defensayseguridad.es -Internacional/OTAN- Submarinos nucleares para Grecia: la sugerencia de Fabrice Wolf no es baladí

Sobre la cooperación militar franco‑griega en un siguiente nivel

Consideraciones del artículo de Fabrice Wolf (Meta‑Defense, 2 de agosto de 2025)

 

Grecia frente a Turquía: un viejo y nuevo contexto estratégico

Rafale de la Fuerza Aérea Helénica. Foto extraída de Meta-Defence

En defensayseguridad queremos dar una vuelta al artículo de Meta Defence de ayer -2 de agosto-, donde su autor, Fabrice Wolf, señalaba que el rápido desarrollo de la industria militar turca, desde el programa MILDEN de submarinos nacionales hasta la próxima generación Kaan de cazas- plantea un grave desequilibrio frente a Grecia, cuyo presupuesto de defensa -3.5 veces menor- y población -8 veces menor- son sensiblemente inferiores a los de Ankara. En este contexto, Atenas depende hoy de tres aliados: EE. UU. -volátil-, Israel -fiable pero en problemas- y Francia -libre y con capacidades completas que ofrecer-. Sin embargo, mientras EE. UU. mantiene una postura ambivalente y Turquía sigue siendo un estado clave dentro de la OTAN, Francia emerge como el único país con un acuerdo de defensa bilateral firme con Grecia.

Los lazos entre París y Atenas son estrechos; cada vez más, de hecho. Grecia fue pionera en Europa en adquirir el Mirage F1 y Mirage​​2000, y en 2021 firmó con Francia la compra de 24 Rafale y 3 fragatas FDI, reforzando una conexión militar e industrial significativa. Además, Atenas cuenta con una industria local que permite colaboración tecnológica con Francia, con la que lleva décadas de estrecha colaboración.

Programas clave para profundizar la cooperación franco-helénica

Wolf identifica 3 áreas prioritarias:

Submarinos de ataque nuclear (SSN). Grecia opera hoy 10 submarinos convencionales (6 Tipo 209 y 4 Tipo 214), frente a 13 de Turquía, que incrementará esa flota con 5 nuevos Reis. Ante esta realidad, propone dos alternativas: adquirir submarinos convencionales de gran tonelaje (tipo S‑80 español o Blacksword Barracuda) a partir de 2035, o avanzar ahora en la compra de SSN franceses de la clase Suffren. Estos últimos, mucho más rápidos y de mayor alcance, ofrecerían un multiplicador de fuerza que podría resultar decisivo en el Egeo.

Misil balístico MRBM. Aunque menos detallado, Wolf menciona la necesidad para Atenas de contar con un misil balístico de alcance medio (MRBM) para disuadir capacidades turcas crecientes, sobre todo a la vista de los enormes avances que ha realizado Turquía en este campo (Tayfun).

Rafale equipados con capacidades de guerra electrónica. La aviación griega requerirá pronto de capacidades avanzadas de guerra electrónica, que Francia podría suministrar a través de sus Rafale modernizados (F4) como activo indispensable.

Parada naval turca. Foto extraída de Meta-Defence

La guinda de pastel: submarinos nucleares franceses para Grecia.

De todos los ámbitos de colaboración que plantea Wolf, el más significativo de todos, por lo que supone, por lo que representa en cuanto a capacidad de disuasión, es el de los submarinos nucleares. El auténtico baluarte de una capacidad que prevenga futuros conflictos y logre un equilibrio que Atenas está perdiendo en la carrera de lo convencional con Turquía.

Obviamente, los SSN galos ofrecerían velocidad de despliegue, y podrían intervenir mucho antes que los submarinos convencionales, permitiendo reubicarse rápidamente y responder a crisis súbitas en el Egeo. Además, dotarían de superioridad estratégica a Grecia, ofreciendo un dominio del mar más eficaz, con mayor alcance y permanencia bajo el agua comparado con alternativas convencionales.

 

En lo político, Francia busca fortalecer de la alianza franco‑helénica y capitalizar una relación bilateral ya consolidada sobre una base industrial local que permitiría una cooperación tecnológica y logística sólida. Francia ha identificado a la perfección un socio necesitado, atrapado en un contexto difícil.

Hay otros amigos para Atenas. En el Levante Mediterráneo también está Israel, que mantiene fuertes vínculos con Grecia, y es un socio fiable de ésta, pero tiene sus problemas, no pocos, no menores.  Pese a todo, ambos tienen en común al adversario que protagoniza estas palabras: Turquía. Todo ello es fuente de entendimiento y acuerdo, y hace fáciles las relaciones, pero Israel tiene su propia lectura del contexto, y debe medir todos los movimientos con detenimiento, precisando sus acciones bajo un prisma con muchas más aristas que los griegos, que concentran, en esencia, una sola amenaza; mientras que Israel tiene tantas de ellas como vecinos.

Así las cosas, y vista la veleta en que parece haberse convertido Washington, Wolf da por hecho de que sólo Francia puede abastecer a Grecia de todo lo necesario para mantener el tipo frente a las ambiciones turcas.

Fragata helénica de la clase FDI, obra de Naval Group

 

Pero volvamos sobre los submarinos nucleares y la posibilidad de concretar.

 

Wolf plantea con claridad que, ante la intensificación de la competencia turca y la incertidumbre del apoyo occidental -especialmente de Washington, como decíamos-, Grecia tiene ante sí la oportunidad de consolidar una alianza de defensa avanzada con Francia, si ya no lo es de por sí. Según el autor, la opción de adquirir ahora submarinos nucleares franceses permitiría no solo equilibrar rápidamente la balanza estratégica en el mar Egeo, sino también institucionalizar una cooperación militar industrial de alto nivel. La intención de Ankara de dotarse con submarinos nucleares debe entenderse como más que factible, sobre todo si consideramos que durante los últimos 20 años, Turquía ha ido cumpliendo escrupulosamente todos sus planes de armamento y expansión de gasto.

Pero la realidad pesa y, para Grecia, la adquisición y operación de SSN resultará extremadamente costosa. Atenas deberá evaluar si puede asumir el coste a largo plazo sin comprometer otros ámbitos de defensa, lo que no parece factible con los guarismos actuales, aunque no sea descartable en un escenario del 5% de gasto, en línea con lo aprobado en la cumbre de La Haya.

No menos importante que la cartera, es la soberanía. El control griego sobre los submarinos podría estar sujeto a condiciones políticas y dependencia del proveedor francés, algo que Atenas debería negociar con claridad, sino quiere disponer de un sistema de armas de primer nivel sometido a una servidumbre de operación que limite sus posibilidades.

Submarino SSN francés clase Suffren. Foto: Meta-Defence

Tampoco es menor la cuestión del escenario. Grecia debe considerar muy detenidamente el impacto geopolítico de desplegar SSN en aguas regionales dentro del marco de la Alianza Atlántica, en aguas con una rivalidad manifiesta, cuajadas de reclamaciones de dominio y soberanía por parte de Atenas y de Ankara. Los litigios que arrastran ambos socios de la OTAN no son pocos, y aunque las deflagraciones cercanas a la región -Ucrania, Israel- han actuado como mitigadores de su divulgación mediática, la rivalidad sigue ahí, latente, incluso más intensa cada vez, entre griegos y turcos.

Decidirse por adquirir SSN requerirá, en todo caso, un análisis riguroso sobre costes, soberanía operativa, condiciones de transferencia tecnológica y escalada regional. Lo que Wolf presenta no es una fantasía, sino una propuesta seria, aunque en el dominio del lujo, podríamos decir.

Aprovechar capacidades francesas maduras para responder al peligro creciente desde Turquía y construir una arquitectura defensiva común es factible entre París y Atenas, lo que ya no lo es tanto es destinar la cuarta parte del presupuesto de defensa a un sólo submarino (6.130 millones en 2025/1.500 millones de costo de un Suffren).

 

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

 

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