España: el Gobierno entierra al F-35. Pero, ¿se acabó realmente?

F-35 en aterrizaje vertical. Foto: LM
Miguel González abre con una noticia de alcance en elpais.com, y es que, según el periodista del medio de referencia del Grupo Prisa, el Gobierno español ha decidido suspender indefinidamente la compra de cazas F-35 Lightning II de Lockheed Martin, abandonando el plan de hasta 50 ¿? unidades que servirían tanto a la Armada como al Ejército del Aire y del Espacio. La iniciativa, incluida inicialmente en los presupuestos de 2023 con una partida de 6.250 millones de euros (dinero que ya se antojaba insuficiente entonces, ¡cuánto menos ahora!), ha quedado aparcada dado el compromiso del Ejecutivo de invertir el 85% del nuevo fondo de defensa -10.471 millones- en industria española y europea. En defensayseguridad.es queremos echar un vistazo a cómo quedan las instituciones directamente afectadas -Ejército del Aire y, sobre todo, Armada- y qué opciones se pueden barajar en adelante.
La consecuencia más inmediata del anuncio, caso de concretarse, es que el ala fija embarcada de la Armada se perderá en torno a 2030, cuando se retiren los antiguos Harrier AV-8B. Dado que no se contempla una extensión de su vida útil, y siendo España el último operador del modelo sin acceso a repuestos, se espera que el buque Juan Carlos I sólo pueda operar helicópteros -y drones- hasta disponer de un nuevo portaviones con pista convencional, si es que tal cosa llega a materializarse.
El Ministerio de Defensa ya ha encargado a Navantia un estudio de viabilidad para un portaaviones con cubierta apta para recibir vuelo rodado con gancho de parada, lo que abriría la opción de otra suerte de aviones navales, como el Rafale francés. Aunque esta solución, auspiciada por algunos y denostada por otros tantos, podría llegar demasiado tarde para evitar una brecha operativa, sería, objetivamente, la alternativa más viable en el entorno europeo actual, pues se trata de el único exponente europeo que podría encajar en un portaaviones español con cazas de factura continental.
En el Ejército del Aire y del Espacio, la urgencia es menor, pero mucho mas numerosa. Con 45 Eurofighter ya en servicio y planes de retirada progresiva de los F-18 hasta 2035, no se prevé una necesidad inmediata; eso sí, a costa de perder capacidades y operatividad por la merma del número de cazas disponible si no se substituyen 1 a 1 los que se retiren. El jefe del Estado Mayor, teniente general Francisco Braco, ya ha descartado la compra de más Eurofighter, por riesgo de dependencia de una única flota y se podrían haber evaluado otros modelos, como el Rafale o el Saab Gripen E/F, aunque sin muchas posibilidades de concretarse. El JEMAD, almirante general Teodoro López Calderón, ha reconocido también hace escasas fechas que no existe en Europa un sustituto furtivo tan avanzado como el F-35, lo que obliga a «sobrevivir con la cuarta generación» y esperar al FCAS, cuya entrada en servicio no está prevista antes de 2040, dicho sea con todas las prevenciones, cautelas y correspondientes velas a la Virgen de Loreto.

El FCAS: demasiado lejos para fiarlo todo a la 4.5 hasta dentro de 20 años
Las tensiones políticas también han pesado. La negativa del presidente Pedro Sánchez a comprometerse con la meta del 5% del PIB en gasto militar -que él mismo firmó-, frente al objetivo mínimo del 2% acordado por la OTAN, generó fricciones con la administración de Donald Trump, que llegó a amenazar con aranceles a productos españoles. El Ejecutivo defiende su posición basándose en la necesidad de preservar la autonomía estratégica europea y evitar depender de un proveedor tecnológico externo, como apuntan fuentes oficiales y medios, algo que, en la práctica, es común a casi todos los ejércitos.
En este contexto, a España no le quedan más que las conocidas alternativas europeas, de las que el máximo exponente es el magnífico Eurofighter Typhoon, que se ha visto fortalecido además con avances como el radar AESA europeo; el Dassault Rafale (para Ejército del Aire y versión M naval). Estas serían a priori, las opciones más claras. Asimismo, el Saab Gripen E/F gana visibilidad entre países como Portugal o Canadá, que también estudian no abandonar, sino siquiera empezar el camino F-35 por motivos quizá similares a los españoles. Pero hay otras alternativas, que son las que más revuelo generan: el coreano KF-21 Boramae, de TAI, y el turco KAAN, que no abandona el candelero una sola semana desde la feria IDEF25, y que, a más de todo, ya tiene a su hermano menor, el Hürjet, en trance de comenzar en España sus estudios.
En resumen, España abandona, insistimos, por ahora, el F-35 como opción tecnológica y estratégica, optando por fortalecer su industria militar en el contexto europeo, y parece estudiar alternativas viables de ala fija embarcada y reforzar su infraestructura nacional, aunque ello implique sacrificar temporalmente capacidades clave como la aviación naval, hasta que nuevos programas lleguen a buen término.
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es

