No es una opinión: es una invitación contra España

Cuando Michael Rubin juega con las cosas del comer: Ceuta y Melilla

Michael Rubin, en su foto de perfil del Middle East Forum

Redacción

Hay textos que se discuten. Hay textos que se refutan. Y luego están los que se señalan, porque su problema principal no es la pobreza de sus argumentos, que los tienen, pero con la pobreza de un desierto moral e intelectual, sino la naturaleza de lo que proponen. El publicado ayer, 16 de marzo, por Michael Rubin pertenece a esta última categoría. Ya lo habrán leído a estas horas: no ofrece una tesis seria sobre Ceuta y Melilla, si es que tal cosa puede hacerse a modo de obsecuencia sobre su titularidad hispánica; anima a Marruecos a lanzar una nueva Marcha Verde sobre territorio español.

Advertimos que no vamos a perder demasiado tiempo en desmontar sus pseudo-argumentos. No lo merecen. Sería como sentarse a diseccionar el aire. El andamiaje histórico que levanta, la brocha gorda con la que confunde descolonización con apetito territorial y el tono de suficiencia con el que reparte legitimidades desde fuera de cualquier sostén histórico-político tienen una consistencia intelectual muy parecida a la niebla. Aparentan volumen hasta que uno intenta agarrarlas.

Lo verdaderamente grave está en otro sitio. Rubin no se limita a opinar. Propone reagrupar marroquíes, enviar excavadoras a la frontera, entrar “desarmados” en Ceuta y Melilla, izar la bandera y, si hiciera falta, que fuerzas marroquíes entrasen después para “restablecer el orden”, con el correspondiente traslado de españoles al otro lado del Estrecho. Éso no es análisis. Eso es la normalización de una agresión, de una presión de masas contra fronteras soberanas y la banalización de una violación territorial vestida de comentario geopolítico.

Es recomendable detenerse un instante en la obscenidad histórica del marco elegido. La Marcha Verde de 1975, que Rubin invoca con nostalgia militante, no fue una postal romántica de pueblo en movimiento, sino una operación de presión sobre un territorio pendiente de descolonización cuyo resultado ayudó a enquistar uno de los conflictos más largos del norte de África. Reivindicar hoy una “nueva Marcha Verde” no es un gesto anticolonial; es rescatar una política de hechos consumados contra el derecho internacional y presentarla como si fuera una lección de moral.

Hay además una falsificación de base que conviene dejar limpia de una vez. Ceuta y Melilla no son colonias españolas pendientes de descolonización. Cansa, pero hay que insistir ante esa caterva de iletrados con marchamo de analistas. Se podrá escribir propaganda, se podrá agitar resentimiento y se podrá disfrazar de causa universal lo que no pasa de ser una reclamación oportunista; lo que no se puede hacer sin faltar a la verdad es llamar “descolonización” a lo que sería, lisa y llanamente, una agresión contra territorio español.

Rubin tampoco sale bien parado cuando se pone solemne con la OTAN. Reducir todo a un chulesco “la OTAN no haría nada” no es una conclusión jurídica seria, sino una pieza de intoxicación con pretensión de sentencia. El propósito del artículo no es describir una realidad, sino sugerir a Rabat que el coste podría ser asumible. Y ahí radica parte de su indecencia.

Pero el daño principal de un texto así no está sólo en sus errores. Está en lo que alienta. Porque cuando alguien con cierta relevancia pública se permite sugerir que un vecino de España pruebe suerte sobre Ceuta y Melilla, no está publicando una extravagancia inocua, está mandando una señal pésima: que la frontera española puede ser materia de experimento retórico, que nuestra integridad territorial admite bromas imperiales y que la soberanía de España puede ponerse a subasta verbal en nombre de un anticolonialismo de saldo.

España no puede acostumbrarse a que se recomiende desde tribunas extranjeras la presión sobre su territorio como si se tratara de una variante ingeniosa del comentario internacional. No se trata de sobreactuar ni de fingir una crisis donde de momento sólo hay un panfleto. Se trata de entender la naturaleza de ese panfleto. Porque hoy es un artículo. Mañana puede ser un globo sonda. Y pasado, una coartada.

Por éso, la respuesta correcta no consiste en entrar al trapo de cada nadería académicamente inconsistente que Rubin deje caer después del carajilo de la mañana. La respuesta correcta es otra: nombrar el hecho. Un personaje con cierta relevancia política, aunque no intelectual, ha alentado públicamente a un tercer Estado a violentar fronteras españolas y a tomar parte de nuestro territorio. Éso, por sí mismo, retrata mejor al autor que cualquier réplica erudita.

Lo demás —la hojarasca histórica, el moralismo selectivo, la grandilocuencia de cartón— es accesorio.

Lo esencial es esto: quien invita a una nueva Marcha Verde contra España no está haciendo análisis; está ensayando la legitimación de una agresión. Y eso no merece debate reverencial. Merece desprecio político, rechazo jurídico y una respuesta española sin complejos.

 

Redacción

defensyseguridad.es

2 respuestas

  1. El riesgo para España no puede venir de un bocazas en cualquier tribuna, sino de nuestra casta política servil con el vecino desde hace décadas. Cuando en 2021 hicieron un ensayo en Ceuta nuestra respuesta fue mitad pusilánime mitad cobarde y eso sí que constituyó una clara manifestación de nuestra incapacidad y una invitación a intentarlo. Mientras nuestras fuerzas armadas se van fortaleciendo con todo tipo de artefactos, nuestros territorios más en riesgo están casi totalmente desguarnecidos desde hace décadas por falta de lo fundamental para disuadir que son los efectivos sobre el terreno. Somos nosotros los que podemos y debemos hacer lo suficiente para que las palabras del tal Rubin sólo puedan tener cabida en una revista de humor.

    1. Totalmente de acuerdo, donde estan nuestros políticos de uno y otro lado del espectro ideologico saltando en tromba contra esa declaraciones en contra de la legalidad internacional y en contra de la soberanía de un país? No están, ni se les espera

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