Dragón VCR8x8: historia de un Programa desquiciado

EL DÍA DE LA MARMOTA: problemas, retrasos, anuncios de entrega, amenazas, hartazgo y vuelta a empezar. EL DRAGÓN NO LLEGA: ROBLES EXPRESA SU PREOCUPACIÓN Y AMENAZA CON TOMAR MEDIDAS

Interior del Dragón VCR8x8

Tan inexplicable es el retraso en el Programa, así como el incumplimiento, SIN EXCEPCIÓN, en cualquiera de las fechas de entrega del VCR8x8 Dragón, que ayer tuvimos, otra vez, la enésima pose de hartazgo por parte del Ministerio de Defensa, esta vez, todo hay que decirlo, a cargo de la propia ministra, Margarita Robles. Así lo quiso ayer manifestar en una reunión de alto nivel mantenida en la sede de Indra, empresa que desde julio de este año ha asumido la responsabilidad del consorcio Tess Defence. Acompañada por la secretaria de Estado de Defensa y el JEME (Jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra), Robles trasladó directamente a la cúpula de Indra su “preocupación” -en realidad, debería decirse frustración- por los reiterados e inaceptables retrasos del programa 8×8 Dragón.

Preocupación que ya era conocida, pública y oficial, por cuanto que las ocasiones anteriores así se transmitió. Robles advirtió que el equipo ministerial “se reserva las acciones oportunas” si la situación no se corrige, y pronto. Es la primera vez que el Ministerio de Defensa lanza una advertencia quizá tan directa desde que se firmó el contrato con el consorcio en agosto de 2020. Y no es para menos; el problema es que se agotan las escenificaciones de hartazgo, en una sucesión ya cotidiana, cada cierto tiempo, de declaraciones oficiales en este sentido, al punto de que ya empieza a ser anormalmente usual levantar la mano pero no dar la bofetada. El problema es que nadie quiere hacer lo que se debería hacer: cancelar el Programa; y todo se vuelve un continuo malestar, jalonado de advertencias, anuncios de próximas entregas, y vuelta a los retrasos; para retornar de nuevo al principio de todo, en una sucesión exasperante de los mismos acontecimientos; el día de la marmota desde hace demasiados años. Ya es suficiente.

Y no es que no creamos que el Dragón, bien construido, dotado de todo lo necesario, entregado en tiempo, operativo y funcional, sería un magnífico vehículo, probablemente de los mejores de su clase, si no el mejor. No es éso, es que no tenemos vehículo, ni parece que vayamos a tenerlo a corto plazo. Y lo que es peor, tampoco sabemos si, una vez entregados, vayamos a tener realmente lo que se firmó, lo que se prometió.

Uno de los demostradores del Dragón, que en breve necesitarán de modernización…

Hace poco más de un mes lo advertíamos: ya no se puede seguir ocultando lo evidente, el Dragón es un programa atrapado en su propio laberinto de promesas incumplidas, retrasos encadenados y cifras que no se traducen en vehículos operativos en manos del Ejército. A pesar de los reiterados anuncios -en julio, agosto y septiembre, por hablar sólo de los más recientes- de que se entregarán entre 60 y 80 unidades antes de que acabe el año, la realidad es que ni una sola ha sido oficialmente transferida a una unidad operativa. Estamos en octubre. Pero igual ocurrió en febrero, abril…

Desde Indra y Santa Bárbara Sistemas se insistía en que “hay 127 barcazas fabricadas, 74 vehículos en montaje, 43 en Sevilla, y otros 40 pendientes de pruebas”. Lo mismo que dijeron 3 meses antes. Cifras que se repiten como una letanía, pero sin resultado tangible. El Dragón no llega, y la paciencia, en este caso sólo la institucional, se agota. De la credibilidad menor no hablamos.

La entrevista -este verano- a Plácido Puentedura, director de la planta de Santa Bárbara en Alcalá de Guadaíra, fue un nuevo ejercicio de déjà vu. El responsable de las instalaciones de Sevilla aseguraba que había 25 vehículos listos para entregar, pero también admitía que falta “coordinación con el Mando de Apoyo Logístico del Ejército”. ¿A estas alturas? ¿Después de 5 años de contrato, más de una década de planificación y fabricación, y casi 20 desde los primeros conceptos del Programa?

El Ministerio de Defensa, que apostó políticamente por nacionalizar hasta un 70% de los componentes del Dragón, se enfrenta ahora a las consecuencias de esa decisión: integración compleja, cuellos de botella técnicos -especialmente, se dice, en la transmisión SW624 de SAPA y su integración con el motor Scania DC13- y una gestión fragmentada que ha dejado al programa sin un integrador real, aunque oficialmente Tess Defence deba asumir ese rol.

Los fallos son numerosos y están documentados. Un decálogo al respecto de Joaquín Santiago Rubio, que publicamos también recientemente, detallaba los problemas, que van desde incompatibilidades motrices hasta la cancelación de una versión completa del vehículo por “dificultades técnicas no aclaradas públicamente”. No se trata de un fallo puntual. Se trata de un fallo sistémico.

La integración electrónica -a cargo de Indra- sigue sin estar certificada, hasta donde sabemos. Las pruebas con la torre de 30 mm -responsabilidad de Escribano- no comenzaron hasta 2024.

También es oportuno recordar la noticia, publicada por vozpópuli, según la cual Santa Bárbara y SAPA habían alcanzado un pacto para resolver los fallos estructurales del sistema motopropulsor.

Es casi mejor no traer más informaciones, porque prácticamente todas carecen de concreción posterior, y no haríamos más que acumularlas.

La ministra Robles ha dicho basta, sí, pero tarde. El programa Dragón se ha convertido en una losa que ya arrastra consecuencias reputacionales para la industria de defensa nacional y para el propio Ministerio. Se han ejecutado fondos, se han hecho anuncios, se han puesto fechas… pero los blindados no ruedan. Y el Ejército de Tierra sigue esperando.

No hacen falta más visitas institucionales, ni más fotos, ni más titulares. Lo que hacen falta son vehículos operativos. Y si no llegan pronto, lo que debería llegar es una auditoría a fondo del programa, una reestructuración completa del consorcio, y, si es necesario, la ejecución de penalizaciones contractuales.

 

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

 

 

3 respuestas

  1. Lagartito, y con muletas, a lo sumo. Una pena, más, del desprestigio de nuestra industria. SAPA: un sapo que nos hemos tragado. Escribano, ni escribe ni nada. Sólo le preocupa autovenderse la empresa, punto. La ministra, el gran fiasco del gobierno. ¿Quién lo sufre? Los ejércitos. Para llorar.

  2. Me da vergüenza ajena – como espanol y como ingeniero …
    Tanta incompetencia : tecnica – industrial y falta de organizacion . Son indignas !
    Nuestras fuerzas armadas no se merecen esta «chapuza» !
    Anulen el programa !
    No es ni será viable . Punto !

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