El aumento del presupuesto de defensa en España: un reajuste necesario en una respuesta tardía, pero aún posible

El anuncio del aumento en el presupuesto de defensa español ha generado un debate intenso en la esfera política, académica y militar nacional. Y ahora, parece que por fin, ha tenido eco en la sociedad.

Durante décadas, la inversión en las Fuerzas Armadas españolas ha sido relegada a un segundo plano, pero llegaron las convulsiones, y el panorama geopolítico ha cambiado radicalmente. Comenzaron entonces a requerirse acciones decididas, que nadie esperaba, encaminadas a revertir el lento declive militar español. Sin que nadie lo esperara, los desafíos globales se desataron, y España, plácidamente recostada en lo que a la destreza marcial se refiere, tuvo que levantarse y afrontar su parte. El mundo ya no era seguro, y había que desempolvar el Cetme.

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Infantería española en maniobras

Los desafíos de España en un mundo inestable

Las amenazas a la seguridad nacional han evolucionado y, con ellas, la necesidad de un refuerzo militar. Según no pocas voces, muchas de ellas expertas del ámbito nacional. Enrique Navarro, analista de defensa, sostiene que «España ha mantenido una postura de bajo perfil en el gasto militar durante décadas, confiando en la protección de la OTAN y en una estrategia defensiva basada en la disuasión diplomática«. Sin embargo, este paradigma ya no parece suficiente. Si bien el tiempo transcurrido sin que ninguna amenaza se concretara sobre el territorio nacional podría dar razón a esta postura de mínimos, la realidad es que sólo una mera cuestión de suerte ha evitado que hasta ahora España tuviera que enfrentar un desafío bélico con los presupuestos menguados y las Fuerzas Armadas en cuadro. Porque, cuando uno no se procura una defensa eficaz, está dejando al albur de la fortuna su destino y su seguridad, en la confianza más ingenua de no ser agredido, sin más razones que la suerte de no serlo.

NORTE DE ÁFRICA (no sólo)

Uno de los principales retos que enfrenta España se encuentra al sur, como desde hace decenios. Marruecos ha aumentado exponencialmente su gasto en defensa con la adquisición de modernos sistemas de armas y una relación cada vez más estrecha con Estados Unidos e Israel. En 2021, el ministerio de Exteriores marroquí ya declaró que «la modernización de nuestras capacidades militares responde a la necesidad de asegurar nuestra soberanía y estabilidad regional«. Sin embargo, a nadie se le escapa que este aumento del poder militar marroquí podría suponer un desafío a la posición española en el Mediterráneo y en sus plazas en el norte de África. No debe olvidarse que la persuasión nacional ha perdido muchos enteros en el Mare Nostrum, por muchos motivos que pueden objetivarse sin error alguno y sin que quepa espacio a la interpretación. Son muchos, pero vale la pena señalar algunos: pérdida de la patrulla marítima a lomos de aeronaves-temporal o no, está perdida en estos momentos-; pérdida casi absoluta del arma submarina; reducción de la pegada de la Armada con la disminución de las escuadrillas de escoltas, pasando de 17 buques de combate de primera línea a sólo 10, 5 de los cuales no soportan la comparación con las corbetas más modestas que puedan navegar por el Mediterráneo; pérdida de la alerta temprana embarcada; obsolescencia de la lucha antisubmarina a bordo de helicópteros; pérdida de la mitad del ala fija embarcada… Para hablar de una verdadera posición propia en el ajedrez diplomático del Mediterráneo hacen falta mejores piezas que las que cursan en el presente. Sólo hay que echar un vistazo a Italia.

Como contrapartida, los dos vecinos del norte africano no han hecho sino escalar enteros en la materialización de unas fuerzas armadas cada vez más completas, cuajadas de material y bien nutridas de efectivos de tropa. Es cierto que el libro de estilo de las adquisiciones del vecino marroquí dista mucho de tener un patrón claro y definido, y las incorporaciones de material responden más -al menos en apariencia- a compras compulsivas a golpe de talonario -a crédito, por supuesto-, pero ahí están, engordando los números marciales hasta límites de inflexión y rotura del equilibrio por el que medíamos nuestra superioridad militar con Rabat, al menos en algunas áreas.

La cuestión argelina tampoco se queda atrás, y se trata de un antiguo amigo despechado, que soltó amarras con respecto a nuestra tradicional relación comercial y política, dando por entendido que España traspasaba todas las líneas del decoro en la nueva y radical postura sobre el Sáhara. Argelia tiene sus propios planes para con Marruecos, qué duda cabe, pero no son los únicos. Las asperezas con España, sobre todo a cuento de los recursos marítimos de las aguas en que limita nuestra soberanía con la suya, son un punto de fricción que está por venir.

submarino
El Isaac Peral, primer submarino S80+ de la Armada. Foto: Navantia

INDO-PACÍFICO

Por otro lado, el Pacífico se ha convertido en un escenario crucial para la política exterior de algunos aliados de España. Para el gran público, el Lago Español queda demasiado lejos, casi tanto como la historia de ese legendario y desconocido sobrenombre que alguna vez tuvo aquel inmenso océano. Aunque las rutas comerciales españolas no son tan importantes en aquellas latitudes, no dejan de estar amenazadas la libertad de navegación, la independencia de Taiwán y la seguridad de las democracias más importantes de la región, como Corea, Australia, Filipinas y Japón, entre otros muchos factores menos atractivos informativamente, pero igual de relevantes.

La posible defensa de Taiwán ante un ataque de China es una cuestión que ha dividido a la comunidad internacional, y la OTAN no ha descartado un compromiso en la región. Jens Stoltenberg, secretario general de la Alianza Atlántica, afirmó en 2023 que «la estabilidad del Indo-Pacífico es clave para la seguridad global, y nuestros aliados europeos tienen un papel que desempeñar«. También Japón, cuya isla más alejada de las principales está a sólo 110 kilómetros de Taiwán, dejó claro su postura al respecto: “Lo que podría suceder en Taiwán probablemente podría ser un problema para Japón, y en ese caso, Japón tendrá que tomar la respuesta necesaria a esa situación”, afirmó Nobuo Kishi, el ministro de defensa nipón durante el gobierno de desaparecido Shinzo Abe. ¿Debería España implicarse en un conflicto tan lejano? Como antes decía, desde el punto de vista estratégico, los intereses nacionales en la región son limitados, pero el compromiso con la OTAN y los socios comerciales de la zona podrían exigir la participación de las Fuerzas Armadas en un escenario inédito. Sin ir más lejos, el recientemente anunciado Plan Armada 2050  dejó a todos atónitos al figurar el Indo-Pacífico entre los objetivos de permanencia a medio plazo de la Institución. Todo un órdago, habida cuenta de la disponibilidad de naves para dejarse ver por allí y, sobre todo, de la errática diplomacia española y su licuada solidez internacional, que tan pronto suma una de las F100 a un grupo de combate norteamericano, como la retira para no ofender a según qué vecinos al paso de los buques.

RUSIA

En el este de Europa, la amenaza rusa sigue siendo el foco de la principal preocupación de la OTAN… y lo será por mucho tiempo aún. La invasión de Ucrania ha sido un recordatorio brutal de que la seguridad europea no puede darse por sentada. Lo que es más lacerante es que haya que seguir recordando éso, que la seguridad es escasa, frágil y volátil. La libertad es un préstamo que se amortiza con gasto, y no todas las sociedades están dispuestas a asumirlo, sobre todo si no se las persuade convenientemente. En caso de una agresión directa contra un miembro de la Alianza, España estaría obligada a responder en virtud del artículo 5 del tratado de la OTAN. «España debe prepararse para un conflicto de alta intensidad en Europa del Este, algo que no ha sido una prioridad en su doctrina de defensa hasta ahora», aseguraba la prestigiosa ejércitos.org. Cierto que no era una prioridad, pero era parte del fundamento de la alianza militar que nos obliga mediante un tratado internacional, nos guste o no.

El papel del presupuesto de Defensa en la estrategia española

Las directrices del Ministerio de Defensa han dejado claro que el objetivo de este incremento presupuestario no es solo aumentar la capacidad militar en términos de personal y equipamiento, sino también mejorar la interoperabilidad con los aliados y reforzar la industria de defensa nacional. El documento de Directiva de Defensa Nacional señala que «España debe garantizar la modernización de sus capacidades estratégicas, la mejora de su capacidad de disuasión y la preparación para escenarios de crisis en distintos frentes«. Todas esas obviedades, cierto es, no pueden ser acometidas sin dinero, sin presupuesto, por lo que daría igual si se siguen repitiendo una y otra vez, hasta el hartazgo, por cada uno de los gobiernos que se vienen sucediendo en Moncloa, porque mientras no se disponga de una eficaz y respetada ley orgánica de financiación de la defensa en España, LOFIDE , los planes de crecimiento, modernización y sostenimiento de las Fuerzas Armadas serán simple papel mojado, al menos en no poca medida.

En este contexto, el errático pero sustancial incremento presupuestario de los últimos ejercicios. más basado en grandes partidas económicas para planes concretos que incluido de forma constante y creciente en los presupuestos anuales, se ha orientado a áreas clave muy necesitadas. Las recientes firmas de adquisición y modernización de material (los Mistral, la modernización de las baterías Patriot, la de la flota de helicópteros, el impulso a las capacidades cibernéticas, el remozado logístico, con nuevas partidas para camiones y vehículos de todo tipo…) son esfuerzos en el buen camino, pero se echa en falta coherencia en las adquisiciones, tiempos más cortos desde el estudio de viabilidad hasta la entrada en servicio del material, transparencia en los concursos y continuidad en las políticas de adquisición. Tampoco hablamos de ampliar el material existente, algo que parece inabordable en España, y para muestra, un botón: la ampliación de la flota de Eurofighter, un sistema vital para cualquier ejército, con ser una noticia magnífica, se hará 1 a 1, es decir, substituyendo un caza antiguo por otro nuevo. No se contempla una mayor disponibilidad de aviones, por tanto.

El desnorte con respecto a otros programas, como el de nuevos vehículos blindados 8×8 Dragón, va camino de ser histórico. Otros se hayan en un estado muy prematuro aún, como el VAR, el VAC, o el más recientemente insinuado de los nuevos carros Leopard 2A8, son, hasta el momento, serpientes de verano de final incierto que no pueden abordarse tan a la ligera en estas líneas.

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Alumnos del EMMOE. Ejército de Tierra

¿Es suficiente el aumento del presupuesto?

El debate sobre si este incremento es suficiente o llega tarde había sido constante en el limitado alcance la la comunidad que se preocupa por estos asuntos, pero escasísima más allá de ella. «La realidad es que España ha gastado históricamente menos en defensa que otros países de su entorno, y este aumento no hace más que acercarnos a la media europea«, apuntaba Enrique Navarro. Mientras que países como Francia, Polonia o Italia han incrementado su gasto militar de forma más agresiva, España ha adoptado un enfoque, digamos, más gradualista… más relajado. Ello que supone no sólo una temeridad, sino un suicidio ante en la más apurada de las situaciones y una desventaja significativa, tanto en términos de adaptación rápida a nuevos escenarios de conflicto como, por supuesto, en la capacidad de enfrentarlos. Como decía hace pocas fechas el almirante Rodríguez Garat, «la primera capacidad que tenemos que recuperar es la de combate«.

Hay quienes argumentan que el problema no es solo la cantidad de dinero asignado, sino cómo se invierte. La burocracia y la lentitud en la toma de decisiones han sido históricamente un obstáculo para la modernización de las Fuerzas Armadas en España y casi que en cualquier lugar del mundo. Un mayor presupuesto no garantiza automáticamente una mejor capacidad operativa si no se acompaña de reformas en la gestión y adquisición de material y, no hay que olvidarlo, de mejoras en la remuneración y las condiciones de la tropa y marinería, que siguen siendo los olvidados de este previsible festín de gasto en que podemos vernos en breve.

Conclusión: una necesidad estratégica, no una opción

El aumento del presupuesto de defensa en España es una medida necesaria indispensable ante la transformación del panorama geopolítico, pero no debe hacerse de cualquier manera, y mucho menos como se está llevando a cabo. Es exactamente al contrario de lo que estamos viendo. El país ya no puede permitirse el lujo de depender únicamente de sus aliados sin aportar una capacidad real de disuasión y respuesta. La correosa situación en Marruecos, la posible implicación en un futuro conflicto sobre Taiwán y la permanente amenaza de Rusia exigen una estrategia clara, de la que carecemos y un compromiso firme, no electoral, no mediático, con la modernización de las Fuerzas Armadas y el crecimiento de su letalidad.

 

Ebujez

defensayseguridad.es

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