España debe decidir si quiere una Armada limitada a su entorno inmediato o una fuerza naval capaz de operar con aviones embarcados, drones y alerta temprana en escenarios cada vez más desafiantes

Sebastián Hidalgo
Las grandes potencias vuelven a competir por el control marítimo, las rutas comerciales y la capacidad de proyectar fuerza lejos de sus fronteras a través del mar, y como si el tiempo no hubiera pasado, lo siguen haciendo con esos transplanticos de aviones que son los portaaviones. Buques cada vez más grandes, auténticas ciudades, y con una potencia de fuego y alcance que pueden derrotar a países enteros.

El 2º Dédalo. Foto: Armada
En esa carrera Estados Unidos continúa dominando los océanos con sus numerosos grupos de combate, pero China construye portaaviones a un ritmo acelerado y Europa empieza a dar pasos en esa misma dirección.
En medio de este nuevo escenario geopolítico, España se enfrenta a una decisión estratégica que marcará el futuro de la Armada durante las próximas décadas. La decisión que se ha de tomar es si seguir siendo una marina limitada y con pocas aspiraciones reales de proyectar una fuerza creíble o, por el contrario, dar el paso definitivo para acabar con las barreras actuales. Dar ese paso conlleva abordar la siguiente cuestión:
¿Puede España ser una potencia naval relevante sin un portaaviones CATOBAR?
Un portaaviones CATOBAR es un buque equipado con catapultas y cables de apontaje, que permite operar aeronaves más capaces, con mayor carga de combustible, más armamento y mejor autonomía. Además, permite utilizar aviones de alerta temprana embarcados, drones avanzados y cazas navales convencionales similares a los que operan las grandes marinas del mundo.
No olvidemos que la Armada española debe ejercer su labor en un entorno regional mucho más competitivo e inestable que el de comienzos del siglo XXI. La creciente militarización del Mediterráneo, el posicionamiento y reivindicaciones del Reino de Marruecos sobre enclaves españoles, o la necesidad de proteger infraestructuras como los cables submarinos, hacen que España tenga que replantearse su estrategia naval, reflejada en el plan “Armada 2050”.
Actualmente, el Juan Carlos I y los Harrier permiten mantener una capacidad limitada de aviación embarcada. Pero los Harrier se aproximan al final de su vida útil y el reemplazo natural, el F-35B estadounidense, presenta numerosas problemáticas.

El Príncipe de Gales
Si España se lanza a la iniciativa de ese tipo de portaaviones poseería una auténtica herramienta de proyección estratégica global. Y eso cambiaría completamente el papel de la Armada española.
El futuro proyecto que algunos medios especializados ya relacionan con estudios de Navantia apuntaría hacia un portaaviones convencional de unas 40.000 o 45.000 toneladas, inspirado claramente en el modelo francés del Charles de Gaulle, aunque sin propulsión nuclear.
Sin embargo, lo más interesante de este posible proyecto no sería únicamente el barco en sí, sino la posibilidad de desarrollarlo junto a Turquía. Y aunque a primera vista pueda parecer una alianza extraña, estratégicamente tendría muchísimo sentido, ya que ambos países se encuentran prácticamente en el mismo punto.
Porque el verdadero objetivo no sería únicamente operar aviones actuales como el F-35C o el Rafale M. El verdadero objetivo sería preparar a España para el futuro FCAS naval europeo y para la guerra aeronaval de mediados del siglo XXI.
España todavía está a tiempo de decidir qué tipo de potencia naval quiere ser en 2050.
Un CATOBAR español desarrollado junto a Turquía sería una apuesta ambiciosa, compleja y costosa. Pero precisamente las grandes potencias se construyen tomando decisiones ambiciosas. Y quizá ese sea el paso que la Armada española necesita para no quedarse atrás en el nuevo orden naval que está comenzando a surgir.
Artículo en murciaeconomia.com

Sebastián Hidalgo
defensayseguridad.es


Un comentario
2050. Hablamos de media vida.
Buen texto.