Indra. La «pacifista España» quiere a su campeón nacional, dice el Financial Times

Entre la ambición y los retos industriales

La evolución de Indra, tradicionalmente identificada con la ingeniería de sistemas y la tecnología de la información, se ha convertido en uno de los casos más paradigmáticos del actual viraje europeo hacia la autonomía estratégica en defensa. Una ofensiva autosuficiente ésta, que busca equilibrar la balanza de la responsabilidad defensiva entre ambos lados del Atlántico. Todavía poco relevantes en el contexto armamentístico internacional, algunas empresas españolas comienzan a despuntar -o al menos quieren hacerlo-, y llaman la atención, en ocasiones, de algún medio de renombre. En este sentido, un artículo del 1 de julio de este año del Financial Times describía cómo España, un país históricamente reacio a incrementar su gasto militar -«pacifista»-, pretende proyectar a esta compañía al selecto club de grandes fabricantes europeos de armamento, en un contexto de expansión presupuestaria sin precedentes -si es que se llega a concretar, porque, recordemos, no se está articulando ningún incremento presupuestario en defensa, sino aprobando partidas extraordinarias vía decretos-.

El gobierno, con un 28 % de participación a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales -SEPI-, dice respaldar una transformación que va mucho más allá de los radares o el software de misión: se trata de entrar de lleno en el “hardware” militar, en apretar tuercas y soldar planchas, desde blindados hasta sistemas navales, pasando por satélites y plataformas aéreas. Bajo el liderazgo de Ángel Escribano, cofundador de Escribano Mechanical & Engineering, Indra ha elevado sus objetivos financieros -alcanzar 10.000 millones de euros de ingresos en 2028- e iniciado una ofensiva de adquisiciones en Europa, incluida la toma de control de Tess Defence, fabricante de los VCR 8×8 Dragón para el Ejército de Tierra.

Esta ambición, sin embargo, choca con lacerantes realidades operativas que ponen a prueba la credibilidad del proyecto. El contrato de 2.000 millones de euros para la fabricación de 348 Dragón VCR es un ejemplo elocuente y dramático. La producción de estos blindados, clave para la modernización de las Fuerzas Armadas españolas, viene sufriendo retrasos notorios, no explicados ni justificados debidamente. Aunque en 2025 se han entregado once unidades iniciales, la cadencia dista mucho de la necesaria para cumplir plazos y no puede satisfacer la demanda operativa, sencillamente porque, aunque se han entregado hace meses, no están operativos ni, por supuesto, su número justifica el tiempo empleado en la producción. La carencia de experiencia directa en la fabricación de chasis y componentes metálicos, reconocida por el propio Escribano, refleja un déficit industrial que requerirá tiempo, inversión y alianzas sólidas para superarse. Capitanear un Programa así necesitaba de mayores herramientas, capacidades y experiencia, y el resultado de no disponer de todo ello es el que estamos sufriendo.

La estrategia de Indra apunta a integrar verticalmente la producción: no sólo suministrar sensores, kits de comunicaciones o sistemas antidrones, sino entregar el vehículo completo. Esta ambiciosa transición implicará retos técnicos -adaptación de líneas de producción, gestión de cadenas de suministro complejas- y culturales, dado que la compañía ha sido históricamente un integrador de sistemas más que un fabricante pesado. La posible adquisición de capacidades adicionales, como el fabricante italiano de vehículos militares de Iveco, respondía a esta urgencia, pero se ha visto frustrada por alemanes e italianos. La competencia es dura, y fuera hace frío.

En el plano financiero, el salto previsto exigirá operaciones corporativas de gran calado. Indra evalúa más de 20 objetivos de compra en Europa, aunque el mercado observa con cautela el peso creciente del Estado en su dirección y la coexistencia, no siempre armónica, entre el negocio de TI (Minsait) y el de defensa.

El contexto geopolítico es favorable para que Indra escale, no cabe duda. El aumento del gasto militar europeo, impulsado por la guerra en Ucrania y las presiones estadounidenses, abrirá oportunidades sustanciales. Pero España aún se mantiene por debajo de los niveles de gasto de sus principales socios, de modo que de los 10.000 millones adicionales para acercarse al 2 % del PIB, buena parte podría fluir hacia programas donde Indra ya participa, como el Future Combat Air System -FCAS-, el desarrollo de radares y sonares para la Armada, o la modernización de sistemas de mando y control.

Sin embargo, la capacidad de capitalizar este ciclo dependerá de la ejecución industrial. El VCR 8×8 Dragón es más que un contrato: es una prueba de fuego. La credibilidad de Indra como fabricante de plataformas terrestres depende de que la producción se acelere y cumpla los estándares exigidos por el Ejército. Cada mes de retraso erosiona la confianza y refuerza el argumento de quienes dudan de la viabilidad de diversificar tan rápidamente desde el software y la electrónica hacia el metal y la mecánica pesada.

Indra aspira a ser un “campeón nacional” capaz de rivalizar con BAE Systems, Rheinmetall o Thales. Pero, para lograrlo, deberá demostrar que su ambición estratégica puede traducirse en resultados tangibles y en entregas puntuales, cosa que ahora no ocurre. En el tablero de la defensa europea, la visión cuenta, pero en el taller cuentan más los plazos, la calidad y la fiabilidad. El Dragón, en este sentido, no es sólo un vehículo blindado: es el termómetro del futuro industrial y reputacional de la empresa. Y esa reputación, más allá de softwares, integraciones y excelentes radares, está seriamente afectada por el Programa estrella en que debía dirimirse un futuro tan ambicioso como incierto.

 

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

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