Berlín asume, otra vez, que el caza de 6ª generación ya no es el eje vertebrador del programa

La visita oficial de la primera ministra de Lituania, Inga Ruginienė, a la Cancillería federal alemana dejó imágenes de normalidad diplomática —honores militares, declaraciones solemnes sobre la defensa del flanco oriental de la OTAN y el compromiso alemán con la brigada permanente en territorio lituano—, pero también ofreció, en la rueda de prensa posterior, una de las admisiones políticas más claras hasta la fecha sobre el verdadero estado del Future Combat Air System (FCAS).
El canciller alemán, Friedrich Merz, al ser preguntado por la cooperación europea en programas de armamento, cuestión que era inevitable que surgiera, optó por un lenguaje medido, moderado, pero extraordinariamente revelador, especialmente en el sentido que la mayoría esperaba. Sin declarar oficialmente muerto el programa, dejó claro que su pieza central —el caza tripulado de sexta generación— ya no es, ni mucho menos, un elemento garantizado.
Un lenguaje que marca distancia
Según la transcripción oficial publicada por el Gobierno federal alemán y reproducida por Reuters, Merz afirmó:
«Habrá en cualquier caso sistemas conjuntos. Sobre hasta qué punto también desarrollaremos y construiremos aviones conjuntos, nos encontramos actualmente en un diálogo intensivo con Francia, y parto de que llegaremos a una decisión conjunta en las próximas semanas.»
La frase, políticamente impecable, estratégicamente demoledora, sugería, por primera vez desde el lanzamiento del FCAS, que un canciller alemán (de todos los que han pasado por el programa) separara de forma explícita los “sistemas conjuntos” del “avión conjunto”, relegando este último a una condición hipotética, sujeta a revisión y pendiente de decisión. No hace falta añadir mucho más, pero, no obstante, y dicho de otro modo: Alemania ya no da por hecho que el FCAS vaya a materializarse en el que debía ser su núcleo físico y simbólico, el Next Generation Fighter (NGF), el caza.
Lo que no se dice es lo más importante
El tono de Merz no es el de una crisis puntual, sino el de una aceptación implícita de una realidad que desde DYS venimos señalando hace meses: el FCAS, tal y como fue concebido, es un muerto viviente. Un programa que sigue existiendo en el plano político y burocrático, pero cuya corporeidad más relevante —el caza de sexta generación— está siendo vaciada de contenido real.
La insistencia en que “habrá sistemas conjuntos” -el mal menor- apunta a un escenario de desagregación del programa:
–cooperación en sensores, nube de combate y comunicaciones;
–desarrollo compartido de determinados habilitadores tecnológicos;
-divergencia —o incluso ruptura— en la plataforma aérea tripulada.
Este posible planteamiento encaja a la perfección con la retahíla de tensiones industriales crónicas que estamos viviendo, hace mucho ya, entre Dassault Aviation y Airbus Defence & Space; tensiones, por descontado, nunca resueltas pese a innumerables reuniones con propósito de enmienda, y agravadas, como todos nuestros lectores saben, por visiones estratégicas incompatibles entre París y Berlín sobre liderazgo, propiedad intelectual y requisitos operativos.
Alemania recalcula, Francia observa, España, en su línea, espera
Medios económicos alemanes como Handelsblatt interpretaron acertadamente -a nuestro juicio- las declaraciones como una confirmación de que Berlín mantiene el compromiso político con el FCAS en términos generales, mientras reevalúa el coste, los riesgos y la viabilidad del avión común. En paralelo, Francia sigue defendiendo el liderazgo de Dassault en el NGF, consciente de que sin control industrial el proyecto pierde sentido estratégico para París.
España, tercer socio del programa, queda, una vez más, en una posición subordinada, dependiente de decisiones ajenas y con escasa capacidad para influir en el desenlace, más allá de adaptarse al escenario que finalmente se imponga, sea cual sea. En todo caso, al menos, se plantean varias posibilidades, de todas las cuales hemos hablado ya: opción sueco-germana; GCAP, franco-español… Volveremos sobre ellas en próximas semanas, a medida que se vaya refinando el futuro del programa.
Europa ya no puede permitirse ficciones
Las declaraciones de la primera ministra lituana, subrayando un gasto en defensa superior al 5 % del PIB y un alineamiento total con la OTAN, sirvieron como telón de fondo de una Europa que ha entrado en una fase de urgencia estratégica, muy en sintonía con el artículo que hemos colgado esta mañana sobre las jornadas de ayer en Córdoba organizadas por El Confidencial, donde se trataron ampliamente las prisas industriales y soberanas. En ese contexto, los grandes programas multinacionales europeos, son efectivmante lentos, sobredimensionados y políticamente frágiles, resultando, alguno de ellos, cada vez menos sostenible.
El FCAS es hoy el ejemplo paradigmático de esa contradicción: ambicioso en el papel, incapaz de resolver sus fundamentos industriales y doctrinales, y crecientemente alejado de los calendarios operativos reales.
Las “próximas semanas” como eufemismo
Cuando Merz afirmó que “las próximas semanas serán decisivas”, nadie espera un relanzamiento, sino una decisión de poda. Hay que decir, que esa predicción la hemos oído no pocas veces en los últimos meses. En definitiva, todo apunta, por lo escuchado ayer, a que el FCAS sobrevivirá como paraguas conceptual de cooperación tecnológica, pero no como el gran programa integrado de combate aéreo que se pretendió durante años.
La sexta generación europea, al menos en su versión trinacional y con un caza común como eje, ya no está en coma: está siendo políticamente amortizada, una fase que era de esperar porque, a fin de cuentas, son los políticos los que deben poner cara a los éxitos y fracasos. Esta vez, la confirmación no procede de análisis externos o filtraciones, sino del propio canciller alemán, con el lenguaje aséptico y definitivo de quien ya ha asumido el final.
Redacción
defensayseguridad.es

