Gripen en Canadá: hipótesis razonable para una flota mixta

En medio de una gira diplomática cuidadosamente orquestada, la delegación sueca en tierras canadienses, encabezada por el rey Carlos XVI Gustavo de Suecia, acompañado de su ministro de defensa, Jonson, ha puesto sobre la mesa algo más que una visita protocolaria: la posibilidad, por qué no, de que Canadá adopte una flota mixta de cazas de combate formada por el F-35A y el Saab Gripen E. Una propuesta ambiciosa, sí, pero no tan descabellada como podría parecer si se analiza con honestidad la coyuntura industrial, operativa y política de Ottawa. De ese modo, Canadá no tendría que renunciar a las formidables capacidades del caza furtivo de Lockheed Martin, el cual ofrece ventajas operativas innegables y, al mismo tiempo, se haría con los servicios de una montura menos compleja, pero perfecta para otros menesteres, igualmente importantes.
La idea, según declaraciones del ministro sueco de Defensa, Pål Jonson, se enmarca dentro de la urgente necesidad de expandir la capacidad de producción del Gripen para responder a la eventual transferencia masiva de unidades a Ucrania. Para ello, Canadá —con su histórico músculo aeroespacial, liderado por Bombardier— aparece como un candidato lógico para absorber parte de esa carga industrial. Pero, en paralelo, y más allá del componente altruista del apoyo a Kiev, esta posibilidad abre una ventana de oportunidad para los intereses industriales canadienses.
¿Por qué tendría sentido una flota mixta?

Canadá tiene previsto recibir 88 cazas F-35A a partir de 2028, si finalmente no se malogra el acuerdo, que recordemos está en evaluación desde la llegada de Trump al poder y sus exabruptos diplomáticos sobre Canadá, los aranceles comerciales y su propuesta de unión a los EE.UU. El F-35 de Lockheed Martin está concebido como una plataforma de superioridad aérea furtiva de 5ª generación, con funciones de penetración profunda, guerra electrónica, ISR (inteligencia, vigilancia y reconocimiento) y dominio del espectro electromagnético. Es una aeronave costosa, técnicamente compleja y extremadamente capaz, pero no está pensada para ser un “caballo de batalla” para tareas cotidianas o patrullas de soberanía aérea prolongadas en entornos de baja/media intensidad.
Aquí es donde el Gripen E encuentra su hueco. Diseñado para operar desde pistas cortas y mantener bajos costes de ciclo de vida, el Gripen cumple perfectamente con misiones de intercepción aérea, defensa del espacio aéreo nacional, policía aérea NORAD y disuasión regional. Es, además, completamente interoperable con sistemas OTAN (Links 16 y 22, como informaba la propia delegación sueca -breakingdefense.com-), y su arquitectura abierta permite adaptaciones rápidas sin depender exclusivamente de decisiones del Departamento de Defensa de EE. UU.
Si se asumiera una repartición racional de funciones, el F-35 asumiría las operaciones expedicionarias de alta intensidad y misiones de primer día de guerra, mientras que el Gripen cubriría la defensa aérea del extenso territorio canadiense, la respuesta rápida y la patrulla del Ártico, con una fracción del coste operativo del F-35.
¿Y la industria?
La oferta sueca incluiría, sin lugar a dudas, la transferencia completa de tecnología, la instalación de una línea de ensamblaje final en Canadá y hasta 10.000 empleos, según fuentes suecas y canadienses. Esta dimensión industrial no es un detalle menor, sino todo lo contrario. Canadá lleva décadas buscando recuperar parte del tejido industrial perdido tras años de dependencia en adquisiciones llave en mano de Estados Unidos. Ya en 2020, Saab ofreció un atractivo inmejorable: instalar 2 centros de producción en Quebec, en el marco del concurso sobre la renovación de los F-18.
La colaboración Saab-Bombardier ya existe en el programa GlobalEye AEW&C, lo que convierte la idea en una extensión lógica más que en una construcción desde cero. Canadá podría convertirse no sólo en usuario del Gripen, sino en proveedor global para mercados emergentes como Colombia, Tailandia o incluso Ucrania, si se concreta la transferencia masiva a Kiev de ese centenar y medio de cazas Gripen.

¿Es viable políticamente?
Mark Carney, 1er ministro canadiense, ha mostrado interés en revisar los términos del programa F-35 a raíz, como decimos, del endurecimiento comercial de EE. UU., principalmente. Esto abre la puerta —aunque sea parcialmente— a explorar alternativas o al menos a diversificar riesgos estratégicos.
Además, la referencia de Jonson al modelo de defensa aérea nórdico es pertinente. En el entorno OTAN, no todos los aliados vuelan el mismo caza. Dinamarca, Finlandia y Noruega operan el F-35; Suecia mantiene el Gripen; sin embargo, todos cooperan bajo un paraguas doctrinal común. En otras palabras: la interoperabilidad no exige homogeneidad absoluta, sino integración técnica y doctrinal. Y eso ya lo ha demostrado la OTAN.
Una decisión que suma, no resta
Lejos de ser una vuelta atrás, contemplar una flota mixta no implica renunciar al F-35, sino optimizar su uso. De hecho, dudamos de que Canadá se replantee la adquisición del caza de Lockheed Martin; acaso considere una reducción del número de aviones, pero poco más, a nuestro juicio. En lugar de operar 88 unidades para todo tipo de misiones, Canadá podría considerar operar, por ejemplo, 60 F-35A y 30 Gripen E, o incluso mantener los 88 F-35 previstos y añadir un par de escuadrones de Gripen ensamblados en suelo canadiense.
El resultado: una combinación más flexible, más resistente ante shocks logísticos o geopolíticos, y con un dividendo industrial considerable.
A más de todo lo anterior, conviene olvidar que Suecia ha comenzado los pasos para desarrollar sus conceptos de caza del futuro, de momento en solitario, y que Canadá, bien posicionada si adquiriera el Gripen, podría estar en un inmejorable punto de partida para unirse a los estudios y desarrollos de la aviación furtiva de Estocolmo que, no lo olvidemos, ha recibido 2.300 millones de euros para continuar sus trabajos.
En resumen, la pregunta no es si Canadá puede permitirse una flota mixta. La pregunta es si puede permitirse no considerarla.
Créditos: aviaciononline.com y Fuerzas Aéreas canadiense y sueca
Redacción
defensayseguridad.es

