FCAS: del conflicto industrial al problema político europeo
Las declaraciones de Éric Trappier y la intervención de Andrius Kubilius en Bruselas consolidan una misma lectura del programa : «no tenemos ninguna historia de éxito en el desarrollo de proyectos de defensa paneuropeos o al menos regionales»

Philipp von Ditfurth vía Getty Images
La novedad no está tanto en el diagnóstico técnico del programa, como en la elevación del problema al plano institucional europeo. Que el comisario de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, añadiera un clavo más al ataúd caliente del FCAS no era, francamente, necesario. Ayer vino a calificar el FCAS como ejemplo de “fracaso” en un evento organizado por la Fundación Heinrich-Böll en Bruselas: “El último ejemplo de este fracaso es el FCAS”. Más allá de que el hecho no añade información industrial que no se conociera ya, lo que sí cambia es el encuadre: el FCAS deja de presentarse sólo como un contencioso entre Dassault y Airbus para convertirse en un síntoma de la dificultad europea para coordinar grandes programas de defensa; dificultad industrial constatada, esta vez, por representantes de instituciones políticas.
Esta mañana informábamos de cómo Trappier describe el mecanismo de la crisis; a mediodía adjuntamos cómo Kubilius señala su significado político. Se cierra la cerca entre lo público y lo empresarial y todos convergen en el mismo diagnóstico. Faltaba la política (la de Bruselas), pero ya se ha sentado a la mesa.
Lo que añade la intervención de Kubilius al debate que abre Trappier
El FCAS ya no está en una fase de fricción normal entre socios industriales, sino en una situación en la que el bloqueo empieza a ser leído públicamente como fracaso de modelo. Ese matiz es importante, porque altera la presión sobre los actores.
La intervención de Kubilius encaja plenamente con la única lectura posible que puede extraerse de todo ésto: si no hay una base institucional sólida, la cooperación multinacional de defensa se vuelve muy difícil de ejecutar.
Trappier y Kubilius no se contradicen: hablan de niveles distintos del mismo problema
Hay una deducción útil aquí de todo ésto. Trappier y Kubilius no están diciendo lo mismo, pero no se desmienten. Trappier habla desde su lógica del contratista principal que reclama control de diseño, autoridad técnica y coherencia de mando industrial. Kubilius, en cambio, habla desde la lógica política europea, que observa que los grandes programas comunes se bloquean porque no existe una estructura suficientemente integrada para imponer disciplina, resolver conflictos y sostener decisiones incómodas. Así pues, tenemos conflicto de gobernanza industrial, sumado a problema de coordinación política europea.
La conexión entre ambos planos deja más visible el problema español, cual es que España no controla el eje del conflicto, pero sí soporta parte de sus consecuencias.
Redacción
defensayseguridad.es

