defensayseguirdad.es -Nacional/Opinión- La Alerta Temprana no madruga en España

La alerta aérea temprana: una carencia estratégica que España no puede permitirse

Saab Global Eye

España es, desde hace décadas, un socio comprometido de la OTAN, al menos en lo que a misiones y ejercicios se refiere. Sus Fuerzas Armadas participan activamente en componentes internacionales de vigilancia y disuasión, y su Ejército del Aire y del Espacio ha demostrado profesionalidad y eficacia. Sin embargo, existe una carencia estructural que persiste y amenaza la autonomía operativa nacional, hasta lastrarla irremisiblemente: la falta de una capacidad propia de alerta aérea temprana (AEW&C).

La defensa aérea no puede limitarse a una red de radares fijos en tierra ni a depender de unos pocos satélites que, aunque útiles, no ofrecen la cobertura en tiempo real y la flexibilidad que exige el entorno de seguridad actual. Porque no nos engañemos, no estamos al nivel de excelencia en lo que a observación satelital se refiere, aunque éso habrá que tratarlo en otra ocasión. La amenaza no se limita ya a formaciones de cazas enemigos o bombarderos estratégicos. La irrupción de misiles de crucero de baja firma, drones de enjambre y armas hipersónicas exige una capacidad de detección avanzada y autónoma. España, a día de hoy, carece de ella. Pero lo peor no es éso, es la falta de proyectos en ese sentido que reviertan la situación actual.

No deberíamos seguir dependiendo exclusivamente de la cobertura proporcionada por los aviones AWACS de la OTAN, a menos que hayamos renunciado a hacernos con las tecnologías y capacidades que distinguen a las fuerzas aéreas punteras de la OTAN, que era donde se supone que morábamos.

la AEW de la OTAN es un recurso compartido, sujeto a prioridades y disponibilidad, no una garantía permanente de defensa nacional. En un escenario de crisis en el Mediterráneo o el Atlántico. Y, como tal recurso compartido, España debería recurrir a él de manera ocasional, accidentalmente, y sólo en caso de encontrarse nuestra alerta temprana privada de operación por cuestiones de mantenimiento, por ejemplo. España necesita tener la capacidad de controlar su espacio aéreo con medios propios, sin esperar a la llegada de activos aliados, máxime tratándose de un aspecto de la defensa tan crítico. No hace falta que Irán nos explique lo que significa no ver a los cazas y drones enemigos hasta que están sobre tu cabeza.

Mientras que otros países europeos avanzan en la modernización de sus flotas de alerta temprana, España sigue aplazando una decisión estratégica crucial, como si fuera un segmento de la guerra que se quiere dejar pasar, al descuido, sin hacer mucho ruido, no vaya a ser que se arme el debate y tengamos que ponernos a ello.

Tiempo habrá de tratar la AEW embarcada de la Armada

El Reino Unido ya ha incorporado el Boeing E-7A Wedgetail, una plataforma de última generación que combina alta capacidad de detección y resistencia a la guerra electrónica. Noruega y Suecia han apostado por soluciones más ligeras y económicas, como el radar Erieye en plataformas Embraer E-99, adaptadas a sus necesidades regionales.

España, so pena de querer encontrarse, sine die, con una fuerza aérea razonablemente nutrida de cazas, pero ciega en la larga distancia, debe decidir qué modelo de fuerza quiere construir. La opción de adquirir sistemas como el E-7A Wedgetail supone una inversión significativa, pero garantiza una capacidad de vigilancia aérea estratégica, con interoperabilidad directa en entornos OTAN. Alternativas como el Embraer E-99, más modestas en coste y alcance, permitirían dotarse de una solución intermedia eficaz para vigilancia táctica y control regional. Incluso los sistemas no tripulados, como la variante AEW del dron MQ-9B, ofrecen ventajas operativas a un coste de explotación reducido.

No obstante, más allá del modelo de plataforma, la cuestión es de voluntad política, como todo, y visión estratégica, como siempre. La alerta aérea temprana no es un lujo ni un capricho tecnológico; es la piedra angular de la defensa aérea moderna. Sin ella, los cazas, los misiles o las fragatas carecen de la coordinación y anticipación óptimas para operar con ventaja y eficacia frente a amenazas complejas, cada vez más al alcance de muchos posibles adversarios. La alerta temprana es esa vitamina extra para que los sistemas de defensa puedan alcanzar la excelencia en su labor. No es, insistimos, un capricho. Despilfarro, capricho, sería sostener programas milmillonarios durante décadas sin entregas ni resultados, o dejar perder capacidades sin pestañear.

La realidad es la que es, y no permite más demoras. Parece que, tras la fiebre de La Haya y la llegada del verano todo se ha desinflado un poco; como si la frontera sur, con un norte de África en grado inestable y el auge de actores estatales y no estatales con capacidades avanzadas, no exigiera vigilancia constante. Las rutas marítimas estratégicas en el Atlántico y el Mediterráneo necesitan ser protegidas más allá de loa fervores porcentuales de Rutte y Sánchez, y no sólo en tiempo de paz, sino también en escenarios de tensión creciente para los que debemos estar, cada vez más, preparados.

Sin una capacidad nacional de alerta temprana, España es vulnerable, y ya lo somos en demasiados segmentos de la guerra como para institucionalizar sine die uno tan grave como éste.

Además, apostar por un sistema AEW&C propio podría ser un catalizador para la industria de defensa española, como el que Indra presentó hace un par de años. También está la posibilidad de integrar a Airbus Defence and Space en proyectos de conversión de plataformas como el A330 MRTT o el A400M, o desarrollar soluciones conjuntas en el marco del futuro FCAS (Future Combat Air System), lo que generaría retornos tecnológicos e industriales significativos.

La decisión no puede posponerse, pero no porque la estén madurando en los despachos al efecto, sino porque no se plantea siquiera. La inversión en alerta temprana no es una opción, es una necesidad. España debe actuar, y debe hacerlo con la ambición de situarse entre los países que controlan su espacio aéreo con autonomía y solvencia. La defensa empieza por saber lo que ocurre en nuestros cielos.

España debe adquirir su propio sistema de alerta temprana aérea. Cualquier otra opción es asumir riesgos innecesarios, y ya acumulamos muchos.

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

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