Tres son cantidad, que no capacidad

Apenas 24 horas después de la reunión de ayer en Berlín entre los ministros de Defensa de Alemania, Francia y España, el panorama del Future Combat Air System (FCAS) —el que fuera ambicioso programa europeo para desarrollar un sistema de combate aéreo de sexta generación— aparece marcado por la falta de avances concretos, tensiones industriales internas, una creciente frustración política.
Por supuesto, hemos de hablar de una total opacidad informativa; una inexplicable ausencia de los tres ministros de cara a los medios de comunicación tras la reunión, fieles al más pueril de los estilos del Viejo Continente, donde dar la cara ante los periodistas, a cuerpo gentil, supone cada vez un problema mayor para las autoridades.
La jornada de ayer terminó sin un acuerdo técnico ni operativo claro que permita desbloquear el proyecto, cuyo valor para la industria y la defensa europea, insistimos, supera los 100.000 millones de euros y que aspiraba a entrar en servicio hacia la década de 2040. Las diferencias entre socios, especialmente en relación con la distribución del trabajo y el acceso a tecnologías clave, siguen sin resolverse. No es una cuestión financiera; nunca lo fue.
Según fuentes cercanas a la reunión, las conversaciones en Berlín fueron «trabajo conjunto, pero sin conclusiones definitivas», que es equivalente a sin acuerdo. Las partes respetaron su compromiso político con FCAS, haciendo muestra de una cautela que se antoja sinónimo de inacción, o incapacidad para decidir en grado profundo, letal. De hecho, no se concretó un calendario ni un plan de ejecución para la siguiente fase de desarrollo. En ausencia de compromisos firmes, el proyecto queda suspendido a decisiones de alto nivel político programadas para las próximas fechas.
El canciller alemán, Friedrich Merz, ha fijado como límite, al parecer, el final de este año para decidir el rumbo del programa; un plazo que el Gobierno francés no ha respaldado con tanta claridad y, el de España, lo desconocemos.
Tensión industrial: el telón de fondo
La frustración alemana también tiene una dimensión industrial profunda. La disputa entre Dassault Aviation (Francia) y Airbus (Alemania‐España) por el control de la siguiente fase del desarrollo —particularmente en torno al avión de combate de nueva generación— sigue, por tanto, sin resolverse. Esta batalla por el trabajo compartido y las tecnologías ha hecho aflorar incluso presiones sindicales: como saben, el sindicato alemán IG Metall ha llegado a exigir la exclusión de Dassault del programa si mantiene su posición dominante, una petición que refleja el grado de irritación interno en la industria teutona.
Tras el fracaso de ayer en Berlín, todas las miradas se desplazan ahora hacia esa reunión programada entre Merz y el presidente francés Emmanuel Macron durante la semana del 15 de diciembre, que se ha señalado como el momento clave —otro más— para intentar salvar el programa o, al menos, articular una hoja de ruta consensuada. Paralelamente, se espera que la cumbre de líderes de la Unión Europea del 17 al 19 de diciembre sea un foro adicional donde podrían abordarse estas tensiones.
Pero incluso estas citas —con un claro interés político y mediático— no aseguran un avance material. La incapacidad de los ministros, principales y más directos responsables, reunidos ayer para cerrar acuerdos indica que las fricciones no son probablemente sólo técnicas o industriales, sino también políticas, y que la voluntad de todos los socios por mantener el proyecto unido podría no ser suficiente sin compromisos explícitos de los Estados implicados.
Conclusión: incertidumbre y expectativas
La reunión de ayer confirma la existencia de frustración y cautela, al tiempo que desconfianza, entre los socios del FCAS. El proyecto, más allá de su dimensión industrial, enfrenta una crisis de liderazgo y coordinación que puso en riesgo sus plazos y su cohesión, y que no ha sabido solventarse pacíficamente entre los socios.
Mientras Alemania insiste en una definición clara antes de fin de año y Francia se muestra menos rígida en los plazos, España mantiene una posición desdibujada, afín a los germanos, pero corta en las decisiones de más alto nivel, sin pegada ni carácter propio. Tampoco conocemos las opciones que baraja el Gobierno ante el posible fin del Programa, pero eso no es nuevo.
La falta de acuerdo en Berlín ha dejado el Programa en estado de espera tensa, aunque sería más apropiado decir abiertamente en estado de coma. Sólo la reunión de Merz y Macron la próxima semana puede ser el próximo punto de inflexión.
Repetimos el titular de esta mañana: Silencio
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es


Un comentario
No se si ese caza pesado que quieren los alemanes es la causa o la excusa, pero el fcas está muerto.
Los alemanes seguirán con lo contratado, pero lo usarán para otro avión. Habrá un caza frances y un caza alemán y España seguirá sus contratos y tendrá que elegir cual de los dos compra.
Así estamos.