Dinamarca fía su defensa aérea terrestre a sistemas europeos: IRIS-T SLM, NASAMS y VL MICA

El IRIS-T. Foto: defence-network
Tras más de 2 décadas de abandono, Dinamarca ha vuelto al tablero de la defensa aérea terrestre. El Ministerio de Defensa danés, a través de su agencia de adquisiciones DALO, ha confirmado la compra de 3 sistemas europeos de medio alcance: IRIS-T SLM (Alemania), NASAMS (Noruega) y VL MICA (Francia). Una decisión política y militar que rompe con años de omisión y deja atrás la supresión total de esta capacidad desde 2004.
Esta selección forma parte del acuerdo de defensa 2024–2033, que prioriza reconstruir una capa crítica de manera inmediata frente a amenazas aéreas. En palabras del ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen, la defensa antiaérea terrestre “es una prioridad absoluta”. Lo es, porque Rusia lo ha vuelto a dejar claro: sin defensa aérea terrestre, las infraestructuras críticas y la población civil quedan desprotegidas ante drones, misiles de crucero y ataques combinados.
3 sistemas, una urgencia
La elección no se ha limitado a un proveedor. Dinamarca opta por una solución tripartita, basada en interoperabilidad OTAN, disponibilidad inmediata y costes asumibles. Los 3 sistemas cubrirán todo el espectro del medio alcance, funcionando como capa intermedia entre los F-35 daneses y las fragatas equipadas con misiles SM-2/ESSM.
En marzo de 2025 se creó el Ala de Defensa Aérea, con base en Skalstrup, para operar e integrar estas plataformas. En junio, el gobierno lanzó una adquisición acelerada, financiada por el fondo urgente, que permitió comprar unidades IRIS-T SLM y VL MICA, además de arrendar un sistema NASAMS noruego ya operativo, con entrenamiento del personal danés directamente en Noruega.
El primer sistema estará operativo antes de que acabe 2025, un calendario inusualmente corto para estándares europeos.
Una inversión de 58.000 millones y un objetivo: blindar el país
La segunda fase llegó en septiembre con la aprobación de una inversión histórica: 58.000 millones de coronas danesas para adquirir 8 sistemas entre capacidades de medio y largo alcance. En esta última categoría se incorpora el SAMP/T franco-italiano, que complementará el despliegue multicapa.
La lógica es clara: flexibilidad operativa, despliegues móviles o concentrados, según la amenaza, y cobertura completa del territorio, incluidos centros urbanos, infraestructuras críticas y bases militares, algo relativamente sencillo con los sistemas adquiridos habida cuenta de las contenidas dimensiones territoriales de la Dinamarca continental.
La lección ucraniana
Dinamarca se lo toma en serio porque ha entendido la lección. Como señaló Poulsen, “la experiencia de Ucrania demuestra que la defensa aérea terrestre es clave para proteger a la población civil frente a los ataques rusos”. Y es que el viejo paradigma de confiar sólo en cazas para proteger el espacio aéreo ya no se sostiene.
Este rearme también, en cierto modo, una declaración política: Copenhague aportará a la disuasión colectiva europea, apostando por sistemas fabricados en el continente, sin acudir a soluciones estadounidenses como el Patriot o el Iron Dome israelí, al menos en estos sistemas, lo que da cierto respaldo a la autonomía tecnológica y asegura un suministro menos condicionado por prioridades ajenas.

Defensa aérea integrada y el 3% del PIB
Con la mirada puesta en 2032, año en que se espera completar el despliegue, Dinamarca eleva su gasto en defensa hasta el 3% del PIB, un salto notable incluso dentro del marco OTAN. Una respuesta directa a la presión rusa en el Báltico, las violaciones sistemáticas del espacio aéreo y la necesidad de contribuir con algo más que buena voluntad a la defensa del flanco noreste de la Alianza.
Dinamarca restaura por fin una capacidad básica, devuelve a las Fuerzas Armadas danesas una herramienta clave, y se posiciona como actor serio en la defensa colectiva europea del Norte del Continente.
Redacción
defensayseguridad.es

