Bogdana-BG: cuando la guerra obliga a desaprender

La experiencia de la 147.ª Brigada de Artillería Independiente ucraniana con la pieza remolcada Bogdana-BG

Un retrato de la guerra en la que la supervivencia, la reparación rápida, la integración con drones y la disciplina logística pesan ya tanto como el alcance o la movilidad

¡Fuego!

 

Jorge Estévez-Bujez

Hay artículos que informan, y hay otros que, además, obligan a corregir la mirada. Éste no es uno de ellos, pero sí el reportaje publicado por Oboronka y firmado por Vladyslav Khristoforov, que pertenece, por derecho, a esta segunda categoría, porque no se limita a contar cómo combate la 147.ª Brigada de Artillería Independiente ucraniana con la pieza artillera Bogdana-BG: lo que hace, en realidad, es plantearnos una realidad que hace años (los mismos que dura la guerra) viene siendo noticia, cual es el renovado protagonismo de sistemas que muchos daban por superados.

Aquí pueden leer el artículo completo sobre la pieza Bogdana y sus artilleros, de Vladyslav Khristoforov

Lecciones del proletariado artillero

Durante años se repitió que la artillería moderna debía ser cada vez más móvil, más automatizada y más protegida. Y era una idea razonable; y lo sigue siendo. Es cierto. El problema es que el frente ucraniano no responde a los catálogos ni a los powerpoint, ni siquiera a los planteamientos teóricos pre-bélicos. Responde a otra lógica: todo lo grande se ve, todo lo que se ve se persigue, y todo lo que tarda en salir de posición corre un riesgo creciente de no volver. En ese paisaje, la vieja pieza remolcada, bien camuflada, enterrada en una posición trabajada a mano y sostenida por una disciplina férrea, deja de parecer una reliquia y empieza a parecer una respuesta práctica. Pese a todo, pese a drones y contrabaterías, la remolcada respira.

Ese es, quizá, el primer argumento del texto de Khristoforov. No presenta a la pieza Bogdana-BG como substituta milagrosa de la artillería autopropulsada. La presenta como producto de una adaptación forzada. Ucrania no renuncia a la movilidad del CAESAR ni a las ventajas del tiro moderno; lo que hace es aceptar que el campo de batalla castiga cada vez más el volumen, la firma visual y la exposición. Por eso la pieza remolcada gana espacio. No porque sea mejor en todo, ni en la mitad, sino porque encaja mejor en ciertas condiciones.

Servidores de una pieza Bogdana

 

La lección del reportaje no es “lo remolcado es superior”, es algo más serio: la supervivencia ha entrado en la ecuación con un peso brutal. Antes uno podía discutir sobre alcance, cadencia, automatización o comodidad de la dotación. Hoy hay que añadir otra pregunta: ¿cuánto tarda en ser detectado, golpeado y reparado el sistema? Y en esa comparación la Bogdana-BG, siempre según sus usuarios, presenta cartas que merecen atención.

La segunda enseñanza del artículo es todavía más importante. El titular sobre el “rifle de francotirador” puede invitar a pensar en una pieza excepcional por sí sola, casi autosuficiente. Pero el propio texto se encarga de desmontar esa lectura simplista. La precisión no depende solo del metal; depende del método, y éso es algo que ya está inventado: coordenadas correctas, meteorología actualizada, temperatura de carga, selección adecuada de espoleta, ajuste continuo desde dron, transmisión limpia de órdenes y una cadena de mando que no se rompa. Éso es lo que convierte un cañón en un instrumento preciso. Sin ese trabajo, no hay milagros. Artilleros tiene la guerra para ilustrarnos en ese sentido.

Dicho de forma llana: la guerra moderna premia menos al arma aislada y más al sistema completo. Un obús puede ser excelente y aun así rendir mal si falla el dron que observa, el enlace que transmite, el cálculo que corrige o el equipo que sostiene la posición. Por todo ello, el reportaje resulta valioso: porque cuenta la artillería no sólo como tubo y cureña, sino como una red. Monitores, transmisiones, observación aérea, coordinación entre baterías, circulación de datos y confirmación visual de efectos. La artillería, en ese relato, ya no es una rama separada del resto; es un nodo más dentro de una guerra profundamente conectada.

Hay, por último, un tercer aspecto del texto que merece subrayarse: la ventaja de lo reparable. En tiempos de fascinación por la electrónica, la automatización y la sofisticación, el reportaje recuerda una verdad bastante menos glamurosa: y es que, en combate, a menudo sobrevive lo que puede volver al servicio con rapidez. Los mandos citados explican que los daños en la Bogdana-BG suelen poder resolverse en plazos cortos, precisamente por su sencillez mecánica relativa. Suena prosaico porque lo es, pero en una guerra de desgaste éso vale mucho. Muchísimo.

El terreno nunca lo pone fácil

La pieza no es un milagro, pero sirve

Pero tampoco vamos aquí a idealizar nada. El propio artículo no lo hace. La Bogdana-BG es más pesada que el M777, exige tractores potentes, sufre en el barro, depende de una logística muy expuesta y obliga a organizar movimientos nocturnos, puntos intermedios de abastecimiento y posiciones preparadas con antelación. El artículo deja claro que sostener una artillería remolcada cerca del frente no es sencillo ni barato en esfuerzo humano. Cada desplazamiento es una pequeña operación. Cada relevo, cada entrega de munición y cada extracción del arma requiere cálculo, protección y, muchas veces, suerte. Porque la guerra (tanto la actual, como todas las anteriores) no sólo castiga al arma; castiga a toda la cola logística que la mantiene viva. El camión tractor, el vehículo de munición, la ruta embarrada, el puesto de transferencia, el equipo que cava, el pequeño grupo que protege la pieza de los FPV, la guerra electrónica que intenta abrir una ventana de seguridad. Todo ello forma parte del arma tanto como el cierre o el tubo. Quien mire sólo el sistema y no el ecosistema se quedará con media foto, como la mayoría de nosotros hasta que nos lo explican.

También resulta llamativo el modo en que la crónica introduce el uso de Brave1 Market y de incentivos ligados a resultados confirmados. ¿Recuerdan ustedes el magnífico artículo de Juanjo Fernández en El Confidencial sobre el Uber Target, publicado el pasado 12 de febrero?  Juanjo nos hablaba entonces del novedosísimo Uber Target ucraniano, ese sistema digital que ha transformado la guerra en una especie de gig economy letal: los soldados en el frente piden ataques con drones o artillería como quien solicita un taxi, la red los asigna a los equipos disponibles, y una vez verificado el impacto, se otorgan puntos según la eficacia, generando un ranking que decide quién recibe primero los recursos escasos —drones nuevos, repuestos, operadores élite—.

Brave1 Market. La tecnología del mercado al servicio de los artilleros, en este caso

 

Era, según nos ilustraba propio Juanjo, una espiral de eficacia gamificada donde el desempeño se traduce directamente en prioridad logística. Y es un modelo que ya está cambiando la dinámica del frente. Pues bien, ese mismo loop, o bucle retroalimentado -si se me permite el palabro- se cierra de forma magistral con el Brave1 Market, el marketplace lanzado en abril del pasado año; un auténtico «Amazon de la guerra«, que materializa las recompensas. Las unidades acumulan esos puntos de combate por destrucciones verificadas y los canjean directamente en la plataforma por más de 2.600 productos de más de 600 fabricantes ucranianos: desde FPV kamikaze hasta robots terrestres o sistemas de guerra electrónica. Así, el Uber Target genera el mérito y el Brave1 Market lo convierte en equipo tangible, eliminando burocracia, acelerando la innovación desde el frente y creando un ciclo cerrado de supervivencia y letalidad que representa, sin hipérbole, uno de los avances más disruptivos en la logística bélica moderna.

Hablamos, por tanto, de una Ucrania que combate, sí, pero que además mide, compara, compra y aprende casi en tiempo real. Hay una cultura de adaptación técnica que atraviesa todo el artículo sobre el Bogdana: drones, robots terrestres, guerra electrónica, competencia entre brigadas, evaluación continua de resultados. El mensaje de fondo es que la pieza artillera ya no vive sola en su parcela; vive rodeada de sensores, de software, de pequeñas innovaciones y de urgencias logísticas.

Con todo, hay que leer este material con la cautela que exige cualquier crónica de unidad. Porque no es un ensayo comparativo independiente entre la Bogdana-BG, el CAESAR y el M777. Tampoco es una auditoría técnica completa del sistema. Es un reportaje de proximidad, con acceso directo a los sirvientes y mandos de una brigada concreta, y por éso su valor está sobre todo en mostrar cómo se pelea y cómo se sostiene un arma en condiciones reales. Esa es su fuerza, y también su límite.

Pero, incluso con ese matiz -que no es baladí-, el texto de Khristoforov nos deja una conclusión muy sólida: que la artillería del presente no se parece a la de 2014, pero es que ni siquiera a la de 2022. Hoy importa menos la imagen ideal del sistema y más su comportamiento bajo vigilancia constante, barro, dron, desgaste y necesidad de reparación rápida. La guerra, como todas, ha impuesto una pedagogía áspera: no basta con disparar lejos; hay que disparar, esconderse, resistir, volver a disparar y seguir existiendo.

Precisión

 

Por ello la pieza artillera Bogdana-BG interesa tanto. No porque resuelva todos los problemas de Ucrania, ni porque inaugure una edad de oro de la artillería remolcada, sino porque encarna una verdad muy concreta del frente: en determinadas condiciones, la pieza que mejor sobrevive y mejor se integra en una red de drones, observación y apoyo puede resultar tanto o más útil que otra teóricamente más brillante. No lo será siempre, ni puede que en la mayor parte de las ocasiones, pero, en otras, con el debido escrúpulo y la profesionalidad de su servidores, seguirá siendo eficaz y perfectamente válida.

 

Y esa, en el fondo, es la gran aportación del reportaje de Oboronka: recordarnos que la guerra no premia la teoría más elegante y aseada, sino la adaptación más eficaz, pese a la superioridad de otros sistemas.

 

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

Todas las fotografías son propiedad de la 147ª Brigada de Artillería Independiente

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