Cuando pequeños países toman grandes decisiones

Dinamarca busca armas de precisión de largo alcance. Ataque profundo y golpeo preventivo.

Misil Storm Shadow. Foto: omicrono

Ya no es que Dinamarca esté dando pasos de gigante en lo que su Gobierno ha decidido que sea una estrategia de defensa redimensionada (artillería de costa, nuevo plan naval, F-35…), es que se plantea adquirir capacidades que, hasta ahora, estaban reservadas a países considerados como potencias militares muy relevantes. Ahora, Copenhague parece estar detrás de adquirir, por primera vez, armas de precisión de largo alcance.

Como decimos, no es sólo que la noticia, de concretarse, conlleve un cambio doctrinal de gran envergadura, descrito por las autoridades danesas como un «paradigm shift» en la forma de entender la disuasión moderna, es que hablaríamos de una reevaluación regional completa de los equilibrios (no olvidemos que, Kaliningrado -el enclave ruso inserto entre Lituania y Polonia, dista apenas 700 kilómetros de Dinamarca-. En palabras del Ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen, se trata de «una nueva capacidad que nos permitirá alcanzar objetivos enemigos antes de que ellos puedan atacarnos«.

La iniciativa surge en respuesta a la amenaza persistente que representa Rusia en el flanco oriental de Europa. Aunque el gobierno danés ha aclarado que no hay una amenaza directa o inminente contra su territorio, considera igualmente que el entorno de seguridad ha cambiado desde la invasión rusa de Ucrania. La Primera Ministra Mette Frederiksen afirmó: «Rusia representa la mayor amenaza para nuestra seguridad. Por eso debemos estar preparados para prevenir, disuadir y, si es necesario, defendernos».

La nueva capacidad de ataque a distancia quiere ser lo más completa posible y no limitarse a una suerte de efectores únicos. Así, incluirá misiles de crucero, municiones de largo alcance y vehículos aéreos no tripulados (UAVs), capaces de neutralizar amenazas antes de que se activen. Sorprende la naturaleza preventiva que Dinamarca quiere dar a esos sistemas de largo alcance. En boca de un país europeo, lo preventivo, al menos en defensa, no es un habitual en el menú de las doctrinas de militares.

Por supuesto, los sistemas que se quieren adquirir permitirían a Dinamarca, además de garantizarse un plus de seguridad e integridad mayores, hacer una contribución sobresaliente, mucho más eficaz, a la defensa regional y colectiva en el seno de la OTAN. Para muestra de la determinación con que Copenhague se ha tomado esta posibilidad de disponer de un rayo de la guerra, y que alcance más allá de las fronteras cercanas del adversario, el ministro Poulsen subrayó, en declaraciones recogidas por Reuters, que se busca la «capacidad de golpear profundamente (‘strike deep’) en el territorio enemigo».

El cambio doctrinal no llega de forma aislada. Como decíamos, se complementa con la mayor inversión militar en la historia del país: sólo en defensa antiaérea de medio y largo alcance ya se habían previsto 58.000 millones de coronas danesas (aproximadamente 9.200 millones de dólares), además del resto de planes de modernización y adquisición.

Dinamarca se apunta así a una doble estrategia, ofensiva-disuasiva por un lado y defensiva por otro, configurando así una perfil relevante, sólido y, en apariencia, dispuesto a ser creíble cuando la situación lo merezca, sobre todo ante escenarios de alta intensidad.

Según informó defensenews.com, el Ministerio de Defensa ha encargado a su Agencia de Adquisiciones que explore el mercado internacional para identificar sistemas compatibles con las plataformas actuales de las que dispone Dinamarca, como los F-35, para el caso de misiles aire-tierra. Entre los candidatos encontrarán un catálogo moderadamente amplio del mercado si repara en los muy probados y eficaces productos norteamericanos (Tomahawk, el AGM-158 JSSM…), pero, si la idea es producto doméstico europeo, ahí estarían las MBDA (Taurus) o Kongsberg (NSM) o, incluso, podría unirse a proyectos en desarrollo, como el ELSA (European Long Strike Approach), que busca concretar un misil de crucero de unos 1.500 kms de alcance en unos pocos años.

 

El objetivo de Dinamarca no es tanto adoptar una política ofensiva, sino asegurar una disuasión creíble y eficaz. En este sentido, es el Gobierno el que enfatiza su enfoque preventivo, a decir de Poulsen «Estas armas no están destinadas a atacar primero, sino a garantizar que otros actores no se atrevan a hacerlo«, lo cual, todo hay que decirlo, entra en abierta contradicción con las declaraciones anteriores de «atacar objetivos enemigos antes de que ellos puedan atacarnos«. En cualquier caso, todo es interpretable.

El debate sobre la necesidad de integrar capacidades de «strike deep» -ataque profundo- refleja una tendencia creciente en Europa, o al menos en una parte de ella, que parece querer quitare el «conservadurismo defensivo«, y adoptar un perfil amplio, más vigoroso, donde no haya que esperar necesariamente a ser atacado para responder. En ocasiones, la comprensión de que una defensa basada exclusivamente en la interceptación ya no es suficiente ante amenazas modernas, y que esas amenazas pueden ser lanzadas desde largas distancias o mediante medios hipersónicos y no tripulados, puede resultar productiva y hacer reconsiderar la postura propia y, sobre todo, cuestionar positivamente el disponer de modos de respuesta igualmente letales y estratégicos. La posibilidad de alcanzar los vectores ofensivos enemigos en su fase inicial se empieza a tener en cuenta, y será cuestión de tiempo que termine por considerarse esencial para la supervivencia de infraestructuras críticas y centros de mando.

Dinamarca, que en las últimas 2 décadas había centrado su defensa en contribuciones expedicionarias y operaciones de paz, es decir, en la solaz nadería en que había caído gran parte de Europa, se reconfigura ahora como un país capaz, que quiere ser capaz de proyectar poder con un alcance estratégico real. Y ésto, viniendo de un pequeñísimo (obviemos Groenlandia) país del Norte, debería hacer reflexionar al resto de potencias europeas, especialmente a España, que, además de compartir la amenaza rusa con el resto de socios y aliados europeos, mantiene intactas las tiranteces de su vecindario.

 

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

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