España, el rearme y la realidad de los contratos

España y el rearme atlántico: discursos europeístas frente a la vorágine estadounidense

Lanzadores Patriot españoles en Adama, Turquía. Foto: Ministerio de Defensa

Soberanía, industria y realidad

En el panorama internacional más convulso de las últimas décadas, marcado por una inestabilidad de escala global —desde el conflicto en Ucrania, pasando por el affaire entre Islamabad y Nueva Dheli, el volcán de Oriente Próximo y llegando hasta las tensiones en el Indo-Pacífico—, España parece haber acelerado su transformación defensiva con una ambición notable, aunque contenida aún: alcanzar el 2% del PIB en gasto militar para 2025, un umbral que, según la OTAN, ya se vislumbra en el horizonte presupuestario actual, pero para el que nos reservan exigencias de mayor calado.

Sin embargo, detrás de las proclamas de soberanía tecnológica europea y el fomento de la industria nacional, emerge una realidad incontrovertible frente a la que nos damos de bruces; y con ésto no decimos que sea negativa, positiva o neutra, es sólo una realidad manifiesta que insiste en contradecir una y otra vez el discurso oficial: el grueso de las adquisiciones armamentísticas españolas fluye hacia Estados Unidos. Un reciente artículo de El País, hace apenas unos días, desvelaba que, en los 2 últimos años, España ha registrado su mayor gasto histórico en defensa, con 7.500 millones de euros invertidos en material militar, de los cuales casi un tercio —2.230 millones— han recaído directamente en proveedores norteamericanos.

Esta tendencia no es accesoria, sino el reflejo de una dependencia de carácter estratégico que cuestiona los pilares del europeísmo defensivo o, cuando menos, los pone en cierta evidencia. El análisis del Ministerio de Defensa español, citado en el mencionado reportaje, revela que desde 1950, Washington ha suministrado a Madrid armamento por valor de 16.973 millones de dólares, una cifra que eclipsa cualquier otra fuente.

 

Entre 2023 y 2024, el Gobierno encargó más de 4.500 millones de euros en material a EE.UU., equivalente a una cuarta parte de todas las adquisiciones del siglo XX. Se trata de contratos que abarcan desde misiles Patriot, hasta radares navales (Aegis) o los helicópteros MH-60R , pasando por municiones de 155 mm Excalibur para el Ejército de Tierra, esenciales tras los aprendizajes dejados desde el surgimiento del conflicto ucraniano. Esta oleada de compras responde a presiones aliadas —la letanía trumpista del «paguen o paguen»— y a la urgencia de rellenar arsenales agotados por donaciones a Kiev y años de vaciado general de stocks.

La comisaria de Soberanía Tecnológica, Henna Virkkunen, la alta representante de la Unión, Kaja Kallas, y el comisario de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, en el Berlaymont, Bruselas. 16 de octubre de 2025. GETTY.

 

Pero, así las cosas, ¿hay que volver a preguntarse dónde quedan los ideales de una «Europa de la defensa»  que tanto se invoca en Bruselas y Madrid, sino en toda la OTAN europea? Para ilustrar esta disparidad, consideremos la evolución del gasto en adquisiciones militares españolas entre 2020 y 2025. Según datos del SIPRI y el Ministerio de Defensa, el desembolso total ha pasado de 9.508 millones de euros en 2014 a 19.723 millones en 2024, con proyecciones que superan los 40.400 millones para 2025 —el 2,48% del PIB, según el Centre Delàs—.

 

Año
Compras a EE.UU. (millones €)
Compras a Europa/Nacional (millones €)
Total Adquisiciones (millones €)
% a EE.UU.
2020
950
3.800
4.750
20%
2021
1.200
4.200
5.400
22%
2022
1.800
4.800
6.600
27%
2023
2.200
3.500
5.700
39%
2024
2.230
3.800
6.030
37%
2025 (proj.)
2.800
4.200
7.000
40%

 

De este incremento, la porción estadounidense ha crecido exponencialmente: de un 20% en 2020 a cerca del 30% en 2024. El gráfico anterior esta trayectoria, comparando las compras a EE.UU. con las destinadas a proveedores europeos y nacionales. Este gráfico evidencia no sólo el auge atlántico, sino también la estancación relativa de las compras intraeuropeas.

Autonomía estratégica con muletas exteriores

Mientras la UE clama por una «autonomía estratégica» —con iniciativas como el Fondo Europeo de Defensa, dotado de 8.000 millones hasta 2027—, los hechos desmienten el discurso. En 2024, los miembros europeos de la OTAN triplicaron sus importaciones de armamento, con EE.UU. capturando el 64% del mercado, un salto desde el 52% pre-pandemia. Alemania, por ejemplo, vio sus importaciones crecer un 334%, con el 70% procedente de Washington.

En España, empresas como Navantia o Indra —pioneras en fragatas F-110 o radares— reciben cantidades que quedan lejos, en muchos casos -al menos hasta ahora-, comparadas con los megacontratos con Washington. El resultado: una industria nacional que innova en nichos, sí, pero depende de componentes estadounidenses para garantizar la interoperabilidad OTAN, que peca de «integradora» y que todavía necesita del amigo americano para muchos de los grandes sistemas de armas, por el momento.

Esta dicotomía no es mera casualidad. Los discursos europeístas, impulsados por figuras de predicamento en los asuntos exteriores continentales, como Josep Borrell, enfatizan la «soberanía tecnológica» para contrarrestar la hegemonía norteamericana. Sin embargo, la realidad operativa dicta lo contrario: los F-35, los Patriot o los HIMARS no tienen equivalentes maduros en el Viejo Continente. Cierto que se acercan productos que podrán rivalizar, pero que necesitan años, presupuesto y voluntad política.

Y es aquí donde podríamos armar nuestra crítica más elemental: mientras el Gobierno de España alardea de «Europa/España primero», las compras masivas a EE.UU. erosionan la cohesión continental. Proyectos como el FCAS (Future Combat Air System) avanzan a paso de tortuga, con retrasos crónicos y presupuestos que parecen acorde a programas que funcionan, pero que no se corresponden con lo que éste transmite; mientras, en Maryland, Lockheed Martin entrega sistemas probados ayer y que combaten hoy.

En este panorama, no sería sorprendente —y en DYS no sólo no lo descartamos, sino que lo contemplamos— que la «sorpresa» del F-35 regrese al tablero. Aunque en agosto de 2025 el Ministerio de Defensa aparcó indefinidamente su adquisición, optando por alternativas europeas para la aviación embarcada de la Armada, las presiones transatlánticas y la obsolescencia de los Harrier AV-8B podrían revertir la decisión.

El F-35, descartado por el momento, pero no negado

Rumores de exploraciones con el caza turco KAAN circulan, y hemos dado buena cuenta de ello, pero la cada vez mayor presión de Trump, y la todavía inmadurez tecnológica del aparato turco le pueden restar posibilidades en España. Robles ha matizado que el F-35 «no es prioridad, pero no se descarta», un guiño a la pragmática OTAN. Con Trump de vuelta y demandas del 5% del PIB en defensa, Madrid podría ceder: un lote de 20-30 unidades para 2028-2029 no sería descabellado, integrando componentes españoles para paliar críticas, si es que ello fuera posible. Pero los plazos no dan, y los aparatos no llegarían antes de 2030-2035.

La realidad no cambia si no se afronta

Volviendo al tema que nos ocupa, ese 30% de adquisiciones a los Estados Unidos, sumado a otro porcentaje similar, incluso mayor, del resto de proveedores internacionales, pone rostro a la realidad de la capacidad industrial, sí, pero sobre todo a la actitud política, a la decisión de los poderes del Estado en este ámbito.

El rearme español ilustra la fractura entre aspiración y ejecución. Europa precisa una industria defensiva unificada, no parches retóricos. Si no se invierte en innovación compartida —más allá de los 9.550 millones estimados para el mercado europeo en 2024—, la dependencia atlántica se cronificará. España, puente natural entre continentes, debería liderar con coherencia: priorizar lo propio sin renunciar a lo efectivo. De lo contrario, el 2%, el 2.1%, el 3.5%, el 5%… no serán un triunfo, sino una factura perpetua. Ya lo dijo Robles: la industria europea no puede responder a todo ese gasto previsto en defensa. Y así, señores, se vuelve a justificar echar la vista a Washington.

 

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

 

Un comentario

  1. «Aunque en agosto de 2025 el Ministerio de Defensa aparcó indefinidamente su adquisición, optando por alternativas europeas para la aviación embarcada de la Armada»

    Esta afirmación no es cierta. El ministerio lo que dijo es que la Armada tenía otras prioridades y que no tocaba hablar en esos momentos del F35B.

    Además, es imposible que dijese que optaban por alternativas europeas porque no existen en el corto plazo. Ni tenemos portaaviones, ni tiene pinta que lo vayamos a tener a tiempo para cuando se retiren los Harrier. Sin portaaviones no tiene sentido hablar de cazabombarderos navales distintos al F35B, pero si lo hacemos no obstante, el único europeo es el Rafale Marine, pues el SCAF no va a estar antes del 2040.

    Aquí lo único que se puede elucubrar es que el Hürjet, para el cual hay planificado una versión naval, consigue tener la capacidad STOL (despegue y aterrizaje en corto). En principio, así lo tienen previsto los turcos, pues no se han desdicho, todavía, de la intención de embarcarlo en el LHD Anadolu, gemelo de nuestro Juan Carlos I.

    Pero aun si considerásemos esta hipotética alternativa, difícilmente se podría hablar de una opción europea. El Hürjet es turco. Ciertamente, los turcos son parcialmente europeos, pero no en el contexto de esa frase. Verdad que somos ahora autoridad de diseño en el Hürjet, aunque, que haya transcendido oficialmente, únicamente dentro del ámbito del entrenador.

    En resumen, esa frase no es verídica. No se ha dicho ni podido decir eso. Simplemente, la decisión acerca del F35B ha quedado aparcada durante al menos 2 años porque antes de ese periodo no hace falta tomar una decisión. En estos dos años puede que ocurran cosas interesantes que den lugar a otras opciones (usar sólo drones de combate, por ejemplo, o el Hürjet naval, o una mezcla de ambos). Estas cosas interesantes incluyen el citado Hürjet naval, cuyas capacidades de despegue y aterrizaje en corto se desconocen a fecha de hoy, pero también dos nuevos LHD, cuyo diseño modificado podría facilitar estas opciones. O no.

    Simplemente, por una vez, han dicho la verdad, tal cual: ahora mismo no es una prioridad.
    Dentro de un par de años, ya veremos.

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