2 F-110 adicionales, más VLS y una Armada que podría estar a un paso de convertir una buena fragata en algo más serio aún

Jorge Estévez-Bujez
Semanas atrás no me resistí a entrar de lleno en el apasionado debate de las celdas VLS en las Bonifaz. Lo hice con una columna, acaso más intensa que ésta, pero sin todos los elementos de criterio de que hoy disponemos. Por éso, he querido releer lo que hace ya más de un mes les decía a nuestros lectores, y añadir lo que de nuevo sabemos, aunque sea a través del esbozo sutil, todavía abstracto, de una posibilidad que toma fuerza. Hay silencios que se entienden bien a poco que quien observa sea sagaz. Y hay silencios que, precisamente por entenderse, empiezan a pesar, haciendo necesaria la reflexión antes de que la constatación llame a nuestra puerta. La posible extensión de la serie Bonifaz con 2 F-110 adicionales pertenece a esa segunda familia: la de los asuntos que todavía exigen prudencia, pero que ya han dejado de ser un simple rumor de mentidero.

Botadura de la Bonifaz, primera de la serie
DYS, al igual que algunos otros medios del segmento, pudo saber que, en efecto, la propuesta de 2 nuevas F-110 sólo dependería de un par de pasos formales para su concreción y posterior orden de ejecución. Por supuesto, es bueno subrayarlo sin aditamentos: no estamos ante una decisión anunciada, ni ante un contrato firmado, ni ante una certeza publicada en el BOE. Estamos ante una posibilidad que parece razonable, avanzada y coherente con las necesidades de la Armada, pero que sigue necesitando autorización, dinero y firma.
La pregunta, por tanto, no es sólo cuándo se anunciará la ampliación de la serie Bonifaz (creemos que antes de final de año, o a principios del que viene). La pregunta verdaderamente interesante es qué buques se anunciarían si finalmente Defensa autoriza la contratación de esas 2 unidades adicionales.
Porque si esas nuevas F-110 se fueran, como mínimo, a 48 celdas VLS, quizá más, la discusión cambiaría de escala. La fragata seguiría siendo una F-110, sí, pero ya no sería exactamente la misma conversación, ni el mismo perfil de buque. El punto débil más señalado de la clase —su margen de crecimiento en defensa antiaérea— quedaría corregido de manera más que notable. Y lo haría sobre una plataforma que nació con una vocación antisubmarina muy marcada, con sensores avanzados, guerra electrónica, interoperabilidad y una arquitectura pensada para operar en red.
Navantia presenta la F-110 como un escolta multipropósito con capacidades antiaéreas, antisuperficie y antisubmarinas, en suma: polivalente, multipropósito; orientado a la protección de la fuerza y a la proyección del poder naval. Pero esa definición, siendo correcta, puede quedarse corta si las unidades adicionales incorporan una dotación VLS de 48 celdas. En ese caso, estaríamos hablando de un buque que se aproxima más a la categoría de escolta mayor que a la imagen tradicional de fragata contenida, o incluso media, limitada y prudente hasta la autocensura.
Una breve comparación europea nos podría ayudar a delimitar el debate si lo que queremos es ubicar una Bonifaz de esos argumentos.
Alemania trabaja en las nuevas F126. Damen las identifica como Multi-Purpose Combat Ship F126, un buque de 166 metros, unas respetabilísimas 10.550 toneladas de desplazamiento, 21,7 metros de manga, 198 tripulantes, velocidad máxima de 26 nudos y alcance superior a 4.000 millas náuticas. No estamos, por tanto, ante una fragata ligera ni ante un escolta menor. La F126 alemana es una plataforma grande, con peso de segmento «destructor», modular, concebida para despliegue global, misiones prolongadas y cooperación con fuerzas navales de la OTAN y de la UE. Damen insiste, además, en su carácter multimisión y en sus capacidades antisubmarinas extensas.

Perfil de la Bonifaz
La británica Type 26, por su parte, es otra referencia inevitable. BAE Systems la presenta como Global Combat Ship, diseñada para guerra antisubmarina, defensa aérea y operaciones generales en cualquier océano. En la configuración británica, BAE cita el radar Artisan 3D, el sonar 2087, misiles antiaéreos Sea Ceptor, cañón de calibre medio, propulsión combinada con motores eléctricos, generadores diésel y turbina de gas, además de un desplazamiento de 6.900 toneladas, 149,9 metros de eslora, 20,8 metros de manga, velocidad superior a 26 nudos y alcance superior a 7.000 millas náuticas en propulsión eléctrica. Es decir: una fragata antisubmarina de primer nivel, de sustancialmente menos tonelaje que la germana, pero con una arquitectura abierta y modular, pensada para durar décadas y absorber mejoras si los presupuestos y las operaciones lo facilitan.
La F-110, en ese contexto, no desentona. Al contrario. La cuestión es si España quiere que la clase Bonifaz sea una excelente fragata antisubmarina con capacidades generales sólidas, o si quiere que las últimas unidades —y especialmente las 2 adicionales— entren en una liga más exigente. Una F-110 con 48 celdas VLS no se convierte automáticamente en un destructor, pero sí se aleja del molde de fragata contenida y se acerca a un escolta de entidad superior. Tal vez no sea un destructor puro, seguramente no. Porque tal vez para eso haya que esperar al futuro ECV europeo. Pero tampoco sería ya una fragata más.
También se menciona con frecuencia otra posibilidad, acaso más en el lado de lo improbable: que las últimas unidades de la serie actualmente contratada pudieran sufrir modificaciones de última hora e integrar 32 celdas VLS. Sería un movimiento lógico, aunque fabrilmente complejo, si se asume que la amenaza aérea y misilística ha cambiado más rápido que algunos programas navales. También sería una forma discreta de reconocer que el diseño inicial podía quedarse corto en volumen de fuego, especialmente para un buque llamado a operar integrado en agrupaciones navales aliadas y en escenarios donde la saturación no es una hipótesis de laboratorio. El debate ya es suficientemente amplio en España como para añadir leña, y lo cierto es que esta posibilidad parece por completo descartada. No es que no pudiera llevarse a efecto: no en vano, las Bonifaz se construyen modularmente, lo que no descarta técnicamente el poder introducir uno específico para dar cabida a un módulo de otras 16 celdas VLS; pero, insisto, no parece que sea lo que va a ocurrir.
Hace unas semanas lo expresaba de este modo: «Si mañana las F-114 y F-115 llegan con 32 celdas, me parecerá una corrección sensata siempre que la evaluación de riesgos resulte factible. Si la ampliación futura de la serie cristaliza en 2 unidades con mucha más pegada vertical, mejor aún.»

Estupenda perspectiva del sistema VLS de la Álvaro de Bazán (F-101)
En todo caso, es bueno ser estrictos. Lo de las 48 celdas en las 2 F-110 adicionales (y mucho más lo de las 32 celdas en las últimas unidades de la serie actual) sigue siendo, a día de hoy, escenario prospectivo, pero ya no tanto. No hechos consumados. No anuncios oficiales. No certezas. Pero tampoco fantasías. Son opciones razonables, coherentes con la evolución de los escoltas europeos y compatibles con una lectura sensata de lo que la Armada necesitará durante los próximos 30 años.
La F126 alemana demuestra que el escolta europeo está creciendo en tamaño, persistencia y modularidad. La Type 26 británica confirma que la guerra antisubmarina vuelve a ocupar el centro del tablero, pero no sola: necesita defensa aérea, espacio de misión, autonomía y margen de actualización. La F-110 española, si se amplía y se refuerza, podría colocarse en ese mismo grupo de buques que ya no caben del todo en las etiquetas tradicionales de que nos hemos valido hasta ahora.
Por eso, decía al principio, la espera importa. Porque no se trata únicamente de comprar 2 barcos más. Se trata de decidir si la Armada va a completar una serie ya de por sí buena o si va a aprovechar la ampliación para lo que muchos consideran corregir su principal limitación y elevar la clase Bonifaz a un nivel más convincente, que la dote, asimismo, de facultades superiores para menesteres aún más desafiantes.
Si finalmente llegan esas 2 F-110 adicionales con 48 celdas VLS (o quizá, decía antes, más. No lo descarten), no estaremos ante un simple ajuste de programa. Estaremos ante una modificación inteligente, prudente en la forma y ambiciosa en el fondo.
La Armada no necesita, quizá, de titulares fáciles; y muy probablemente tampoco de columnas como ésta. De ésto último no me cabe la menor duda. Pero sí necesita escoltas suficientes, capaces y con margen. Y, por una vez, es posible la pregunta no sea si España puede permitirse unas F-110 más capaces aún. La pregunta es si puede permitirse no tenerlas, porque la respuesta es cada vez más evidente.

Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es


Un comentario
Estaría bien hacer con más capacidad antiaerea a esos 48 silos de las F116 y F117, darle otro rol más multimision, pero a las 5 primeras no creo que desde el departamento de diseño de Navantia les costase mucho doblar el número de silos de los actuales 16. Es más apostaría a que se dejo hueco en previsión de futuro crecimiento de silos