La compra de 12 F-35A, anunciada ya en 2025, aparece en el Defence Investment Plan presentado hoy, que la vuelve a situar en el centro del refuerzo nuclear británico

Redacción
El Defence Investment Plan (DIP) británico vuelve a colocar en primer plano la decisión del Reino Unido de adquirir 12 cazas F-35A y sumarse a la misión nuclear aérea de la OTAN. La medida no es nueva en sentido estricto, y ya fue anunciada oficialmente por el Gobierno británico el 24 de junio de 2025, cuando Londres comunicó su intención de comprar al menos una docena de aviones de doble capacidad. Lo relevante ahora es su integración dentro del nuevo plan de inversiones, presentado como parte del refuerzo de la disuasión nuclear británica y de la modernización general de las Fuerzas Armadas.

El comunicado original de 2025 ya fijaba los elementos principales. El Reino Unido compraría 12 F-35A, diferentes de los F-35B que ya opera la Royal Air Force y la Royal Navy, y se incorporaría a la misión nuclear aérea de la OTAN con aviones Dual Capable Aircraft —DCA—, capaces de emplear armamento convencional y, bajo los procedimientos aliados, armas nucleares estadounidenses. El Gobierno lo describió entonces como el mayor refuerzo de la postura nuclear británica en una generación.
La novedad política de 2026 es que el Defence Investment Plan sitúa esa compra dentro de un paquete nuclear mucho más amplio. El plan asigna 63.000 millones de libras en 4 años al fortalecimiento de la disuasión nuclear británica, incluyendo los submarinos Dreadnought, los futuros SSN-AUKUS, la nueva cabeza nuclear y la adquisición de los 12 F-35A.
La decisión supone la vuelta de la Royal Air Force a una función nuclear aérea que había desaparecido tras la retirada de las bombas WE177 al final de la Guerra Fría. No significa que el Reino Unido recupere una bomba nuclear táctica propia, sino que aportará aviones y pilotos a la misión nuclear compartida de la OTAN, con armamento estadounidense bajo los mecanismos de control aliados. El propio Gobierno británico explica en su documentación nuclear que los nuevos F-35A estarán basados en RAF Marham y disponibles para la misión nuclear de la Alianza.
El Reino Unido opera actualmente el F-35B, versión de despegue corto y aterrizaje vertical, necesaria para los portaaviones Queen Elizabeth y Prince of Wales. El F-35A, en cambio, es la variante convencional de despegue y aterrizaje, no apta para los portaaviones británicos, pero con mayor alcance y mayor capacidad de carga. Su valor para Londres no está en la aviación embarcada, sino en su papel como plataforma terrestre para misiones convencionales y nucleares dentro de la OTAN.
El Gobierno británico ha defendido la compra como una contribución directa a la seguridad nacional, a la disuasión aliada y a la industria. En 2025 sostuvo que el programa F-35 apoyaba unos 20.000 empleos en Reino Unido y a más de 100 empresas de la cadena de suministro británica.
Pero la decisión también añade complejidad a un programa que ya venía sometido a críticas. La National Audit Office ha señalado que la capacidad F-35 británica arrastra problemas de coste, disponibilidad, personal, infraestructura y calendario. La incorporación del F-35A abre una segunda línea dentro de la flota, con ventajas evidentes para la RAF, pero también con nuevas exigencias de formación, mantenimiento, seguridad, certificación nuclear y adaptación de la base de Marham.
El Public Accounts Committee también ha advertido sobre las dificultades del programa F-35 y sobre los efectos de decisiones a corto plazo en la disponibilidad y el valor por dinero de la capacidad. En términos prácticos, comprar 12 aviones no equivale a recuperar de inmediato una capacidad nuclear aérea, ya que harán falta procedimientos OTAN, infraestructura especializada, personal entrenado, seguridad física reforzada, integración con Estados Unidos y una certificación que no se improvisa.
El debate presupuestario tampoco ha desaparecido. De hecho, el nuevo plan de inversión llega tras meses de tensión por una brecha de financiación de alrededor de 28.000 millones de libras, con críticas desde el sector industrial y desde antiguos responsables militares por la falta de claridad y el retraso del documento. El propio plan añade 15.000 millones de libras en financiación, pero no elimina todas las dudas sobre si será suficiente para cubrir la ambición declarada.
Desde el punto de vista militar, la compra puede tener una lógica comprensible. La OTAN quiere reforzar su postura de disuasión en un entorno marcado por la guerra en Ucrania, la presión rusa y el deterioro del control de armamentos. Para Londres, aportar F-35A a la misión nuclear aliada le permite recuperar una función que había abandonado y mostrar una contribución adicional más allá del componente submarino. Pero esa misma decisión obliga a sostener 2 variantes de F-35: el F-35B para los portaaviones y el F-35A, en un número muy contenido, para misiones desde tierra.
Es una inversión con sentido nuclear y aliado, pero con costes de oportunidad en una fuerza que sigue teniendo que equilibrar portaaviones, defensa aérea, ataque de precisión, entrenamiento, sostenimiento y disponibilidad.
Reino Unido no está recuperando una bomba nuclear aérea nacional. Está recuperando un papel nuclear aéreo en la OTAN. El F-35A puede devolver a la RAF a una misión que no desempeñaba desde hace décadas, pero el camino entre la compra y una capacidad nuclear creíble será largo, caro y políticamente sensible.
Redacción
defensayseguridad.es


Un comentario
País socio fundador de primer nivel del F35. Compra sólo los F35B que necesita para llenar sus dos portaaviones. Y ahora, una cantidad absolutamente mínima de F35A para la bomba atómica.
¿Qué nos dice eso acerca de su entusiasmo con respecto a este avión?