicos y más de 30 horas.
Wolf, como es natural a la vista de sus percepciones -con cierto predicamento en la parroquia gala- lamenta que Europa, especialmente Francia, no haya impulsado aún un verdadero caza furtivo de quinta generación propio antes de la llegada del FCAS. Y sugiere, cómo no, una evolución del Rafale —un “SuperRafale” furtivo— como respuesta inmediata a esa necesidad, y advierte que confiar únicamente en drones furtivos UCAV, por necesarios que sean, no basta ante competidores como el J-35 chino o el KAAN turco, que hemos tratado extensamente aquí.

Rafale griego
Su visión subraya una preocupación compartida en ciertos círculos europeos: el F-35 impone una dependencia crítica de EE.UU., con implicaciones duraderas para la soberanía operativa de las fuerzas aéreas del continente. Es cierto que Wolf advierte de dependencias operacionales y logísticas, pero no lo es menos que, como él mismo reconoce, no hay nada igual en el mundo que pueda compararse al F-35. Sea como fuere, tanto Francia, como España, son las 2 únicas grandes economías del continente que no operan ni operarán el F-35. Podría ser que Wolf tuviera razón, y el F-35 sea una «mierda«, quizá, ¿pero cómo llamamos a no tener nada ni remotamente parecido durante los próximos 20 años? ¿Cómo adjetivamos el hecho de no disponer de una tecnología furtiva hasta dentro de 2 décadas -FCAS-, cuando ya hayan pasado 40 años desde que se hizo realidad?
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es

