Macron: “Tiene sentido desarrollar el FCAS junto a Alemania y España.”

A buenas horas, mangas verdes

En la Conferencia de Seguridad de Múnich, Emmanuel Macron reclamó una Europa menos acomplejada y más operativa: gastar, sí, pero con estándares comunes, proyectos multinacionales y capacidad industrial; y hacerlo ya, antes de que el rearme se convierta en otra suma de programas nacionales incompatibles, costosos y políticamente estériles

Macron en Munich. Reuters

 

Europa, el espejo y el complejo de inferioridad

Macron abrió con una idea que, traducida a lenguaje llano, suena a bofetada preventiva: menos autoflagelación, más autoestima política.

→ “Somos demasiado tímidos, por no decir que, de alguna manera, estamos empezando a no creer en nosotros mismos, lo cual es un error enorme. Todo el mundo debería tomar ejemplo de nosotros en lugar de criticarnos.

Aquí hay queremos destacar 2 aspectos. El primero es psicológico: Europa empieza a dudar de su propia capacidad para sostener una agenda de seguridad seria, lo que, a simple vista, podría ser del todo absurdo por cuanto no hace ni un año desde que la propia Unión Europea activó los planes de Rearme (Rearme Europe). Suena descorazonador que hayamos empleado apenas unos meses en desinflar el espíritu de conciencia colectiva de defensa, pero tal parece. El segundo es político: Macron no pide permiso; reclama que el continente deje de comportarse como un alumno que busca aprobación y se comporte como un actor que marca pautas. La frase, además, contiene una tensión típica de la indecisión continental: Europa es “demasiado tímida”, pero a la vez “todo el mundo debería tomar ejemplo”. Traducido: hay poder potencial, falta decisión sostenida.

La “audacia” como disciplina, no como eslogan

Macron insistió en los tiempos: no es un futuro abstracto; es “ahora”. Y éso, en defensa, se traduce en presupuestos, contratos, líneas de producción y doctrinas, no, como tantas veces advertimos en DYS, a powerpoints.

→ “Este es el momento adecuado para la audacia. Este es el momento adecuado para una Europa fuerte.”

La palabra “audacia” suele degradarse rápido en titulares, casi tanto como las líneas de la carretera de un camino que no estamos seguros de transitar. Pero, en el contexto europeo de defensa, “audacia” vendría a significar cosas muy concretas: comprar juntos, producir más rápido, interoperar de verdad y aceptar que habrá ganadores y perdedores industriales si se concentran esfuerzos. Cuando Macron habla de “Europa fuerte”, no parece estar hablando sólo de carros o cazas: está hablando de autonomía de decisión, que es el producto final de una base industrial y tecnológica que aguante. Viniendo de un francés, hecho a tomar sus propias decisiones en materia de defensa muy por encima del resto de socios, es digno de tomarse en consideración.

La frase prohibida: el poder (y la incomodidad de pronunciarlo)

Macron lo dijo sin rodeos, usando el término que en Bruselas se menciona con guantes de látex y la nariz tapada, porque el vértigo que provoca es considerable.

europa→ “Europa tiene que aprender a convertirse en una potencia geopolítica.

Esto es casi un diagnóstico clínico: Europa tiene mercado, normas, burocracia y dinero; pero le cuesta, o no quiere, convertirse en poder. Porque poder es disuasión y decisiones, determinación y uso de la fuerza. Algo fuera del espectro de facultades con que nunca ha querido dotarse el club europeo, ni en conjunto, ni uno por uno (con alguna excepción). «Aprender” es una palabra tramposa: implica que no basta con voluntad, hace falta método. Para Macron, el método pasa por capacidades, cadenas de suministro, energía industrial y proyectos que obliguen a los países a comportarse como socios y no como competidores con bandera. Exactamente lo que está ocurriendo ahora mismo. Ahí está el FCAS. Ahora lo veremos.

 

FCAS como prueba del algodón (y España en el centro del titular). Cuando todo tiene sentido (ahora)

Aquí aparece la cita que, en realidad, no va sólo de un programa aéreo: va de la idea de Europa aplicada a una capacidad estratégica que, guste o no, está en trance de desaparecer mucho antes de haber nacido.

→ “Tiene sentido desarrollar el Future Air Combat System (Sistema de Combate Aéreo del Futuro) junto con Alemania y España.

Que Macron lo formule como “tiene sentido” es importante, pero un poco tarde, señor presidente. Entendemos que no es romanticismo europeo lo que nos viene a decir, sino racionalidad industrial y operativa. FCAS es, a la vez, avión, nube de combate, sensores, comunicaciones, armas y doctrina. Y, o se hacía con masa crítica —y con socios de primera— o se terminaba por convertir en un catálogo de compromisos imposibles, que es en lo que estamos.
España, que, esta vez, no estaba como figurante, sino como columna de equilibrio en un triángulo donde cada gesto se leía en clave industrial (quién diseña qué), tecnológica (quién domina qué) y política (quién manda qué), ha venido haciendo sus deberes, por más que a muchos les resultaran escasos, o de menor importancia, pero hechos, al cabo.

 

Muy a cuento de estas palabras, precisamente este último viernes, en un artículo firmado por quien suscribe, que resultó ser más polémico de lo que su esencia dictaba, más por la incapacidad de deducir metáforas de algunos de sus lectores que por lo que de verdad quería decir, tratamos de deslucir, desmentir, la pretendida campaña internacional orquestada contra Francia por el fracaso del FCAS. No lo conseguimos. A decir de sus denunciantes, la campaña sigue, tiene vigencia y brío, instigada por oscuros intereses norteamericanos y los celos de aliados europeos, entre los que se encontraban los propios socios del programa (España y Alemania). Nadie es apeado de sus creencias si no consiente valorar el resto de opiniones con un mínimo de aseo dialéctico.

La Europa de proyectos: Italia, Reino Unido y la geometría variable

Macron también quiso ampliar el mapa: cooperación sí, pero por capacidades, con quien tenga sentido, aunque eso rompa la comodidad de los clubes cerrados.

→ “Tiene sentido tener proyectos concretos como la defensa aérea con sistemas de nueva generación con Italia y el Reino Unido.

La defensa aérea es el terreno donde Europa se está retratando: amenaza real, déficit real y compras a la carrera. Macron sugiere que no basta con adquirir; hay que construir capacidad y, sobre todo, arquitectura. Que cite a Italia y al Reino Unido añade un matiz: la defensa europea no puede ser una misa de 12 para los que están “dentro” de la UE; debe ser una coalición funcional por dominios, y ahí entran Reino Unido, Canadá, Ucrania…

Alerta temprana

Menos glamur que un caza, más decisivo que muchos sistemas vistosos.

→ “Tiene sentido tener sistemas de alerta temprana como nuestra iniciativa con Alemania.

La alerta temprana es tiempo: y el tiempo, en conflicto, es margen de decisión. Europa ha vivido demasiado tiempo bajo paraguas ajeno —capacidades ISR, vigilancia, mando y control— y ahora descubre que la dependencia no es sólo tecnológica; es política. Si no ves, no decides. Si no decides, no mandas. Y volvemos a la palabra que incomoda en el continente: poder.

El dinero: o palanca europea o festival nacional

Aquí Macron dejó de sonar inspirador y empezó a sonar impaciente.

→ “Si este dinero se usa solo para tener soluciones nacionales o para favorecer a jugadores nacionales sin un enfoque europeo claro —para construir estándares europeos, simplificar Europa y ayudar a los países a desplegar huellas industriales adicionales—, desperdiciaremos nuestro dinero, nuestro tiempo y crearemos muchas de estas sinergias. ¡Error enorme!

La frase tiene veneno y tiene mapa. El veneno: denunciar que el gasto puede convertirse en proteccionismo nacionalista, lo cual, viniendo de un francés, tiene su miga. El mapa: estándares europeos, simplificar Europa (traducción: menos fragmentación) y huellas industriales adicionales (traducción: producción distribuida, no sólo compras).
Macron advierte de un riesgo clásico: gastar más para seguir igual. O peor: gastar más para multiplicar incompatibilidades. Y lo remata con un “¡Error enorme!” que suena a ultimátum, a perentoria necesidad.

“Soy un tipo a la antigua”: el dardo a los que dinamitan lo común

Macron se colocó deliberadamente en el papel del señor pesado que insiste en lo básico: si destruyes lo poco común que tienes, luego no llores porque no tienes mando y control.

→ “Así que soy un tipo a la antigua en estos días, pero creo en el FCAS. Creo en los proyectos conjuntos, y creo en alguna etapa de sistemas de nueva generación, porque me cuesta entender cómo construiremos nuevas soluciones de mando si destruimos las pocas que teníamos. Lo siento decirlo.

Aquí el mensaje es doble. Por un lado, defensa del FCAS como símbolo de continuidad (lo contrario del vaivén europeo, pero que es en lo que realmente se ha convertido el FCAS). Tarde, señor presidente. Mucho nos tememos que su advertencia, su deseo por el programa llega tarde. Si es un «salvar la cara» ante la calamidad, lo ignoramos; quizá sea sincero -ojalá-, pero, insistimos, tarde. Por otro lado, adjunta una acusación implícita: Europa practica a veces una especie de vandalismo institucional, rompiendo mecanismos comunes por impulsos nacionales, para luego descubrir que “lo común” era lo único que daba escala. Suena extraño decirlo, pero es exactamente éso lo que ayer quisimos decir en nuestro artículo, y de hecho dijimos.

Rearme sí, pero insuficiente: el salto pendiente

Macron cerró con una idea que funciona bien como línea editorial: rearmarse no es el final, es el prólogo.

→ “Europa está rearmándose, pero ahora debemos ir más allá” (para convertirse en una potencia unificada en seguridad y economía).

El “ir más allá” es lo incómodo, porque significa pasar de compras urgentes -o, al menos, sólo las más urgentes que cubran carencias inaplazables- a diseño de poder. No sólo más munición, sino industria sostenida; no únicamente más plataformas, sino sistemas integrados; no más gasto porque sí, sino coherencia política. Y añade algo que muchos prefieren separar: seguridad y economía. Porque, en el fondo, lo que Macron estaba diciendo es que sin músculo económico-industrial, la defensa es un espejismo caro donde, las más de las veces, el dinero se tira sin remisión. Algo así venía a decir ayer Enrique Navarro en defensa.com: «El dinero no sirve para casi nada y suele generar problemas. Cómo aplica el caso en DefensaRecomendamos su lectura.

Cierre: lo que Macron pide y lo que Europa suele evitar

Si uno junta los entrecomillados del presidente francés, sale una receta con 3 ingredientes: confianza, proyectos y estándares. Y un enemigo que suele ser común: el reflejo nacional de gastar para “lo mío” aunque eso fragmente “lo nuestro”.

Cabe preguntarse entonces: si el FCAS “tenía sentido” con Alemania y España, entonces también tiene sentido exijir lo que hacía viable el programa: la claridad industrial, que debía estar establecida desde el comienzo; una gobernanza estable, que tuviera claros los rudimentos sobre los que trabajar sin fricciones artificiales; y una hoja de ruta realista con un compromiso europeo que no se deshiciera a la primera crisis doméstica.

 

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

 

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