Robles y Pistorius acuerdan mantener un encuentro presencial en Bruselas para seguir explorando vías de trabajo sobre un futuro avión de combate, en el primer movimiento político bilateral tras la crisis del FCAS

Jorge Estévez-Bujez
España y Alemania han dado un nuevo paso político para coordinar posiciones ante el futuro de la 6ª generación europea. La ministra de Defensa, Margarita Robles, y su homólogo alemán, Boris Pistorius, mantuvieron ayer, día 15, una videollamada tras la cual ambos países se emplazaron a celebrar un encuentro presencial en Bruselas, en los márgenes de la próxima reunión de ministros. El objetivo declarado por el Ministerio de Defensa español es “continuar explorando vías para un futuro avión caza de sexta generación”.

El jueves, en Briselas, se encontrarán los titulares ministeriales de Madrid y Berlín
No se trata, por tanto, de una reunión interministerial en sentido amplio, sino de un encuentro bilateral entre los ministros de Defensa de España y Alemania, aprovechando la coincidencia de ambos en Bruselas. Lo relevante no está sólo en el formato, sino en el momento, ya que el contacto llega después de la crisis del FCAS, el programa en el que Francia, Alemania y España habían trabajado para desarrollar un sistema de combate aéreo de nueva generación.
Así las cosas, parece que empieza a quedar perfilado un bloque de trabajo bilateral en torno al que se discutirá la arquitectura del siguiente proyecto de 6ª generación. Hasta el momento, y sin noticias de que algo semejante vaya a ocurrir con respecto de Francia (todavía socia, recordemos, en 6 de los 7 pilares del FCAS junto a España y Alemania), España habría tomado partido por unir su destino a la incipiente iniciativa alemana en 6ª generación: el Team Gen 6, de la que informamos la semana pasada, y que vino acompañada de una propuesta similar por parte de los 6 principales actores aeronáuticos españoles.
En cuanto a la reunión prevista pra este jueves, la comunicación oficial española no ofrece detalles técnicos ni acuerdos cerrados. Tampoco menciona calendario industrial, reparto de trabajo, socios adicionales o una arquitectura concreta del futuro programa. Es pronto para todo ello, pero no para lo que viene a significar, que, insistimos, es la confirmación de que Madrid y Berlín han abierto una vía política directa para estudiar alternativas en torno al caza de sexta generación, después de que el pilar más sensible del FCAS —el avión tripulado de nueva generación— haya quedado en cuestión.
España y Alemania comparten industria, programas, cadenas de suministro y experiencia operativa en varios sistemas europeos. El Eurofighter es uno de los antecedentes más claros, pero no el único. Cualquiera de los numerosos productos manufacturados por Airbus y que, de una manera u otra, radican sus desarrollos en ambas industrias nacionales, son un ejemplo de cooperación previa. De modo que no hace falta hilar muy fino para señalar al gigante aeronáutico Airbus como el actor industrial central en torno al que pivotará el incipiente proyecto de 6ª que Berlín y Madrid comienzan a perfilar.
En cuanto al programa en sí que habrá de alumbrarse a partir de estas fases exploratorias, valga recordar que el antiguo marco del NGWS/FCAS situaba el relevo del Eurofighter en torno a 2040. El propio Ministerio de Defensa alemán explicaba en 2020 que el Next Generation Weapon System debía convertirse, a partir de esa fecha, en uno de los principales sistemas llamados a reemplazar la flota Eurofighter alemana, dentro de un sistema de sistemas con avión tripulado, componentes no tripulados, sensores y red de combate.
También en 2021, el BMVg detalló que el FCAS debía madurar tecnologías en ámbitos como avión de combate, motor, componentes no tripulados, sistema de sistemas, sensores, reducción de firma y simulación, antes de pasar a fases posteriores de diseño y desarrollo. Esa descripción sigue siendo útil para entender la magnitud del problema, pero ya no tanto para establecer los plazos. No se trata sólo de diseñar un nuevo caza, sino de articular una arquitectura completa de combate aéreo con la presión de un calendario hace tiempo sobrepasado. Si las capacidades a renovar por el FCAS iban a llegar muy justas de fecha para disponer el relevo de todo aquello a cuanto debían subsituir, ahora, pese a que los movimientos ya han comenzado, la presión de los plazos será mayor. En el caso de España, y con respecto a la flota de EF-18, por ejemplo, podría ser mucho más crítica esa presión.
El encuentro previsto en Bruselas debe leerse en ese contexto. España y Alemania no están únicamente hablando de un avión, sino de cómo no perder el hilo industrial, tecnológico y militar de una capacidad que debía llegar en torno a la década de 2040. Para Madrid, el asunto afecta directamente a Airbus España, Indra, ITP Aero, GMV, Grupo Oesía y Sener, las empresas españolas que, antes lo apuntábamos, se han alineado recientemente para defender y poner en valor las capacidades nacionales en el ámbito del sistema aéreo de nueva generación. Para Berlín, la cuestión pasa por mantener una base industrial capaz de seguir produciendo aviones de combate más allá del Eurofighter.

El Eurofighter, un superviviente con buena salud entre los programas aeronáuticos europeos
En cualquier caso, el margen de maniobra no es ilimitado. Cualquier nuevo proyecto deberá resolver varios asuntos que ya condicionaron el FCAS: liderazgo industrial, propiedad intelectual, reparto de tareas, motor, sensores, arquitectura de misión, integración de drones y financiación. Además, tendrá que evitar una repetición del mismo problema que ha lastrado el programa anterior: una estructura política ambiciosa, pero incapaz de cerrar a tiempo las disputas industriales.
La posible vía hispano-alemana tiene fortalezas, no cabe duda. Hay experiencia conjunta, una base común, presencia de Airbus en ambos países y una necesidad compartida de preparar el relevo de sus flotas de combate. Pero también tiene carencias que deberán ser abordadas con seriedad. Un caza de sexta generación exige capacidades industriales de muy alto nivel, especialmente en propulsión, baja observabilidad, guerra electrónica, integración de sistemas no tripulados y gestión de datos en combate.
Por ahora, la reunión de Bruselas no debería presentarse como el nacimiento de un nuevo programa. Es, más bien, un primer movimiento político formal para ordenar posiciones tras la crisis del FCAS. La diferencia es importante: hay conversación, hay voluntad de explorar una vía común y hay una base industrial que empuja en esa dirección, pero todavía no hay contrato, ni arquitectura cerrada ni socios definidos.
Lo que sí queda claro es que España no puede permitirse quedar a la espera y necesita una vía clara para el avión tripulado de nueva generación. Además, tendrá que decidir cómo protege su participación industrial y qué papel quiere desempeñar en el futuro combate aéreo europeo. La reunión entre Robles y Pistorius no resuelve esa cuestión, pero confirma que España y Alemania empiezan a tratarla de forma directa.
Quizás el encuentro en Bruselas pueda considerarse como una prueba temprana de realismo. Y, en esta ocasión, como en las anteriores, no bastará con acudir a las viejas consignas, ni invocar la defensa o la soberanía europeas, tampoco con reproducir los esquemas del programa anterior. Si ambos países quieren avanzar hacia un sexta generación común, deberán concretar pronto qué quieren hacer, con qué empresas, bajo qué liderazgo, con qué calendario y con qué financiación. La videollamada del 15 de junio abre la puerta. Lo importante empezará cuando haya que cruzarla.

Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es

