Christopher F. Foss analiza por qué los vehículos de combate de infantería basados en carros de combate ofrecen mayor supervivencia, pero siguen siendo caros, pesados y difíciles de convertir en una solución generalizada
Título original: Do heavy IFV designs make sense on the modern battlefield?
Christopher F. Foss

Redacción
La guerra en Ucrania había devuelto al panorama blindado una vieja pregunta al centro del debate sobre, precisamente, los vehículos que pueblan el campo de batalla y su utilidad real en lo que ya es un escenario de combate con enormes y drásticos cambios en su seno: ¿tiene sentido emplear vehículos de combate de infantería pesados, derivados de carros de combate, para proteger mejor a las tropas? Christopher F. Foss plantea la cuestión desde un dato especialmente esclarecedor dato sobre las operaciones actuales, en las que las pérdidas de IFV y vehículos acorazados de transporte de personal suelen ser aproximadamente el doble que las de los carros de combate principales, debido a que estos últimos cuentan con mayor protección y supervivencia.

China ha desarrollado al menos dos vehículos de combate de infantería pesados. Este diseño se denomina VN20 y está equipado con la torreta completa de la versión de fabricación local del BMP-3. (Foto: C. Foss)
La diferencia no es sólo material. También es humana. Un carro ruso típico, como los MBT de diseño soviético y ruso, opera con 3 tripulantes. En cambio, vehículos como los BMP-1 y BMP-2, muy utilizados por ambos bandos en Ucrania, transportan además a varios infantes en la parte trasera. Si el vehículo es alcanzado, el número potencial de bajas es mucho mayor. Foss recuerda que el BMP-1 lleva 3 tripulantes y 8 soldados desembarcables, mientras que el BMP-2 reduce esa cifra a 7, pero mantiene una concentración muy alta de personal dentro de una plataforma vulnerable.
El problema de fondo es que muchos IFV de generaciones anteriores fueron diseñados bajo compromisos muy distintos a los que exige el campo de batalla actual. La movilidad, el bajo peso, la capacidad anfibia o la producción masiva pesaron más que la protección integral. Rusia ha presentado mejoras de blindaje para BMP-1, BMP-2 y BMP-3, pero Foss señala que no parecen haberse adoptado de forma amplia. Además, la arquitectura de estos vehículos limita la capacidad real de incrementar su protección sin afectar a otras prestaciones.
Frente a esa vulnerabilidad aparece el concepto de IFV pesado, una plataforma de infantería basada en componentes de carro de combate. El ejemplo ruso más visible es el T-15, desarrollado en paralelo al T-14 Armata por UralVagonZavod. El T-15 comparte elementos con el carro y está concebido para llevar una tripulación de 3 + 7 soldados, con acceso por una rampa trasera. Su torre no tripulada libera espacio interno y monta un cañón 2A42 de 30 mm, ametralladora coaxial de 7,62 mm y misiles Kornet-EM, con alcances superiores a 8.000 metros según la versión.
El T-15 incorpora además un conjunto de protección muy superior al de un BMP clásico: sistema de protección activa, lanzadores de humo, blindaje avanzado y módulos reactivos. Su peso se estima en torno a las 50 toneladas, con un motor diésel de 1.500 caballos, velocidad máxima de hasta 75 km/h y autonomía aproximada de 500 kilómetros. Sobre el papel, es una respuesta coherente a las amenazas que han castigado a los IFV más ligeros.
Pero Foss subraya un punto importante, que el T-15 no ha sido visto en combate en Ucrania. Esa ausencia, cómo no, admite varias lecturas. Rusia podría no querer arriesgar una plataforma muy protegida, escasa y valiosa en un entorno saturado de artillería, minas, drones y armas anticarro. Otra posibilidad es que existan problemas industriales que impidan su producción y despliegue en número suficiente. En cualquier caso, el hecho de que no aparezca en el frente limita su valor como solución práctica a corto plazo.
El artículo recuerda que Rusia ya había ensayado antes vehículos pesados basados en carros excedentes, como el BTR-T, construido sobre chasis T-55 modificado. Estos desarrollos parecen influidos por la experiencia rusa en Chechenia y Georgia, donde los APC e IFV antiguos demostraron ser muy vulnerables, especialmente en combate urbano y cuando operaban junto a carros mucho mejor protegidos.

VPK-7829 Bumerang
El caso israelí es el gran contrapunto. Las Fuerzas de Defensa de Israel emplearon durante años carros Merkava junto a M113, estos últimos muy vulnerables incluso con blindajes añadidos. De esa experiencia surgieron soluciones como el Achzarit, basado en T-55 capturados y reconstruidos, y más tarde el Namer, derivado del Merkava. El Namer aprovecha la configuración del carro israelí, con el grupo motopropulsor en la parte delantera, para reservar el espacio trasero al compartimento de tropa. Es una plataforma de alta protección y, según recuerda Foss, ha incorporado sistemas de protección activa.

Vehículo Puma de los ingenieros de las Fuerzas de Defensa de Israel
Israel también ha empleado vehículos especializados basados en chasis Centurion, como el Puma de ingenieros, utilizados en operaciones recientes en Gaza. El patrón es claro: Israel ha aceptado durante décadas pagar el precio de plataformas pesadas si con ello aumenta la supervivencia de sus fuerzas en escenarios de alta amenaza.
Foss amplía después el recorrido a otros países. Jordania desarrolló, a través del KADDB, varios vehículos pesados sobre chasis Centurion, incluido el Al-Dawsar, pero el programa no llegó a producción. La llegada de IFV Marder 1A3 alemanes ofreció una alternativa disponible y menos compleja. China, por su parte, ha desarrollado al menos 2 conceptos de IFV pesado, incluido el VN20, basado en componentes del carro VT4 y comercializado por NORINCO. Con un peso declarado de unas 55 toneladas, el VN20 transporta 3 tripulantes y 8 soldados, y monta una torre con cañón de baja presión de 100 mm, cañón coaxial de 30 mm, ametralladora de 7,62 mm y misiles Red Arrow 12E.
Ucrania también aparece en el análisis como país con experiencia acumulada en blindados sobre cadenas y ruedas, tanto de herencia soviética como posterior. Ha desarrollado diseños pesados basados en carros como el T-64, BTMP-84 y BMT-72, aunque Foss indica que, hasta donde se sabe, no han entrado en producción.
La conclusión del análisis del autor es necesariamente prudente. Los IFV pesados ofrecen una protección mucho mayor frente a amenazas diversas, pero no son una respuesta sencilla ni universal. Su tamaño y peso reducen la movilidad, complican el transporte, aumentan las exigencias logísticas y limitan su empleo en determinados terrenos e infraestructuras. Además, son caros, incluso cuando aprovechan componentes de carros ya existentes o chasis excedentes. Es, sin lugar a dudas, una cuestión particular de muchos ejércitos, que se esfuerzan por adaptaciones y constantes cambios que no distorsionen en exceso el siempre esquivo equilibrio entre protección y movilidad.

VCI Pizarro II. Foto: MinDef
Por eso muchos proyectos han quedado en prototipos o series limitadas. La excepción israelí confirma más que desmiente la regla, porque el Namer se construye desde cero, e Israel ha priorizado históricamente la protección y la supervivencia sobre el ahorro. En otros ejércitos, el equilibrio entre coste, número de unidades, movilidad y protección ha frenado la adopción masiva de este tipo de plataformas.
La lectura de Foss es especialmente válida porque no presenta el IFV pesado como una moda ni como una solución casi en el segmento de lo milagroso. Lo sitúa donde corresponde: en una respuesta posible a la creciente letalidad del campo de batalla, pero condicionada por la industria, la doctrina, el presupuesto y la capacidad de sostener vehículos de más de 50 toneladas en operaciones reales. Ucrania/Rusia han demostrado que los IFV ligeros y medios sufren mucho. Lo que aún no ha demostrado la mayoría de ejércitos es que puedan permitirse, producir y desplegar en masa una alternativa pesada.
Redacción
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