La ausencia de España en ELSA: el “escudo” (Hydef) sin “espada”
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Hay decisiones a las que no hacemos demasiado caso el día que se toman, lejos de aquí, pero en las que podríamos reparar más adelante, cuando las circunstancias, si vienen mal dadas, obliguen a mirar el inventario -capacidades, munición, alcance, tiempos-. La no adhesión de España a ELSA entraría en esa categoría.
Europa aceleró su rearme porque ya no podía fingir que la guerra era un fenómeno exclusivamente “periférico”. Ucrania lo ha dejado claro y Rusia lo ha subrayado a base de alcance, saturación y profundidad. En ese marco aparece la European Long-range Strike Approach (ELSA): la iniciativa soberana europea lanzada en julio de 2024 por Francia, Alemania, Italia y Polonia, y ampliada en octubre con Suecia y el Reino Unido, con una idea sencilla: dotar a Europa de capacidad de ataque de largo alcance que no dependa, por sistema, de que Washington quiera, pueda o tenga ganas.
Y, sin embargo, España, que en las fases iniciales fue citada como posible participante, se queda fuera. Conviene observarlo en 2 planos: qué significa y qué revela.

Lo que ELSA dice que es… y lo que en realidad implica
El comunicado conjunto de los ministros de Defensa fundadores, lo formula con una claridad: la iniciativa permitirá “desarrollar, producir y suministrar capacidades” de ataque de largo alcance, y lo hará “fortaleciendo la base industrial de defensa europea” y el “pilar europeo” de la Alianza para un mejor reparto de carga entre aliados.
Hasta aquí, todo razonable. Pero el subtexto es el importante: Europa carece —de forma estructural— de masa crítica en precisión profunda a distancias superiores a 500 km, justo donde Rusia ha demostrado que puede imponer coste, ritmo e iniciativa. ELSA no es un capricho industrial ni un club de países con juguete nuevo: es, guste o no, el intento de cubrir un vacío.
Y aquí aparece la primera incomodidad: en defensa, no basta con protegerse. Si no puedes responder en profundidad, tu adversario no sólo te golpea, te marca el paso.
España es un país que YA invierte en defensa… pero con alergia a ciertas capacidades
España no es un actor marginal en la OTAN, y su inversión -ya en el 2%- sugiere una trayectoria de mucho mayor compromiso que hasta ahora. Además, ha priorizado iniciativas de claro perfil defensivo, como HYDEF (European Hypersonic Defence Interceptor), con liderazgo industrial nacional (con SENER entre los actores relevantes) y coordinación bajo el Fondo Europeo de Defensa. HYDEF busca interceptar amenazas hipersónicas (Mach 5 y superiores), y se alinea con esfuerzos complementarios como TWISTER para alerta temprana, incluyendo dimensión espacial.
Todo eso es valioso, y en algunos frentes imprescindible. El problema no es HYDEF. El problema es lo que HYDEF no cubre por definición: es una respuesta reactiva ante vectores cada vez más difíciles. Y una defensa que sólo reacciona, si no va acompañada de capacidad de castigo creíble, termina pareciéndose a parar golpes mientras se espera que el agresor se canse.
Quien crea que eso es disuasión, confunde el concepto con el consuelo.
El punto ciego son el alcance, la profundidad y exposición de plataformas
Aquí es donde la decisión de no entrar en ELSA se vuelve discutible. La capacidad española de ataque profundo es limitada y descansa en gran medida en los Taurus KEPD 350, integrados en aéreas plataformas como los F/A-18, con un alcance en torno a 500 km. Son sistemas serios, sí. Pero fueron adquiridos en los 2000, y su marco mental responde a otro momento del sistema defensivo español, el de capacidad puntual, más que el de volumen y persistencia en un escenario de alta intensidad.
En términos operativos, la diferencia importa. Golpear en profundidad sin exponer aeronaves, sin depender de superioridad aérea garantizada, y sin quedarte corto cuando el adversario opera con escalones de defensa en capas, es otra liga.
Negar o posponer ese salto no sólo te deja con un hueco en el tablero. Te pude dejar con un hueco, más bien un boquete, en tu credibilidad.
Y sí, la dependencia de EE. UU. como respaldo último sigue existiendo, y seguirá. Pero Europa está, precisamente, en un momento en el que debe decidir si el “pilar europeo” es un concepto operativo o un eslogan de cumbre. Porque cuando se admite, aunque sea en voz baja, que la fiabilidad transatlántica se debate en ciclos políticos internos, lo que toca es reforzar capacidades propias. No para romper la OTAN, sino para que la OTAN no sea un acto de fe.
Ya tenemos programas: la coartada de siempre
La omisión española no tiene por qué ser ideológica. Puede explicarse por prioridades presupuestarias, por hábitos heredados, por cautela, o por el deseo de evitar solapamientos con programas nacionales que otorgarán cierta capacidad de ataque en profundidad, como el SILAM en artillería de cohetes, pero ésto no se sostiene. Y también podría haber un cálculo industrial: “mejor concentrar esfuerzos donde lidero”. Conviene desconfiar de los argumentos demasiado cómodos. Porque “evitar duplicidades” suena impecable hasta que recuerdas que, en Europa, la duplicidad no nace del exceso de planificación, sino de lo contrario: cada país protege su parcela, y al final todos gastan más para lograr menos, tarde y con dependencia exterior.
ELSA, además, ya muestra tendencias centrífugas hacia proyectos nacionales en algunos socios. Precisamente por eso, estar dentro no es un lujo: es una forma de no quedarse como comprador eventual cuando el diseño, el calendario y el reparto ya estén decididos, así como el precio: tanto el industrial por no haber acudido, como el de la factura económica.
Aquí está la cuestión que suele esquivarse por simple pudor político: potenciar capacidades de ataque de largo alcance no es “querer la guerra”. Es asumir que, si tu adversario puede golpear tus centros de gravedad y tú no puedes responder con proporcionalidad y alcance, tu margen de decisión se reduce. Y cuando un país pierde margen de decisión, pierde soberanía e iniciativa.
El equilibrio entre escudo y espada no es una metáfora épica, es la diferencia entre disuadir y esperar. La ausencia de España en ELSA obliga, por tanto, a una pregunta incómoda, que no se responderá con cifras de PIB ni con declaraciones de compromiso: ¿queremos ser parte de la arquitectura europea de disuasión o preferimos seguir delegando las piezas más sensibles en otros que sí quieren decidir sobre el uso de una fuerza capaz?
Porque si la respuesta es “ya aportamos en defensa antimisil”, entonces estamos aceptando un reparto tácito: unos ponen el alcance y otros ponen el paraguas. Y esa asimetría, en cuanto el entorno se endurece, no será equilibrio, sino dependencia.
España aún puede entrar más adelante, o construir un camino equivalente sin aislarse. Pero para eso hace falta algo que en defensa suele escasear más que el presupuesto, claridad de propósito.
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es


3 respuestas
No estamos hablando de un misil de crucero, con carga útil de 500 kg y 1500 km de alcance, ni de un misil balístico con 4 ojivas de 500 kg y 4500 km de alcance.
Hablamos de un misil básico con una cabeza de 50 kg y 500 km de alcance.
Hasta donde se sabe, en Ucrania se ha utilizado y con éxito, el misil ruta con 500 km de alcance y cabeza de guerra de 250 kg, muy superior al del artículo, misil de origen suizo cuyo sistema de guiado completo es diseño español y que se fabrica si no íntegramente, parcialmente y que creo que se está evaluando para las FFAA, si se decidiera comprar se fabricaría íntegramente aquí si es que no se hace ya.
Tiene algún sentido meterse en un proyecto de algo que ya tenemos operativo y privado en escenario real? Lo que tenemos es que venderlo, fabricarlo, mejorarlo, conocer su tecnología y ser capaces de fabricarlo por nuestro propios medios en ciertas circunstancias desfavorables. Creo que es mucho mejor ir desarrollando el Ruta hasta convertirlo en un misil de crucero con más alcance.
exacto, otra cosa sería estar en un análogo al Tomahawk estadounidense, pero para esto, lo veo un gasto de dinero inútil.
Totalmente de acuerdo, con el comentario anterior
Desde mi punto de vista
1 No podemos entrar en todos los proyectos que surjan
2 En cuestión misilstica , España, por lo visto en la guerra de Ucrania, alcances de 2000 a 3000 km, El misil Flamingo es prueba de ello , ataques profundos , gran capacidad de carga de pago . A pesar de contar con pocas unidades de dicho misil, han sido capaces de infligir grandes y profundos daños a las estructuras Rusas