El SAFE se extiende a Canadá y Reino Unido, pero es apenas testimonial en España

El papel estratégico de SAFE: apertura a Canadá y Reino Unido. España, con apenas 1.000 millones, a la cola

El programa SAFE (Security Action for Europe) dice representar uno de los pilares más ambiciosos en la reciente estrategia de defensa de la Unión Europea, ésa que capitaliza el Proyecto Rearm Europe. Adoptado por el Consejo de la UE el 27 de mayo de 2025, SAFE canalizará hasta 150 mil millones de euros en préstamos a largo plazo y con condiciones competitivas, destinados a financiar inversiones urgentes en capacidades militares, cerrar brechas tecnológicas, reforzar la industria de defensa europea y mejorar la preparación operacional de la sfuerzas armadas del continente.

Este instrumento forma parte, como decimos, del plan “Rearm Europe/ Readiness 2030”, orientado a movilizar un esfuerzo conjunto para incrementar el gasto en defensa hasta más de 800 mil millones de euros en los próximos años, todo un desafío habida cuenta de las maltrechas arcas marciales del Viejo Continente. Si tal dispendio ayuda a mejorar realmente tanto la capacidad operativa militar como la autonomía estratégica europea frente a amenazas crecientes, habrá merecido la pena el esfuerzo, pero habrá que tener un cuidado extremo en la distribución y gasto de tal cantidad de dinero, excitando el celo sobre su buen uso, sobre todo si se quieren resultados, y no sólo titulares.

Alcance operativo ampliado a terceros

SAFE financia adquisiciones comunes entre Estados miembros, pero también permite compras individuales cuando la urgencia lo requiere. El programa identifica dos categorías de prioridades:

Categoría 1: munición y misiles; sistemas de artillería, incluyendo capacidades de fuego de precisión profunda; capacidades de combate terrestre; drones pequeños; protección de infraestructuras críticas; ciberseguridad; movilidad militar y contra​-movilidad.

Categoría 2: defensa aérea y antimisiles; capacidades marítimas (superficie y submarinas); drones medianos y grandes y sistemas anti​-drones asociados; habilitadores estratégicos como transporte aéreo estratégico, reabastecimiento en vuelo, sistemas C4ISTAR; activos espaciales; inteligencia artificial y guerra electrónica.

Los contratos deben cumplir con ciertos requisitos industriales: por ejemplo, que al menos el 65 % de los componentes provengan de la UE, de los países del EEE/EFTA o de Ucrania. En proyectos de la categoría 2 se demandan condiciones adicionales, como la capacidad del contratista de modificar los equipos sin restricciones externas, estándares de propiedad intelectual, etc.

Una de las novedades más destacadas de SAFE es ahora su prevista apertura controlada a terceros países. El Consejo de la UE ha autorizado negociar con Reino Unido y Canadá su participación en SAFE, particularmente para que sus empresas puedan estar involucradas en contratos de adquisiciones conjuntas bajo los mismos términos que los Estados miembros, siempre que se acuerden condiciones específicas.

También, países que han firmado asociaciones de seguridad y defensa con la UE, quienes se encuentran en situación de candidatos o potenciales candidatos a la adhesión, y estados del EEE​-EFTA, tendrán posibilidades de participación, aunque no de acceder directamente a los préstamos; sí podrán ser parte de los procesos de adquisición conjunta. Ucrania y EEE/EFTA ya cuentan con un trato equivalente al de los Estados miembros para ciertos fines operativos. Todo lo anterior quiere aumentar la relevancia y amplitud del Programa industrial, hasta llevarlo a un status verdaderamente internacional fuera de la UE.

Las negociaciones con Reino Unido y Canadá apuntan a definir, entre otros aspectos, las condiciones bajo las que productos y compañías de esos países puedan estar en los contratos, los criterios industriales aplicables, posibles tasas por su acceso, y requisitos de interoperabilidad y seguridad de suministro.

Aunque SAFE ya está en vigor desde finales de mayo de 2025, los plazos para presentar planes nacionales de inversión, evaluar las solicitudes, adoptar decisiones del Consejo e implementar los contratos se extienden hacia 2026.

España: el menor de los fondos asignados para uno de los presupuestos más pírricos de la UE/OTAN.

No queremos «personalizar» en España este artículo, pero no nos resistimos a apuntar que la propia web de la Comisión Europea indica una preocupante realidad, cual es que España ha solicitado/recibido la menor cantidad de todos los optantes al fondo SAFE: 1.000 millones de euros. Esa cantidad deberá justificarse en una memoria que habrá de presentarse antes de noviembre del presente año. La extrañeza que supone tan nimia cantidad solicitada por un país, como el nuestro, sin presupuestos de Defensa, con apenas un Plan de 10.000 millones de inversión extraordinaria, y con proyectos que se anulan o caen cada semana, con independencia de su grado de concreción o desarrollo, se explica por sí misma.

SAFE parece consolidarse como un gran plan Marshal de la defensa europea, con ambiciones de internacionalidad fuera de las fronteras de la UE. Puede que sea razonable una extensión a terceros, sobre todo de cara a incorporar tecnologías que pueden aportar e interesar a Europa. El éxito, como siempre, dependerá en gran medida de cómo se negocien los acuerdos con esos terceros, y los que se puedan sumar, de cómo se armonicen estándares técnicos y legales, y de la eficacia con que se ejecuten los proyectos. Si se gestiona bien, SAFE podría transformarse en un catalizador para una defensa europea más fuerte, interoperable y con mayor capacidad de desarrollar sistemas complejos, tecnológicamente solventes y eficaces. Hay actores a Este y Oeste que llevan embarcados décadas en proyectos que sólo Europa ahora está planteando desarrollar. Aunar esfuerzos y disponer las partidas económicas será capital, pero no podemos perder de vista los años de retraso con respecto de las potencias más adelantadas. Lo nuestro ha sido una siesta demasiado larga y trabajar juntos puede estar bien, sobre todo si somos conscientes de que ya no hay tiempo que perder, mucho menos en disputas. En lo tocante a España, se nos acaban los calificativos.

 

Redacción

defensayseguridad.es

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