Disquisiciones sobre la flota de la Royal Navy cuando los números no alcanzan y el presupuesto ya no estira más

Redacción
El artículo de Navy Lookout publicado este viernes último, 20 de marzo, acierta en lo principal, porque no está describiendo un tropiezo administrativo, sino un método. Cuando el dinero no alcanza, el Ministerio de Defensa británico difiere programas, reduce ambición y compra tiempo a costa, cómo no, de encarecer el resultado final. El punto de partida del texto es que la NAO (Oficina Nacional de Auditoría) cifró en 16.900 millones de libras el desfase del Equipment Plan 2023–2033, y Jeremy Pocklington reconoció ante el Parlamento que el Defence Investment Plan (Plan de Inversión en Defensa) seguía atascado dentro del Gobierno.
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Representación del futuro Type-83. navylookout.com
Lo más valioso del análisis es que no se detiene en la queja presupuestaria, como, por otra parte, seria natural, y baja al terreno donde de verdad se mide una marina, que es en qué programa sobrevive y a cuál le toca esperar. Es ahí donde Navy Lookout coloca a la Royal Navy, ante una disyuntiva poco confortable pero real entre FADS/Type 83 (Sistema de Dominio Aéreo Futuro – el futuro destructor Type 83) y MRSS (Buque de Apoyo Multiusos). La realidad es que no estamos ante una discusión académica ni ante una carta a los Reyes Magos navales. Estamos ante la definición práctica de qué clase de flota podrá sostener el Reino Unido dentro de 10 ó 15 años sin entrar en el terreno de los sueños.
En el caso del FADS, el artículo da en el blanco cuando distingue entre aplazar la entrada en servicio y dejar sin combustible la fase de concepto y evaluación. Lo primero puede ser manejable; lo segundo sería mucho más serio. Si el substituto del Type 45 se concibe, como sostiene el texto, no sólo como un destructor sino como un conjunto integrado de sensores, misiles, guerra electrónica y plataformas no tripuladas, cortar ahora ese trabajo de base sería una forma impecable de fabricar una brecha futura con apariencia de prudencia. Ahorrar hoy en pensamiento, diseño y maduración tecnológica suele salir carísimo mañana.
También es convincente la advertencia sobre el espejismo de los Type 45. Sí, prolongar algunos años su vida útil no equivale por sí solo a una catástrofe; el propio artículo recuerda que aún tienen recorrido y que siguen recibiendo mejoras. Pero convertir esa extensión en solución sería otra cosa. El texto subraya que la defensa aérea de la flota y, en parte, la defensa soberana frente a ciertas amenazas, descansan sobre un número muy reducido de unidades disponibles. Éso no da margen para la autocomplacencia; da margen, como mucho, para ganar algo de tiempo.
El otro acierto de la pieza está en tratar el MRSS como un competidor presupuestario de primer orden y no como una nota al pie. Si la Royal Navy quiere substituir a los Albion, a los Bay y al Argus, sostener la Future Commando Force, conservar capacidad litoral, apoyo logístico y componente aéreo, pero al mismo tiempo ve cómo la fase competitiva de diseño no despega y el calendario ya se desplaza, el problema no es semántico, sino material. El riesgo no es sólo que falte dinero, es que el dinero llegue tarde a demasiadas cosas a la vez; algo, por desgracia, muy habitual en este tipo de inversiones que, por lo general, terminan en enormes dispendios marciales no siempre sostenibles.
Donde el artículo se endurece más es en su remate político para entrar de lleno en la impugnación de prioridades del Gobierno. Es una deriva comprensible en una publicación de opinión, aunque no es la parte más fuerte del texto. La parte verdaderamente sólida no está en la comparación final con otras partidas públicas, sino en una idea mucho más descarnada: si Londres sigue aplazando decisiones, no será el almirantazgo quien decida la flota del futuro, sino la contabilidad de hoy día. Y una flota dibujada por hojas de cálculo suele descubrir sus carencias cuando ya es demasiado tarde para corregirlas.
Navy Lookout no ofrece una profecía, sino una advertencia seria al Gobierno sobre su Marina de Guerra. Se podrá discutir el tono, pero no el nervio del argumento. Si el Reino Unido retrasa el Plan de Inversión en Defensa, enfría el FADS/Type 83 y deja que el MRSS siga derivando, la Royal Navy no sufrirá un gran colapso repentino, sino algo peor, una pérdida gradual de masa, de credibilidad y de opciones. Y éso, en una marina que pretende seguir dando números en el Atlántico Norte, en el flanco europeo y allá donde sea menester, no es un detalle a despreciar, es el principio del problema.
Redacción
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