Francia acaba de enseñar el camino: no se trata de comprar alcance, sino de fabricarlo. España tiene industria espacial privada, dinero público, INTA, necesidad operativa y una empresa llamada PLD Space. Falta decirlo en voz alta. Falta creérselo

Jorge Estévez-Bujez

El FLP-t 150
Hay días en los que un comunicado de prensa vale más que una comparecencia ministerial. Y, por supuesto, sirve para cuestionarse cosas. El martes pasado, 12 de mayo, ArianeGroup y Thales anunciaban que días antes, el 5 del presente, habían realizado con éxito el primer disparo del FLP-t 150, una munición balística terrestre de más de 150 kilómetros de alcance, ensayada con apoyo de la DGA (Dirección General de Armamento) Essais de Missiles en la Île du Levant. No era, en efecto, un cohete más. Era Francia diciendo, sin aspavientos, que el fuego profundo terrestre volvía a casa, de la mano de sus gentes. Que el lanzador, la conducción de tiro, la munición, la propulsión, el guiado y la arquitectura industrial importan tanto como el alcance. E importan mucho, además, si llevan tus apellidos. Y que, cuando se habla de soberanía, lo que trasciende no es la palabra, quizás cansada de que la concreten en el demérito de un adhesivo sobre una carcasa, sino la cadena de suministro que la sostiene, sobre todo si es independiente y nacional.
La munición FLP-t 150 nace para reemplazar los Lance-Roquettes Unitaires franceses y se mueve en esa frontera entre la artillería de muy largo alcance y el misil balístico táctico. ArianeGroup y Thales explican que emplea tecnologías procedentes de los misiles balísticos —propulsión, guiado y pilotaje—, que puede maniobrar en fase terminal mediante timones traseros y que conserva precisión incluso en entornos con perturbación GNSS. Si la guerra en Ucrania ha demostrado algo es que el mapa se sigue corrigiendo con fuego, como lo ha hecho ancestralmente, pero el fuego se degrada con guerra electrónica, dispersión, señuelos y defensa antiaérea.
Lo importante del tiro francés no son los 150 kilómetros. Lo importante es la frase que abre la puerta a la capacidad futura. Por que el sistema, todos lo imaginamos, allana el camino hacia misiles balísticos de más alcance y mayor capacidad de penetración. Ese es el mensaje. Francia no ha presentado un sistema más de artillería. Ha presentado el primer peldaño público de una familia. Primero 150. Después, lo que permita la política, el dinero, la industria y, cómo no, la física.
Y ahora, cómo no, viene el traslado de la cuestión al perímetro nacional español. Lo que, sin lugar a dudas, es la pregunta que muchos nos hacemos. ¿Puede España explorar algo parecido con PLD Space? Sí. Puede. Debe, al menos estudiarlo. Entre otras cosas, porque contamos una ventaja competitiva: no tener que empezar desde cero. Algo valioso si se sabe dar el valor real al conocimiento adquirido y el aseo contable al presupuesto disponible.

PLD Space
Por fortuna, PLD Space no es una ocurrencia simpática de feria tecnológica. Nunca lo fue. Es el epítome de la seriedad competitiva asentada sobre el riesgo calculado. Hablamos de la empresa española que lanzó el MIURA 1 desde El Arenosillo el 7 de octubre de 2023, en una campaña hecha posible (también) por el INTA, organismo público de investigación dependiente del Ministerio de Defensa. El propio Ministerio, a través de su Revista Española de Defensa, subrayó que el Centro de Experimentación de El Arenosillo hizo posible el despegue del primer cohete de diseño, desarrollo y fabricación española. La colaboración había nacido. No hay ni que presentar a los novios.
Por tanto, el vínculo institucional no es superficial, y la ecuación es sencilla porque ya está planteada. El INTA depende de Defensa, presta servicios tecnológicos y trabaja en ámbitos de carácter dual: aeroespacial, aeronáutico, hidrodinámico y tecnologías de defensa y seguridad. En efecto, esa dualidad no convierte un lanzador espacial en un arma. Pero sí nos dice algo elemental. La tecnología de lanzamiento, navegación, propulsión, estructuras, ensayos y control de vuelo vive peligrosamente cerca de la tecnología misilística. No porque lo diga un servidor, el propio régimen MTCR (Missile Technology Control Regime, en español, Régimen de Control de Tecnología de Misiles) incluye en su Categoría I los sistemas completos de cohetes, incluidos misiles balísticos, lanzadores espaciales y cohetes sonda, cuando superan el umbral de 300 kilómetros y 500 kilos de carga útil.
Ese umbral no prohíbe a España desarrollar capacidades propias. El MTCR es, ante todo, un régimen de control de exportaciones y no proliferación. Pero sí impone prudencia, trazabilidad, límites, autorizaciones y cabeza fría. Dicho en roman paladino, no se trata de jugar a potencia mayor, sino de entender que un país serio puede diseñar capacidades convencionales, bajo control político, con doctrina clara y sin vender humo ni despeñarse en proyectos que apuntan al vacío antes que a la cordura y la coherencia.
Francia tiene ArianeGroup. España tiene PLD Space. No son equivalentes en tamaño, historia ni cartera militar, por supuesto. ArianeGroup arrastra décadas de cultura misilística, espacial y de disuasión nuclear. PLD es una empresa joven, privada, comercial, con ambición espacial. Pero la comparación no exige simetría; exige dirección. Francia ha usado una casa espacial para construir munición balística terrestre. Y España tiene una casa espacial que ya ha volado, que desarrolla MIURA 5, que se integra verticalmente, que escala instalaciones y que ha recibido un respaldo público y europeo que nadie concede a empresas irrelevantes. El BEI (Banco Europeo de Inversiones) firmó en abril de este año un préstamo de 30 millones para MIURA 5 y declaró expresamente que ese apoyo impulsa capacidades europeas de lanzamiento de pequeños satélites para aplicaciones civiles, comerciales y de defensa.
Pero no es sólo el BEI. En marzo, COFIDES, a través del Fondo de Coinversión, adquirió una participación minoritaria en PLD Space por 50 millones de euros. Ese mismo mes se cerró una ronda Serie C de 180 millones liderada por Mitsubishi Electric y COFIDES, con participación del CDTI/INNVIERTE y Nazca Aeroespacial y Defensa, elevando la financiación acumulada de la compañía por encima de los 350 millones, según la propia comunicación corporativa recogida públicamente.
Traduzcamos ya con todos los elementos sobre la mesa: hay dinero público y privado, hay capital paciente, hay interés europeo, hay infraestructura nacional y hay una empresa que domina partes críticas del oficio del cohete. Lo que no hay —al menos públicamente— es un programa español de misiles balísticos convencionales con PLD Space. En efecto, no existe evidencia pública de que Defensa haya contratado a PLD para desarrollar un misil balístico. Pero tampoco existe motivo técnico serio para descartar que Castellana, 109 esté estudiando, directa o indirectamente, cómo convertir el incipiente músculo espacial español en capacidad de fuego profundo terrestre. Lo que hace años habría sido una excentricidad, ahora sería raro que no se llevara a efecto.

Vista del Miura 5
España ya ha asumido que necesita recuperar los fuegos de largo alcance. El mutante programa SILAM fue adjudicado a Escribano y Expal/Rheinmetall Expal por una cifra cercana a los 700 millones para lograr así devolver al Ejército de Tierra una capacidad perdida tras la retirada del Teruel. Hablamos de lo que quiere ser un sistema lanzacohetes de alta movilidad con municiones de largo alcance y ambición de soberanía industrial, aunque el expediente ha quedado condicionado por la dependencia inicial de tecnología israelí y por la búsqueda posterior de alternativas nacionales o europeas; presentadas oficialmente de nuevo, hasta donde se sabe.
SILAM es el síntoma. PLD podría ser la mutación. No para substituir mañana a Rheinmetall Expal, Escribano, Indra, Navantia, GMV, Sener o Tecnobit, sino para ocupar el hueco que no deberíamos dejar vacío: la propulsión, la arquitectura de vuelo y la evolución balística de largo alcance. Un país con lanzador espacial propio, banco de pruebas, acceso a El Arenosillo, apoyo del BEI, financiación pública y tejido electrónico nacional no debería limitarse a montar soluciones ajenas como si la soberanía fuese un adhesivo en castellano pegado sobre un contenedor importado. Porque éso ya lo hemos explorado (y lo estamos explorando).
El hito francés nos enseña una secuencia lógica: primero, una munición de centenar y medio de kilómetros; después, una familia; más tarde, sistemas de alcance operativo superior. España debería pensar igual. Permítanme que lo desarrolle muy brevemente y sin apenas complejidad (doctores tiene la iglesia). Un primer tramo por debajo de 300 kilómetros, algo compatible con la prudencia y el riesgo calculado, interoperable con un lanzador tipo SILAM y concebido como munición convencional de precisión. Un segundo tramo entre 500 y 700 kilómetros, siempre que la doctrina, el entorno y los socios lo justifiquen (que lo harán). Y un tercer horizonte, ya de más de 1.000 kilómetros; ambicioso, sí, pero susceptible de estudio si Europa quiere dejar de pedir permiso para alcanzar profundidad.
¿Incompatible con los proyectos europeos en el segmento? En absoluto. De hecho, nos estamos en el ELSA (European Long-Range Strike Approach), ni en el Project Nightfall de Reino Unido, ni mucho menos en el Programa conjunto Reino Unido-Alemania (derivado del Trinity House Agreement) para misiles de más de 2.000 kilómetros de alcance. De modo que, incompatible, por desgracia, con nada.
Hay, por tanto, muchas razones para atreverse, también porque el mundo se está moviendo ahí. Estados Unidos trabaja ya con PrSM como relevo de ATACMS y ya se habla de variantes de mayor alcance (los documentos de contratación estadounidenses describen el PrSM Increment 4 como un misil que dobla el alcance aproximado de 499 kilómetros), es decir, se mueve hacia el entorno de, como poco, los 1.000 kilómetros. El Long-Range Hypersonic Weapon estadounidense, Dark Eagle, es otro nivel —misil terrestre con planeador hipersónico y alcance reportado de 1.725 millas—, pero marca la dirección doctrinal: golpear lejos, rápido y contra blancos de alto valor en entornos defendidos.
España no debe seguir mirando ese debate desde barrera. Tenemos geografía, responsabilidades aliadas, territorios extrapeninsulares, fachada atlántica, Mediterráneo occidental, Canarias, industria naval, industria terrestre, industria electrónica y ahora una industria espacial que ha roto el cascarón de lo meramente prospectivo. Lo que no tiene es una cultura política bien avecindada con la palabra misil. Y ahí está la parte mollar del problema: nos encanta hablar de autonomía, pero nos tiemblan las piernas cuando la autonomía tiene combustible, trayectoria y CEP (Circular Error Probable, en español error circular probable). Porque el segmento de sistemas ofensivos es quizás demasiado para la clase política.

El SILAM. Aún una incógnita
Para los que ven un hueco a un futuro riesgo nuclear, decir que capacidad balística convencional española no tendría que ser nuclear, ni ofensiva en el sentido vulgar, ni aventurera. Sería una herramienta de disuasión convencional, controlada por el poder político, integrada en OTAN, sujeta a derecho internacional y orientada a negar libertad de acción a un adversario. Esa es la diferencia entre depender de un socio y disponer de una capacidad propia.
PLD Space, naturalmente, no puede hacerlo sola. Un misil no es sólo un cohete. Requiere inteligencia, designación de blancos, enlaces, navegación inercial, sensores, comunicaciones seguras, vehículos lanzadores, producción de propelentes, cargas militares, ensayos, doctrina, seguridad, mantenimiento y una estructura de mando dedicada. Ahí entrarían el Ejército de Tierra, la DGAM, el INTA, la industria electrónica española y los socios europeos (en su caso). Pero PLD aporta algo que escasea: saber construir y volar cohetes desde España.
La tesis, por tanto, para finalizar, no es que MIURA 5 deba convertirse en un misil. Es lectura sería impropia aún. PLD Space debe seguir haciendo lo que sabe hacer, pero sin negar el sentido común. La tesis es otra: la base tecnológica que permite lanzar cargas al espacio permite también formar una escuela nacional de vehículos balísticos convencionales, siempre que el Estado decida financiarla, acotarla y protegerla. Francia lo ha entendido. Estados Unidos lo ejecuta a escala imperial. Reino Unido, Alemania, Polonia, Italia y Suecia lo están discutiendo con urgencia. España debería dejar de comportarse como si la Historia fuese una tormenta que siempre pasa por encima de otros.
El primer misil español de largo alcance nacerá, en caso de que lo alumbremos, de una decisión administrativa aburrida, de un expediente al uso, una partida plurianual, un banco de ensayos, y de una alianza industrial con cláusula de propiedad intelectual y de alguien en Defensa escribiendo lo que muchos ya pensamos, que no basta con tener lanzadores; hay que tener municiones propias, familias evolutivas y capacidad de crecer en alcance.
Francia acaba de iluminar su camino. España ya tiene parte del taller en pie, sólo falta saber si tendremos voluntad de fabricar el trueno.

Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es
Comunicado oficial de ArianeGroup sobre el disparo FLP-t 150: https://www.ariane.group/actualite/frappe-longue-portee-terrestre-arianegroup-et-thales-realisent-un-premier-tir-reussi-repondant-aux-ambitions-des-forces-francaises/
Comunicado oficial de Thales sobre FLP-t 150 y X-Fire: https://www.thalesgroup.com/en/news-centre/press-releases/long-range-land-strike-thales-and-arianegroup-conduct-first-successful
Cobertura de Reuters del hito francés: https://www.reuters.com/business/aerospace-defense/thales-arianegroup-say-first-firing-new-french-long-range-rocket-launcher-2026-05-12/
PLD Space: MIURA 1 y MIURA 5: https://www.pldspace.com/
BEI: financiación de 30 millones a PLD Space para MIURA 5: https://www.eib.org/en/press/all/2026-128-spain-eib-finances-with-eur30-million-pld-space-s-small-satellite-launcher-miura-5?lang=es
COFIDES: inversión de 50 millones en PLD Space: https://www.cofides.es/en/noticias/notas-de-prensa/cofides-invests-eu50-million-pld-space-accelerate-access-space-miura-5
INTA: organismo dependiente del Ministerio de Defensa: https://www.inta.es/INTA/es/quienes-somos/
SILAM: análisis y adjudicación del programa español: https://www.infodefensa.com/texto-diario/mostrar/4652545/defensa-cierra-escribano-expal-compra-lanzacohetes-ejercito-tierra-casi-700-millones
MTCR: régimen de control de tecnología de misiles: https://www.mtcr.info/en/mtcr-guidelines
ELSA: iniciativa europea de ataque de largo alcance: https://www.gov.pl/web/national-defence/joint-communiqu-by-the-defence-ministries-of-elsa-nations

